Breve presentación de Job
GUÍA PARA LA LECTURA DE LA BIBLIA
UN CAPÍTULO POR DÍA
Presentación del Trabajo
En la Iglesia Smirna, hace unos 40 años, el pastor Nadir Carreño con su esposa, incentivaron un programa de lectura bíblica diaria. Se trataba de leer un capítulo por día y así completar la lectura completa en un plazo de aprox. tres años y medio.
Al comienzo, cada vez que se iniciaba la lectura de un nuevo libro el pastor presentaba un breve resumen de lo que encontraríamos en nuestra lectura.
Este programa ha sido de gran bendición para numerosas familias de la Iglesia, en algunos casos han leído la Biblia completa varias veces.
Hoy, vemos que cada día enfrentamos dos situaciones que nos inquietan, a saber:
- Situación externa. Un mundo más reticente hacia el evangelio y a la vez más agresivo con los evangélicos. Esto hace muy necesario que los hijos de Dios desarrollemos convicciones fuertes que sean sostenidas “por la fe una vez dada a los santos” (Judas 3).
- Situación interna. Muchos creyentes dan muestras de conductas asociadas con la tibieza con la que se describe en 3:14–22 la conducta de la Iglesia de Laodicea y que desembocan en una apatía hacia la Palabra de Dios que no puede dejarnos indiferentes a los siervos a quienes se nos ha encomendado el cuidado del rebaño del Señor.
Para facilitar una lectura devocional que, además, pueda servir de apoyo a la realización del culto familiar o el desarrollo de instancias de conversación familiar en torno a la Biblia, se presenta el siguiente trabajo, que se compone básicamente de tres partes:
- Cada libro se encabeza con un breve resumen de su contenido y un bosquejo sencillo del mismo.
- Luego capítulo a capítulo se entrega un resumen específico del capítulo y una serie de posibles puntos de reflexión que se generan a partir del contenido, se indica el versículo de referencia y una orientación sencilla para guiar la conversación asociada.
- Al final se presenta la Bibliografía considerada en la preparación de cada libro.
Acercarme a la Palabra de Dios con el objetivo de preparar capítulo a capítulo este trabajo ha sido un tiempo muy enriquecedor, a veces extenuante por la cantidad de asuntos a los que es necesario prestar atención y hacer referencia.
Siguiendo el ejemplo que he visto en mi papá, la mirada del trabajo es netamente devocional, busca la edificación de los creyentes comunes de nuestra iglesia, aquellos que están en el día a día enfrentando sus luchas con Satanás y su propia carne y lo hacen mirando al Señor y dependiendo de Él para tener la victoria sobre el pecado.
Agradezco los aportes en su revisión exhaustiva de la primera versión hecha por mi papá y pastor, Nadir Carreño. Y a la paciencia de mi esposa que ha tenido que soportar noche a noche la hora en que el trabajo ha quedado concluido para su despacho al otro día en la mañana.
Alvar Carreño E.
IPFB Smirna, Santiago
Santiago, Septiembre de 2024.
JOB
“El Dios que vale la pena servir”
Con la lectura de Esther concluimos los libros históricos del Antiguo Testamento. Ahora con Job iniciamos la lectura de los libros poéticos o sapienciales. Son 5 libros: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.
El libro lleva el nombre de su personaje humano principal. La evidencia interna en la Biblia nos permite concluir que Job fue una persona real (Eze.14:14,20 y Stgo.5:11). Además, Pablo lo cita en Rom.11:35 y 1ª Cor.3:19.
Se desconoce su autor. La tradición hebrea lo asigna a Moisés.
Por la manera como se describen sus posesiones, todo indica que vivió en la época de los patriarcas (en el tiempo transcurrido entre Abraham y Moisés). Vivió en la tierra de Hus, territorio vecino a la tierra de Madián donde Moisés peregrinó por 40 años antes de volver a Egipto a liberar al pueblo de Israel.
Al leer Job podremos apreciar la doctrina de la fidelidad en medio del sufrimiento. Además, apreciaremos el carácter de Dios actuando en favor de sus hijos.
Hay tres grandes temas que veremos en este libro:
- A menudo sufrimos.
- Sólo entendemos algunas veces.
- Siempre podemos confiar.
Job nunca supo las razones de su sufrimiento, los que, en algunos momentos, llegaron a ser intensísimos, sin embargo, no deja de confiar en Dios, lo llega a conocer con mayor profundidad y, al final, exclama: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5).
Al leer Job, podemos pensar en las palabras de David en el Salmo 40:
“Resignadamente esperé a Jehová, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor.
E hízome sacar de un lago de miseria, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y esperarán en Jehová.
Bienaventurado el hombre que puso a Jehová por su confianza…”
Bosquejo de estudio del libro de Job
- Job 1–2 Dios establece su plan de acción.
- Job 3–14 Primera ronda de discusión:
Los amigos de Job sostienen que esta calamidad ha venido sobre él porque ha pecado y, por tanto, debe arrepentirse. Job sostiene que él es inocente en esta situación.
- Job 15–21 Segunda ronda de discusión:
Los amigos de Job insisten en que su habla es incorrecta (es decir, él no sabe de qué está hablando, o está mintiendo). Job mantiene su posición de que tiene razón.
- Job 22–26 Tercera ronda de discusión:
Los amigos de Job señalan que está ocultando algo. Pero Job dice que él es justo.
- Job 27–31 Dos monólogos por Job:
El hombre no puede descubrir la sabiduría de Dios.
- Job 32–37 Cuatro monólogos por Eliú:
Los observadores humanos no pueden esperar comprender adecuadamente los tratos de Dios con justicia y misericordia, porque de hecho, Dios podría tener un propósito amoroso después de todo en los sufrimientos de Job. Aun así, en este sufrimiento sigue siendo muy valioso tener una vida piadosa.
- Job 38–42 Dios pregunta a Job:
“¿Quién eres tú, hombre, para dudar y cuestionar la sabiduría y las obras del Todopoderoso?”.
Job 1–2 : Dios establece su plan de acción.
JOB 1
El libro comienza retratando a Job (hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, piadoso y preocupado por el desarrollo de la vida de sus hijos). Al inicio del capítulo tiene 7 hijos y 3 hijas. Su hacienda era grande, era un hombre con muchas riquezas.
La trama de este capítulo se desarrolla en tres actos y en dos ambientes diferentes:
- En la tierra. Al comienzo se describe la vida rutinaria de la familia de Job.
- En el cielo. Satanás llega ante Dios a acusar a las criaturas, entre ellas está Job.
- En la tierra. Vemos el ensañamiento de Satanás ante la autorización de Dios de destruir las posesiones de Job, con la única restricción de no tocarlo a él.
En cosa de unos momentos, pierde su hacienda y luego a sus hijos.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1). El reflejo de lo que debe ser un hijo de Dios.
Se caracteriza a Job con absoluta naturalidad. Sin duda, irradiaba hacia los demás, una imagen que el autor del Libro corrobora y que debería ser lo propio de cada hijo de Dios: “perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal” (no olvidemos que el autor de la Biblia es el Espíritu Santo y en su tarea de inspirar a los escritores los libró de equivocarse). Aunque algunos objetan que Job haya tenido las cualidades espirituales que se mencionan, lo cierto es que fue un hombre especial, que gozaba de una comunión estrecha con Dios que lo impulsaba a tener una conducta especial (Ez.14:14,20).
Pesemos nuestros caminos y apliquemos las correcciones necesarias para enmendar rumbo e ir por el camino que Dios nos ha preparado, que el testimonio de quienes nos rodean corresponda con el de un hijo de Dios temeroso de ofender la santidad de Dios con su comportamiento.
- (5). El rol de sacerdote de su hogar debe caracterizar a cada jefe de familia de la congregación.
Vemos a Job preocupado de la vida de sus hijos, de que con su conducta fueran a ofender a Dios. Estaba atento a las situaciones que vivían ellos y se ocupaba piadosamente por el bienestar espiritual de sus hijos, eso es cumplir el rol sacerdotal en la familia, es un hermoso ejemplo para los padres cristianos en nuestros días. Hoy tenemos a nuestro alcance la oración, no olvidemos que “la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.” (Stgo.5:16).
Sin duda, esta labor de Job no sólo alcanzaba a sus hijos, por lo registrado en el relato podemos ver que también era parte de su relación con su esposa, a quien llama la atención, poniendo la vista en la soberanía de Dios, y respecto de esto también podemos destacar: “Vosotros maridos… habitad con ellas según ciencia, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.” (1a Ped.3:7 ).
Si deseamos que nuestras oraciones por nuestros hijos sean atendidas, no olvidemos de considerar este texto, que tal vez aclare las cosas para algunos que piensan que sus oraciones no son escuchadas.
- (6). En el cielo ocurren eventos que ignoramos y que pueden marcar nuestra vida.
Nuestro acusador mayor aún tiene acceso a la presencia de Dios dónde intenta conseguir el permiso para atacarnos.
Lo interesante que revela el v.6 es que este ser angélico caído que es Satanás, que trata de presentarse con mucho poder, accede al cielo, tal como lo hacen otros seres angélicos creados y que están bajo la soberanía de Dios (el soberano es sólo Dios, Él es único, no hay nadie como Él, ni siquiera que se acerque a ser lo que Él es).
Conocer este evento celestial es vital para comprender el contenido de Job. Sin este conocimiento estaríamos igual que Job que no supo de este encuentro de Jehová y Satanás.
Llegará el día en que Satanás será expulsado del cielo impidiéndole su acceso (Apoc.12:9), y concluido el Milenio será confinado eternamente en el Infierno (Apoc.20:10).
- (7). Sólo Dios es omnipresente. El diablo puede estar sólo en un lugar a la vez. Lo que ocurre es que es secundado por los demonios que hacen parecer que Satanás lo copara todo. Esto es un engaño satánico más.
Mientras nuestro Padre celestial está literalmente en todo lugar, lo que nos asegura su cuidado constante, en donde quiera que estemos, además, es infinito en su poder y capacidad de sostener a cada hijo suyo. ¡Qué gran contraste con nuestro acusador! ¡Qué pequeño se percibe así a Satanás! Sin embargo, no debemos bajar los brazos pensando que ya Satanás ha sido derrotado, porque aún tiene la posibilidad de tentarnos y hacernos caer en pecado.
- (9–11). El conocimiento de Satanás es parcial.
A diferencia de Dios, que sabía perfectamente el resultado que tendría esta prueba en Job, Satanás aplicó su razonamiento limitado para responder a Dios. Él asumía que Job tenía la conducta que tenía porque Dios lo bendecía abundantemente.
No conocía el corazón de Job, como tampoco conoce el nuestro.
Ejercitémonos en la oración para mantener una buena comunión con Dios y recibir de Él la fortaleza para resistir a Satanás. “Someteos pues a Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.” (Stgo.4:7).
- (12). Dios coloca los límites de acción a Satanás.
Esto debe ser un motivo de tranquilidad para nosotros. Dios nunca pierde el control de las situaciones que nos rodean. Los límites de movimiento de Satanás los ha colocado siempre Dios y eso no cambiará.
Cuando te encuentres en una tentación no juegues viendo qué tan cerca puedes llegar sin quemarte, Satanás no podrá pasar más allá de lo que Dios le permita. “… Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.” (1a Cor.10:13). Esto nos deja sin excusa cada vez que pecamos.
- (20–22). Nada ocurre en la vida de los hijos de Dios que carezca de un propósito santo.
Sin duda que la prueba causa dolor en el momento en que se está viviendo, pero en el corazón del creyente debe estar presente siempre la seguridad de que Dios es el soberano que las permite para nuestro fortalecimiento espiritual. “Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.” (Nah.1:7).
JOB 2
Hay un segundo evento que se relata en el cielo. Entre los que se hacen presente una vez más está Satanás.
Jehová hace notar a Satanás cómo Job, a pesar de haber sufrido la pérdida de sus hijos y pertenencias, mantenía su integridad.
Es interesante considerar el testimonio del propio Jehová respecto de Job “no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal”.
Satanás nuevamente muestra que su conocimiento es parcial, asume que Job se rebelará contra Dios si pierde su salud. Dios le permite tocar a Job pero guardar su vida – nuevamente la soberanía de Dios se alza en toda su majestad, Él fija límites que son infranqueables.
Satanás enferma a Job con una sarna maligna en todo su cuerpo.
La esposa de Job lo increpó por mantener su fe en Dios. Job le responde haciendo notar que Dios es dueño de hacer como sea su voluntad. Job mantuvo su conducta de fidelidad a Dios.
Se presentan tres de los personajes que acompañarán a Job en toda la historia: Eliphaz, Bildad y Sophar, sus amigos que al enterarse de lo ocurrido se ponen de acuerdo para visitarlo. Al verlo no lo reconocieron y lloraron y se sentaron siete días en silencio, impactados por el dolor de Job.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). La narración deja ver que Satanás sólo puede estar en un solo lugar.
Es importante tener presente que Satanás es un ser creado, no tiene los atributos de Dios, es limitado, pero eso no quita que su astucia y calidad de enemigo acérrimo de Dios sólo lo impulsa a desear la corrupción de los hijos de Dios.
Debemos estar atentos para enfrentar las asechanzas del diablo: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.” (Ef. 6:12).
(v.3). La prueba que vivió Job no fue por causa de pecados propios, fue un conflicto entre Dios y Satanás. A veces, el sufrimiento es originado por propósitos divinos que son inescrutables para nosotros.
Dios deja de manifiesto que Job había vencido la primera prueba. Es importante tener presente esta situación para el resto del libro, pues los amigos de Job siempre sostuvieron que todo lo que le ha ocurrido, es evidencia de algún pecado que él está ocultando. Dios atestigua que Job no había hecho nada para sufrir el dolor y pérdida que está viviendo.
- (4). La maldad de Satanás queda manifiesta en la expresión “piel por piel”.
En nuestros días, esta expresión no tiene una connotación especial, pero en el tiempo de Job era diferente. Lo que Satanás está haciendo es acusar a Job de estar dispuesto a perder la piel de sus hijos y su ganado, con tal de proteger la suya.
Satanás, al momento de pretender arrastrar a los creyentes a una vida de pecado, no tiene escrúpulos para aprovechar todo lo que tiene a su mano para engañosamente arrastrar a sus víctimas.
Lo logró con Abraham que ante el peligro traicionó a Sara. A David le puso por delante los elementos que supuestamente le permitirían ocultar su adulterio y Pedro negó a su Señor por salvar su propia vida, “todo lo que el hombre tiene dará por su vida”.
Sólo cultivar una comunión estrecha con el Señor fortalece el corazón del creyente para no prestar atención a las insinuaciones de Satanás. Conoce nuestras debilidades y será ese el flanco elegido para atacarnos.
- (6). ¡Qué bendición es saber que los hijos de Dios viven bajo el cuidado soberano de nuestro Padre Celestial! Él pone los límites.
Dios definió hasta dónde podía llegar Satanás en su pretensión de arrastrar a Job a blasfemar de su fe. Aunque Satanás hubiera querido ir más lejos, no le era posible, los límites los determina Dios.
Esto es el fundamento de nuestra confianza en Dios, sabemos que estamos bajo su cuidado y protección. David expresa esta confianza al escribir: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal 23:4).
- (10). No le corresponde al creyente enfrentar a Dios con un ¿Por qué a mí?
“Recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?”. Tal vez la pregunta correcta es ¿Por qué NO a mí? Cuando enfrentamos situaciones difíciles en nuestra vida, muchas veces nuestra primera reacción es alzar nuestro dedo inculpador hacia Dios, ese ¿por qué a mí? expresa en el fondo una desconfianza en lo que Dios hace en nuestra vida. No olvidemos que las cosas reveladas son para nosotros y las secretas son de Dios (Deut.29:29).
Consideremos siempre que Dios tiene planes para cada hijo suyo que están asociados a la preparación para vivir junto a Él por la eternidad. Recordemos “estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Y que el poder de Dios es tal que al final de lo que no comprendemos en el presente Él lo usará para que su gloria sea exaltada (Rom.8:28).
- (13). El silencio puede ser un buen compañero.
Como veremos a lo largo del libro de Job, los tres amigos venían con una idea premeditada a acompañar a Job, pero el impacto que les causó encontrar a Job en el estado que estaba los llevó a acompañarlo en silencio durante una semana, en esos días, ese era un tiempo normal que duraba un duelo por los muertos (Gén.50:10; 1° Sam.31:13).
Salomón toma el tema del silencio y observa:
“Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.” (Ecl 5:3).
“En las muchas palabras no falta pecado: mas el que refrena sus labios es prudente.” (Prov.10:19).
“Detiene sus dichos el que tiene sabiduría: de prudente espíritu es el hombre entendido. Aun el necio cuando calla es contado por sabio: el que cierra sus labios es entendido.” (Prov.17:27 ).
Aprendamos a callar antes de emitir juicios de situaciones que sólo conocemos parcialmente.
Job 3–14: Primera ronda de discusión:
JOB 3
Comienza la primera ronda de discusión entre Job y sus amigos.
A partir de este capítulo, el estilo del lenguaje es poético. Esto significa que debemos tener en cuenta formas retóricas y exageraciones de sentimientos en aquellos que hablan.
“Después de esto”, es decir, pasados los hechos trágicos y, embargado por el dolor y la compañía silenciosa de sus amigos, Job toma la palabra para lamentarse por haber nacido.
Con seguridad, Satanás, esperó ver, cómo Job maldecía a Dios, por todo lo que estaba viviendo (Job 1:11; 2:5).
Job expresa una maldición: para el día de su nacimiento; sin embargo, en ningún momento deslizó siquiera una sutil idea de maldecir a Dios.
En este capítulo se inaugura una lucha en la mente y alma de Job: ¿Cómo elegirá pensar: sobre su sufrimiento, sobre lo que otros piensan sobre su sufrimiento? y ¿Cómo elegirá pensar acerca de Dios en todo esto? Estas preguntas nos acompañarán en el resto del libro y es muy apropiado ver las respuestas a cada una de ellas, pues son las preguntas que habitualmente surgen en la mente de quienes están sometidos a sufrimientos, que muchas veces pareciera que superan la resistencia del alma.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (3). Al enfrentar el dolor del momento, Job piensa que hubiera sido mejor no haber nacido.
Es natural, al pasar por situaciones de sufrimientos extremos, pensar que tal vez hubiera sido mejor no haber nacido, porque todo lo recibido anteriormente no vale todo el dolor del sufrimiento presente. La mente se encuentra en un estado sombrío que le impide razonar correctamente. Sin embargo, hay una gran diferencia en cómo enfrentan estos momentos los inconversos y cómo lo hacen los hijos de Dios. Mientras los primeros no tienen de qué aferrarse, los segundos tienen a Dios para clamar a Él por fortaleza.
En las palabras de Job, lateralmente se encuentra un tema relevante en nuestros días. ¿Desde cuándo dice Job que se inició su existencia? Desde la noche en que fue concebido. Hoy muchos discuten sobre el comienzo de la vida para dar satisfacción a sus deseos homicidas de promover el aborto y tranquilizar así sus consciencias. La Palabra de Dios da por hecho, sin lugar a duda, que la vida se inicia en el momento de la concepción.
- (13). Hay dos realidades al percibir la muerte como una ventaja sobre la vida.
En los inconversos, el deseo de morir para librarse de las luchas es señal de corrupción, e inconsciencia de lo que les espera después de esta vida.
En los creyentes, en cambio, el deseo de morir, a fin de librarse del pecado, es señal de gracia. El apóstol Pablo escribe: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Fil.1:21). Hijos de Dios, a pesar de los sufrimientos que debemos pasar en esta vida, fijemos nuestra mirada en nuestro Padre Celestial, en su soberanía absoluta, Él es quien toma la iniciativa de permitir pruebas con sufrimientos en nuestras vidas, eso es parte de nuestra preparación para la eternidad.
No nos olvidemos: “Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.” (Rom 8:18). Así las cosas, sólo nos queda doblar nuestras rodillas e implorar al Señor la fortaleza necesaria para resistir el sufrimiento.
- (16). La vida se manifiesta desde el mismo momento de la concepción.
Sin ser éste el objetivo de este discurso, se presentan argumentos que son interesantes de considerar, especialmente en un mundo que al apartarse de Dios, pierde el rumbo valórico de las cosas. En las palabras de Job está implícita la condición de persona que caracteriza al ser en gestación, esos “pequeñitos que nunca vieron la luz”.
- (20–22). La vida y la muerte están en las manos de Dios.
Esto nos plantea problemas éticos profundos ¿Tiene el hombre derecho a decidir sobre su vida o la de otros? (aborto y eutanasia). La vida es un don de Dios, Él tiene determinado lo que durará la vida de cada una de sus criaturas. Nadie vivirá un minuto más del tiempo establecido por Dios y tampoco un minuto menos.
Es interesante ver cómo en esta argumentación que hace Job, en ningún momento hallamos señales que nos indiquen que quisiera atentar contra su propia vida. Si esa hubiera sido su idea en ese momento no había nada que lo pudiera detener. A pesar de todo lo que está viviendo, Job seguía confiando en la mano soberana de Dios en la cuestión de la muerte.
JOB 4
Eliphaz toma la palabra y comienza un discurso que ocupa los cap. 4 y 5.
Recordemos que todos los hombres que intervienen en Job desconocían los acontecimientos celestiales descritos en los cap. 1 y 2. Luego, intentan hallar la explicación de los hechos sin conocer el antecedente principal que explicaba lo que estaba viviendo Job.
Atendiendo a la opinión (humana) de que las calamidades son indicios de culpabilidad, y viendo todo lo que está afectando a Job, los tres amigos expresan sus dudas en cuanto a la integridad de Job.
Eliphaz inicia sus palabras reconociendo a Job y su ejemplo de vida que lo ha caracterizado, pero rápidamente expone lo que tiene en su corazón: en la vida se cosecha lo que se siembra, por lo tanto, Job está cosechando lo que secretamente ha sembrado (vs.7,8).
Para dar credibilidad a sus palabras, Eliphaz apela a un espíritu, que viene a él de noche y le revela la realidad. No cabe duda de que lo que comenta Eliphaz, relacionado con este espíritu era superchería pura. Nosotros, que sí conocemos Job 1 y 2, vemos la argucia mentirosa de Eliphaz, la que al final del libro queda de manifiesto.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (3–4). Siendo de valor la opinión de los hombres cuando coincide con la que Dios tiene de nosotros, sólo esta última es la importante.
Eliphaz expresa lo que él y el resto de las personas pensaban o apreciaban de Job.
No es muy importante lo que el mundo piense de nosotros, sin embargo, en este caso, el testimonio es corroborado por el propio Dios: Job 1:8 y 2:3, ésta es la aprobación que todo creyente debe buscar.
- (7–8). Observación general: Juzgar sin tener los antecedentes completos es arriesgado.
Ni Job ni sus amigos conocían los sucesos que explicaban la situación que estaba viviendo Job. Es cierto que hay una ley de que se cosecha lo que se siembra, sin embargo, en este caso, nosotros tenemos la ventaja de disponer de los cap. 1 y 2. De esto debemos aprender a enfrentar las situaciones que afectan la vida de las personas con más cuidado, sin prejuzgar sobre hechos que no conocemos.
Aquí vemos la idea con la que llegaban los amigos de Job a acompañarlo: Job tiene que haber pecado grave y secretamente y ahora está recibiendo públicamente el pago de lo hecho.
Bastó que los amigos de Job comenzaran a hablar para que desapareciera la aparente sabiduría mostrada en el silencio.
Roguemos al Señor nos dé su gracia para dejar los juicios a Dios y aprender a guardar silencio cuando sea esa la compañía que necesita el afligido.
- (7). Observación para el sufriente: Una idea falsa que muchas veces mueve nuestras acciones.
Es una idea popular, muy difundida de que los justos prosperan mientras los malos sufren. No obstante, ésta no es una enseñanza que, en la experiencia diaria, sea una verdad absoluta. De hecho, en cuanto a la vida terrenal, la Palabra de Dios, sostiene: en Jer.12:1: “¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?” y en Sal.37:7 “Calla a Jehová, y espera en él: no te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades.”
Esto debe ser considerado muy solemnemente por los que están viviendo momentos de sufrimiento inexplicables. Permítanme mostrar sólo dos casos que nos muestran que Dios tiene objetivos especiales al permitir algunos sufrimientos. El apóstol Pablo nos comenta en 2ª Cor.12:7–10, al describir su petición a Dios de que le quite algo que le causa gran dolor, al punto de llamarlo “aguijón de Satanás”, que Dios le ha respondido “bástate mi gracia, porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona…” y el otro caso es el del ciego de nacimiento que se relata en Juan 9:1–11.
Ante tu sufrimiento no bajes los brazos para echarte a morir. Con seguridad tu situación no es ni la mitad de lo que estaba viviendo Job y él no expresa falta de confianza en Dios en ningún momento. No olvidemos que aunque no siempre conocemos los motivos del sufrimiento siempre podemos confiar en la soberanía de Dios.
- (12–15). No prestemos atención a cada opinión que se emita para explicar nuestros sufrimientos.
Vivimos en una época en que estamos infestados por inescrupulosos que pretenden hacernos creer que son iluminados especiales y que el Espíritu Santo les revela cosas especiales. Sin temor a cometer un error, debo expresar que esas son manifestaciones falsas. Muchas veces el afligido, en su afán (entendible) de resolver su dolor, acude a personas que astutamente han desarrollado la habilidad de engañar. Del mismo diablo se nos advierte que es capaz de transformarse en un ángel de luz, con tal de engañar, de ser posible, a los escogidos (2ª Cor.11:14).
Siempre el que está pasando por un sufrimiento intenso se encuentra vulnerable a lo que se le proponga, lo único que espera es que le digan que el sufrimiento va a pasar. ¡Cuidado! Es mejor atender al consejo de la Palabra de Dios: “Todo camino del hombre es recto en su opinión: mas Jehová pesa los corazones.” (Prov.21:2); “Si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.” (Prov.24:12 ).
Jesús respondió a sus discípulos en Jn.9:1–11, que hay situaciones que Dios permite “para que las obras de Dios se manifiesten en él”. El tiempo en que Dios evalúa los acontecimientos de nuestra vida es diferente al nuestro, por eso el mejor consejo es: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera a Jehová.” (Sal 27:14).
JOB 5
Segunda parte del primer discurso de Eliphaz.
Eliphaz hace gala de un orgullo que le impide pesar la situación en forma justa. Se deja llevar por la idea popular rogándole a Job que, de una vez, reconozca su pecado, que estaba intentando ocultar algo imposible de esconder, le pide que no actúe como un necio.
Luego en su discurso, Eliphaz reconoce y alaba la omnipotencia y la justicia de Dios (vs.8–16), piensa que así, Job, se incentivará para reconocer que su sufrimiento obedece a la disciplina que Dios está ejerciendo en él, debido a que ha anidado en su corazón pecados que no los quiere reconocer. Los aires de superioridad moral que le da a sus palabras sólo nos permiten catalogarlo como un hombre vano, eso queda clarísimo desde el momento que apela a un espíritu misterioso que le ha revelado la verdad (4:15) lo que, sin duda, él sabía que era una invención de su mente, no era una revelación efectiva y mucho menos verdadera.
A pesar de que sus palabras estaban plagadas de un mal espíritu, es interesante ver algunas afirmaciones que hace respecto de la grandeza de Dios. Para ser justos con Eliphaz, debemos reconocer que nuestra situación es privilegiada, a nosotros se nos ha revelado la causa de la situación que afectaba a Job.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (7). A partir de Gén.3:15, la naturaleza caída del ser humano ha impactado su vida y hace realidad la afirmación de que nacemos para la aflicción.
El pecado ha destruido la relación entre Dios y los hombres (“Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oír.” Isa 59:2 ). Es la expresión de la obra del diablo en nuestra alma, alimentándola con semillas de rebelión contra Dios. Sin embargo, desde que creímos fuimos hechos hijos de Dios, y en esa calidad es que podemos acudir en oración a nuestro Padre Celestial para rogar su compañía, consuelo y, sí es su voluntad, aliviarnos la carga de sufrimientos que estamos sobrellevando.
- (8–16). En medio del sufrimiento es gratificante recordar las perfecciones de Dios.
Cuando estamos pasando por sufrimientos, suele nublarse nuestra consciencia, por eso es muy bueno que en ese momento alguien nos recuerde de quién somos hijos, qué pasos dar y qué podemos esperar de Él:
- (8). Debemos buscar y refugiarnos en Dios, depositar en Él toda nuestra confianza.
- (9). El poder de Dios es capaz de hacer cosas grandes e inescrutables, maravillas sin límites.
- (10). Provee las condiciones para nuestro sustento.
- (11–16). Dios obra en las personas, aunque ellas no estén conscientes de que están siendo usadas por Él.
Recordar esta manera de actuar que Dios tiene con sus criaturas debe movernos a la gratitud, porque, a pesar de todo lo que podemos catalogar como malo que nos está sucediendo, nada escapa al control bondadoso de Dios para con sus hijos.
- (17). Dios aplica su corrección a sus hijos.
Aunque Eliphaz da este argumento pensando que Job debe reconocer su culpa y confesar su pecado, tenemos que reconocer que la disciplina divina es uno de los medios que usa Dios para corregir el rumbo que toman sus hijos, cada vez que se comienzan a desviar de la verdad.
El apóstol Pablo toma el punto de la disciplina divina en Heb.12:5–13: “…Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no castiga? …”. La disciplina de Dios está reservada exclusivamente a sus hijos. Si estamos fuera de la disciplina, el apóstol nos dice que no somos hijos de Dios.
Este hecho es un motivo de paz en nuestro corazón, nuestra situación confirma que somos hijos de Dios, entonces dejémonos formar por la mano de Dios y demos gracias porque aunque estamos sufriendo aflicciones, estamos siendo perfeccionados por la obra del Espíritu Santo (Fil.1:6).
- (19). Dios pone los límites del sufrimiento, nadie puede traspasar esos límites.
Este es un motivo de consuelo para el creyente que está pasando por pruebas. Ya vimos en Cap. 1 y 2 que Jehová le indicó a Satanás hasta donde podía llegar y no hubo forma como pudiera ir más allá.
Lo mismo ocurrirá en nuestro caso. Podemos estar confiados en que Dios tiene todo bajo control, nada ocurrirá en tú vida que escape a la presencia del Señor velando por tu vida.
- (27). El principio bíblico es: “ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener”.
Eliphaz concluye sus palabras con una muestra de orgullosa vanagloria. Es totalmente inconsciente de sus limitaciones, lo que se manifiesta en la afirmación que hace de lo que ha expresado en su discurso: “lo cual es así”. Qué tremendo es estar totalmente equivocado y no tener consciencia de esa situación, más aún estar orgulloso de su propia opinión.
Cuando pretendemos dar un consejo debemos apegarnos a las instrucciones del apóstol Pablo en Rom.12:3 “Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
JOB 6
Los Cap. 6 y 7 corresponden a la respuesta de Job a Eliphaz.
Los argumentos que ha esgrimido Eliphaz no convencen a Job, los encuentra débiles. Esperó que Eliphaz terminara su intervención para responder. Se ve obligado a responder a la ignorancia y falta de sensibilidad de Eliphaz. Habla desde la frustración que le ha ocasionado su dolor. Justifica en el gran sufrimiento que está viviendo, las quejas que ha expresado en su primera intervención.
Vuelve a expresar su deseo de morir pronto para ser librado de todas sus miserias presentes. Aunque es claro su deseo, no hay indicios de pretender tomar en sus manos esta decisión atentando contra sí mismo, esto es muestra que, a pesar de lo que ha sucedido, su confianza en Dios estaba presente en el fondo de su corazón.
Concluye este cap. enfrentando a sus amigos y recriminándolos fuertemente por su falta de empatía con su dolor.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–3). Si se pudiera colocar en una balanza justa las quejas versus el tormento, quedaría claro que el tormento supera a las quejas.
Es muy delicado expresar consejos a alguien que está pasando por un sufrimiento grande. Especialmente cuando el consejero se aventura a expresar juicios condenatorios en forma ligera, porque no ha tenido la experiencia del que está pasando la prueba del sufrimiento.
Debemos prepararnos en oración para ser un soporte que anime al sufriente en su dolor. Sólo la gracia de Dios obrando en nuestro corazón nos permitirá ser un bálsamo en el corazón del afligido.
Tengamos presente que al no tener la experiencia del dolor del otro, muchas de nuestras palabras serán dadas desde el desconocimiento de la situación que aqueja a nuestro hermano.
- (4). Job es una ilustración de los dolores del Salvador.
¡Qué tremendo, ser hijo de Dios y sentir sus flechas traspasando nuestra carne! Los agudos dolores que siente Job lo llevan a comparar su situación con la de alguien atravesado por flechas envenenadas que acentúan sus dolores al ir penetrando ese veneno en el cuerpo.
Esta imagen nos recuerda la experiencia de Cristo en la cruz, quien en su agonía se quejó del tormento de su alma (“Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mat. 27:46).
Nuestro Salvador conoce la aflicción del sufrimiento, por eso es por lo que podemos elevar nuestras oraciones con la confianza de que quien las oirá y responderá ha pasado por la experiencia más atroz de dolor y sufrimiento (“Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” 2a Cor.5:21). Esto marca una gran diferencia con los amigos de Job. Ellos no han pasado por la prueba y hablan desde la ignorancia, tratando de dar a sus palabras un dejo de sabiduría. Que el Señor nos libre de esa actitud al tener la oportunidad de consolar a un afligido.
- (8–10). ¿Será la muerte una solución real ante el dolor?
Antes de responder demos una mirada al final de la historia: “Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio” (Job 42:12 ).
En Job 6, él está deseando apasionadamente que Dios termine con su vida.
Los sufrimientos intensos alteran nuestra racionalidad e impiden hacer uso de una reflexión cuerda. Podemos llegar a desear cosas que atentan contra nosotros mismos. El motivo: estamos susceptibles y bajamos nuestra mirada del Señor y la ponemos en nuestra situación, la que bajo nuestra capacidad de comprensión no tiene solución, por eso he querido encabezar este punto con el texto de Job 42:12.
El apóstol Pablo nos recuerda nuestra realidad: “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” Hech.17:28. Creyente que estás pasando un sufrimiento que no logras comprender, pon tus ojos en tu Padre Celestial, Él es digno de toda nuestra confianza, es el único que jamás nos defraudará. Prestemos atención a las palabras de David en el Sal.32:22–24: “Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos: tú empero oíste la voz de mis ruegos, cuando a ti clamaba. Amad a Jehová todos vosotros sus santos: a los fieles guarda Jehová… Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome vuestro corazón aliento.”
- (11–12). Somos débiles, por eso debemos poner nuestra confianza en nuestro Padre Celestial.
Las cuatro preguntas que se hace Job en estos versículos dan cuenta de la profundidad de su angustia. Job está expresando su desesperanza, sus fuerzas se han agotado, sin energías para enfrentar el presente y futuro. Siente una soledad profunda, mientras ese sentimiento, a algunos, los arrastra hacia la autodestrucción, esa idea no aparece en ningún momento en Job, es en esa situación que podemos apelar al consejo que Dios le da a Jeremías: “Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.” (Jer.33:3).
- (14). Seamos compañeros que prestan ayuda al que sufre, evitemos ser una carga adicional sobre el dolor.
Busquemos la gracia del Señor para actuar de tal manera que no tengamos que recibir del hermano que está pasando por sufrimientos el reproche que Job expresa a sus amigos. No sabemos si mañana el atribulado seremos nosotros y la compañía de los hermanos debería ser el consuelo que nos fortalezca para pasar esa prueba.
JOB 7
Prosigue Job con su respuesta a Eliphaz.
Job vuelve sobre la amargura que le causa su aflicción y justificando su deseo de morir (vs.1–6).
A partir del v.7 y hasta el final del capítulo Job se dirige a Dios. Le hace presente tres peticiones:
- 7–10. Qué ponga término a la situación que está viviendo.
- 11–16. Qué vea la miserable condición en que se encuentra.
- 17–21. Qué perdone sus pecados y deje de contender con él para tener alivio de su miseria.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1,7). Como la vida es corta, hay que aprender a vivir disfrutando lo que Dios pone a nuestro alcance.
Santiago describe la vida como un vapor (“¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Stgo.4:14). Esto es un llamado a considerar lo frágil que es la vida humana, y el hecho de que vivimos y nos movemos sólo bajo el permiso de Dios.
El control que Dios tiene de nuestra vida nos permite vivir confiados en Él (“Pues aún vuestros cabellos están todos contados.” Mat.10:30).
El Señor dice que nos escogió con una finalidad que da sentido a nuestra vida: “Para alabanza de la gloria de su gracia…” (Ef.1:6).
No pongamos la mirada en las dificultades que debemos enfrentar en el día a día, consideremos que eso está bajo el control de Dios, aprendamos a confiar en el Señor y a descansar en Él. Volvamos nuestra mirada una vez más a Rom.8:18 “Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada”.
- (4). El peso de la noche acentúa el dolor.
Job sentía insufribles las noches, se le hacían interminables. Siendo el tiempo que Dios hizo para que pudiéramos descansar y recuperar nuestras fuerzas para las actividades del día siguiente. Cuando estamos pasando períodos de sufrimiento y angustia la llegada de la noche, por la oscuridad pareciera que nuestra condición es más trágica aún de lo que se veía en el día.
Satanás sabe aprovechar la oscuridad de la noche para bombardear nuestra mente con sus ideas. Pero no bajemos nuestra mirada, recordemos el Sal.139:11–12: “Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz”. Nunca estamos solos. Dios está siempre junto a nosotros. Podemos usar ese tiempo reemplazando los pensamientos de destrucción, que tal vez vienen a nuestra mente, por tiempos de oración, de clamar al Padre Celestial. El Señor nos tomará y protegerá.
- (17–18). La pequeñez del ser humano no es impedimento para que Dios se ocupe de él.
Job está presentando su causa a Dios. Es interesante que, en medio de sus posiciones de extremo pesimismo, producto de todo lo que está viviendo, aparecen preguntas de reflexión que deben impactar nuestra consciencia. Estos vers. tienen una de ellas “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?”
Una primera respuesta, rápida por cierto, es afirmar que no somos nada, seres insignificantes ante la grandeza del Creador.
Sin embargo, hay un hecho histórico que desmiente esa primera respuesta, es el sacrificio de Cristo en la cruz. El hijo de Dios dando su vida, comprando con su sangre a un pueblo especial, su pueblo, Israel y la Iglesia. Este hecho lo que afirma es que la criatura tiene un especial valor para el Creador. Somos importantes para nuestro Padre Celestial.
Si a la vez reconocemos que Dios es el Soberano, que es la sabiduría misma, que todo lo que hace tiene un objetivo que concluye en la exaltación de su propia gloria, podemos acudir a Él para ponernos bajo su cuidado y protección.
JOB 8
Bildad toma la palabra para responderle a Job.
La conclusión inicial que sacó Eliphaz fue que el sufrimiento de Job sólo mostraba que era un malvado, que ha vivido una vida doble, mostrándose benevolente con los demás pero almacenando pecado en su corazón.
Ahora, Bildad entrega sus argumentos, es implacable, insensible y arrogante al hacerlo, no sólo compromete a Job en sus argumentos, además, inculpa a sus hijos (sostiene que han recibido el pago de sus pecados) y coincide con la conclusión de su amigo Eliphaz: hay pecados ocultos que deben ser confesados en breve para superar la situación.
Los argumentos de Bildad están orientados a convencer a Job que tome el camino del arrepentimiento sin tardanza y que de hacerlo así, Dios acudiría en su auxilio en breve tiempo. Sostiene que, el caso de Job no es otra cosa que la realidad que ocurre con todos los malvados a quienes Dios les corta el goce de los bienes y esperanzas, que lo que él ve, da pie a catalogar a Job como un hipócrita, conclusión que sólo estaría dispuesto a modificar si veía que Dios venía pronto en su auxilio.
Con seguridad si no conociéramos Job 1 y 2 pensaríamos similar a los amigos de Job. Esto es un tremendo llamado de atención a considerar nuestra ignorancia de muchas cosas antes de hablar.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (4). Al dar consuelo al afligido debemos ser empáticos con su dolor.
Bildad, en su ignorancia de la verdad, no se conformó con acusar falsamente a Job, agregó más carga a su dolor recordándole que ha perdido a todos sus hijos, y que la única explicación que encuentra es que Dios los ha hecho pagar por sus pecados.
No estamos llamados a justificar el pecado de nadie, sin embargo, en esta ocasión, la severidad excesiva de las reprensiones va más allá de lo prudente y necesario.
Debemos aprender las lecciones prácticas de esta historia. No podemos emitir juicios ignorantes de la realidad, podemos llegar a lugares insospechados al actuar así. Pidamos la gracia del Señor para ser portadores de paz y consuelo al afligido, recordemos que como ellos nosotros también somos pecadores bajo la gracia de Dios.
- (5–6). La formación y bendiciones de Dios no son necesariamente materiales.
Bildad asume que Dios expresa sus bendiciones a los hombres con prosperidad material y reduce la disciplina de Dios a la pérdida de dichos bienes. Eso se contrapone con las palabras de Jesús en Mat.6:19–20 “No os hagáis tesoros en la tierra… Mas haceos tesoros en el cielo”. Pablo le escribe a Timoteo y le recuerda que “nada hemos traído a este mundo y sin duda nada podremos sacar”. Ya le ha aconsejado: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”. 1a Tim.4:8.
El propio Jesús en el mismo Sermón del Monte concluye una de sus partes con: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mat. 6:33).
- (11–13). El final de los pecadores es sin esperanza.
El final de los pecadores es como los juncos, que nacen en terrenos lodosos pero que son de corta duración, pronto desaparecen. Colocar la esperanza en cosas materiales, que son temporales, es un error en el que el creyente no debe caer.
- (20). “Dios no aborrece al perfecto”.
Este comentario contiene un ofrecimiento de esperanza. Job podría reír otra vez pero, según Bildad, tenía que dar pasos para hacerse perfecto. El punto aquí es que tanto Bildad como Job, desconocían el diálogo entre el Juez soberano y el acusador en los primeros capítulos del libro, y, además, Bildad desconocía que Dios ya había catalogado a Job “perfecto” dos veces ante seres celestiales (1:8; 2:3). La palabra de Dios es terminante al afirmar que “no hay justo ni aun uno” (Rom.3:10), pero nuestra esperanza es que Dios nos ha declarado (legalmente) justos (Rom.5:1) y nos perfecciona en un proceso de santificación (Fil.1:6), preparándonos para el glorioso día en que iremos a estar en la presencia de nuestro Padre Celestial.
JOB 9
Job responde a Bildad. Es edificante oír los argumentos del sufriente. Deja a la luz que su conocimiento y comunión con Dios es incomparablemente mayor a la de sus amigos que con dureza se han dedicado a juzgarlo.
Vemos que la justicia de Dios se sostiene en su sabiduría, poder y soberanía.
Job no pretende discutir con Dios, prefiere condenarse a sí mismo antes que enfrentar a Dios.
Le responde a Bildad que no se debe juzgar a las personas por lo que se ve en el exterior.
Termina su argumentación quejándose por su gran aflicción y de la confusión que lo embarga de impotencia por no saber que decir o hacer en su estado.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). El pecador no tiene forma de justificarse a sí mismo ante Dios.
La única posibilidad de la criatura de justificarse ante su Creador es siendo perfecta, pero esa no es nuestra condición. La Biblia nos precisa: “Por cuanto TODOS pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom.3:23). No obstante, esta situación la Palabra de Dios no la deja ahí, de otra manera estaríamos todos en condenación irremediable. El apóstol prosigue más adelante: “Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom.3:26). Mientras nuestra justicia nos arrastra a condenación, Dios carga nuestro pecado sobre su propio Hijo, todo el peso de su justicia cae sobre su Hijo, quien nos sustituye en el castigo, da su vida, por nosotros en la cruz ¿Te has detenido a pensar que sin tener merecimiento alguno, siendo lo mejor que podemos ofrecer a Dios semejante a trapos de inmundicia (Is.64:6), hoy puedes disfrutar de la vida eterna? Bueno, no olvidemos jamás que “justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1).
- (3). No pretendamos discutir con Dios.
En este texto Job está insinuando lo inútil que es disputar con Dios sobre la inocencia de la criatura. El salmista hace la siguiente reflexión: “Jehová, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Sal.130:3). Ante la santidad de Dios, el más mínimo pecado es una mancha descalificadora (“Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos.” Stgo.2:10), y nuestra realidad es que estamos cargados de pecados a diario, lo mejor que podemos hacer, es bajar los brazos y reconocer nuestra condición de pecado y acudir a nuestro bendito Salvador para, arrepentidos de corazón, confesarle nuestros pecados y pedir su perdón. Él ha comprometido el perdón de su criatura.
- (4). No endurezcas tu corazón al llamado al arrepentimiento que te hace a diario el Señor.
Lo más torpe que puede hacer el ser humano es enfrentarse con Dios. No lo pienses y menos lo intentes. Ese no es el camino para el hijo de Dios. En cambio, “reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Prov.3:6).
- (4–13). La grandeza y poder del Creador es sin igual.
“Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos.” (Sal.135:6). Ese es el poder de nuestro Padre Celestial, no tiene limitaciones, “Todo lo que quiso, ha hecho”. Muchas veces perdemos de vista el poder de Dios y que al aceptar a Jesús como Salvador fuimos hechos hijos de Dios (Jn.1:12). Si tenemos que pasar por sufrimientos y aflicciones, nada de eso escapa al control soberano de Él. Dios tiene objetivos para cada cosa que permite en nuestra vida, El plan de Dios es perfecto y se cumple siempre. Tenemos que ejercitar la paciencia y el dominio propio para esperar el tiempo de Dios, en el cual nuestra condición cambiará radicalmente. Pablo nos aconseja: “ejercítate para la piedad… la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.” (1a Tim.4:7–8).
- (15). Apelar a la clemencia de Dios en favor del sufriente es la única solución.
“Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.” (Sal.34:15). Lo difícil, al estar pasando un sufrimiento que estremece nuestra alma, es poder actuar con la confianza que brota de un corazón en paz, que no está atribulado. Pero sólo Dios puede darnos la ayuda que necesitamos. Recordemos a ese padre afligido que acude a Jesús para interceder por su hijo que estaba poseído de un espíritu maligno desde su niñez. Jesús responde a su petición: “Si puedes creer, al que cree todo es posible” (Mar.9:23) y el clamor de este hombre fue: “Creo, ayuda mi incredulidad.” (Mar.9:24). Cuando pienses que ya no tienes fuerzas para acudir a Dios, pide a Dios que Él ponga la fe necesaria en tu corazón. No olvides que la fe es un don de Dios (Ef.2:8).
- (22–24). La justicia de Dios es perfecta y alcanza a toda la humanidad.
Es frecuente que cuando pasamos por tiempos de sufrimientos y aflicción pensemos que eso sólo nos sucede a nosotros. La realidad es que nosotros somos simplemente uno más y, tanto para ellos como para nosotros, Dios obrará con perfecta justicia. Vuelve tu mirada al Señor y pídele perdón si has osado culparlo por el mal que, a tu juicio, estás viviendo y pide objetividad para apreciar cada cosa en su justo mérito.
- (25–35). El pesimismo hace ver la realidad alterada.
No debemos sacar nuestra vista del Señor. El apóstol Pablo nos aconseja: “Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: OLVIDANDO CIERTAMENTE LO QUE QUEDA ATRÁS, Y EXTENDIÉNDOME A LO QUE ESTÁ DELANTE, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.” (Fil.3:13–14).
JOB 10
Prosigue Job, pareciera que cada vez con más confusión, por no hallar las razones de lo que está viviendo.
Se queja de su penosa condición actual, no comprende para qué Dios lo cuidó en todo el tiempo de gestación y lo trajo a la vida para tener que pasar lo que está enfrentando. Job suplica a Dios que le muestre el pecado que hay en su vida que lo ha llevado a su estado actual y concluye sus palabras pidiéndole a Dios que lo deje en paz por un momento antes de morir.
Amados, esta experiencia de Job no es muy diferente a la de muchos creyentes que viven momentos de aflicción y sufrimiento. Al seguir las palabras de Job con atención resulta, naturalmente, con una identificación con Job y eso debe prosperar así hasta que lleguemos al final de esta historia, así comprenderemos que los propósitos de Dios y sus tiempos son perfectos y con ambos busca el bien superior de sus hijos (Rom.8:28).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–3). “No me condenes”
Al decir esto, Job no está pensando en la condenación eterna, sino que en la sentencia divina que lo ha llevado a tener que vivir el tremendo sufrimiento por el que está pasando. Su sincero desconocimiento de haber cometido un pecado del cual no ha tomado consciencia lo lleva a expresar su queja, pero a la vez su petición: “Hazme entender por qué pleiteas conmigo”, razona: he sido formado por ti y ¿me desechas para ser motivo de frustración ante los impíos?
No olvidemos que los propósitos de Dios están de acuerdo con los caminos que Él ha determinado para cada uno de sus hijos y, no nos extrañemos si muchas veces no logramos comprender esos caminos, el propio Señor nos recuerda: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Is.55:9). Pidamos al Señor su gracia para pasar por “los valles de sombra de muerte” (Sal.23:4) sin quitar nuestra vista de Él “porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.
- (5). Los tiempos de Dios generalmente no calzan con los nuestros.
Mientras el ser humano espera una retribución inmediata a sus deseos y es urgido por la velocidad con que ve que transcurre el tiempo de la vida, Dios no está atado al tiempo. Nosotros deseamos todo “aquí y ahora”, mientras Dios tiene el tiempo justo para que lo que ocurra en nuestra vida redunde en la exaltación de su propia gloria. No debería existir nada más importante en nuestra mente que el deseo de que la gloria de Dios sea exaltada con nuestra vida.
Nuevamente, podemos recordar el final de la historia de Job y así aprender a esperar en Dios.
- (8–13). La maravilla del cuerpo humano es una evidencia irrefutable que somos el resultado de un diseñador sabio, nuestro Creador.
Mientras la humanidad intenta zafarse del Creador buscando en el vacío alguna explicación que responda ¿Qué somos? ¿Qué es la vida? ¿Cómo llegamos a ser lo que somos? El creyente puede ocupar su tiempo en extasiarse en la creación de Dios. Estos versículos son una hermosa expresión poética de la obra de Dios, Job ilustra la formación de su cuerpo con tres imágenes:
- (9) La obra de un alfarero que toma barro y hace una hermosa pieza única (da a entender que ya manejaba la información que nosotros hallamos en Gén.2:7).
- (10) La obra de un maestro quesero que con dedicación prepara la leche para luego colocarla en un molde y producir queso.
- (11) La obra de un sastre que hace con esmero un traje preciso, a la medida, para su cliente.
Elevemos nuestras alabanzas a nuestro Dios, junto al Salmista cantemos: “¡Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría: la tierra está llena de tus beneficios. ” (Sal.104:24).
- (12–13). Debemos tener presente las bendiciones que el Señor nos ha dado.
En medio de su dolor, estos versículos parecen un momento de detención en los razonamientos de Job. En vez de insistir en sus quejas, agradece a Dios:
- Porque le ha dado la vida.
- Ha contado con el favor divino, la misericordia que Dios le ha concedido.
- Lo ha cuidado al guardar su espíritu.
Estos tres elementos deben estar presentes en la mente de cada hijo de Dios y, debemos pedir al Señor nos dé la paciencia que necesitamos para aprender a esperar en Él. “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.” (Sal.42:11).
- (20). Una oración modelo para el afligido.
“¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me conforte un poco”.
No conocemos lo que nos espera el día de mañana, El mismo Jesús nos dijo: “basta al día su afán” (Mat.6:34).
Nuestra esperanza debe estar puesta en el Señor: “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. EN EL MUNDO TENDRÉIS AFLICCIÓN: MAS CONFIAD, YO HE VENCIDO AL MUNDO.” (Jn.16:33 ).
Llevemos nuestros sufrimientos al Señor. Él ha pasado por el dolor del más grande sufrimiento que jamás un ser humano haya sentido. Su compasión es infinita, su atención hacia sus hijos permanente. En medio del sufrimiento, el Señor oye nuestras oraciones de la misma manera que en tiempo de paz. Qué el sufrimiento no resulte ser el arma que Satanás use con éxito en nuestras vidas, enfriando nuestra fe y confianza en Dios. Acompañemos a Jeremías en su oración: “Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos: renueva nuestros días como al principio.” (Lam.5:21).
JOB 11
Es el turno de Sophar.
Si Bildad endureció el discurso de Eliphaz, Sophar endurece aún más el de Bildad, aunque es el que menos habla (cap.11 y 20), lo hace de manera arrogante y confrontacional, de los tres es el acusador más duro de Job.
Sophar parte tratando a Job de charlatán y apela a Dios para que con su sabiduría, justicia, poder y conocimiento de su criatura, convenza a Job de que es un pecador, merecedor de lo que está viviendo. Lo invita a arrepentirse porque, sólo así podrá ver la mano de Dios restaurándolo. De lo contrario, no hay esperanza para él pues quedaría demostrado que es un malvado.
¡Qué amigos de consolación son estos tres personajes! Qué el Señor nos libre de actuar como ellos.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (4). Palabras sacadas de contexto y además alteradas pueden afirmar lo contrario de lo dicho.
Sophar enrostra a Job haber afirmado: “Mi conversar es puro, y yo soy limpio delante de tus ojos.” (v.4), pero Job lo que ha dicho es: “BIEN QUE YO FUESE ÍNTEGRO, NO CONOZCO MI ALMA: reprocharé mi vida. Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.” (Job 9:21–22) y “Sobre saber tú que NO SOY IMPÍO” (Job 10:7). Vemos que Sophar, con tal de sostener sus argumentos, no representó con veracidad las palabras de Job; él nunca afirmó ser puro y limpio como si no tuviera pecado y fuera un hombre perfecto.
Satanás es experto en sacar de contexto las palabras para hacer que digan lo que él quiere, es lo que hacen todos los líderes de las sectas falsas que toman livianamente la Biblia como texto base para sus doctrinas.
Job negó ser un hipócrita, pero no negaba que fuese pecador “¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?” (Job 7:21).
Job sólo está reclamando su propia incomprensión de lo que había motivado a Dios para estar viviendo la tremenda aflicción, sin lograr ver, sinceramente, cuál había sido el pecado que había gatillado este juicio sobre él.
Esto ocurre porque los amigos de Job partieron de una premisa falsa y buscaban a como dé lugar ratificar su punto de vista.
Cuidado con las premisas iniciales con que nos acercamos a un hermano que está pasando momentos de sufrimiento, nuestras palabras deben ser un bálsamo suave que refresque el alma de nuestro hermano, no una corona de espinas como la que recibió nuestro Señor antes de ir a la cruz para dar su vida por nosotros.
- (5–6). Razonamiento de Sophar: “Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos que tu iniquidad merece.”
Sophar estaba esperando que Dios le diera la razón a su conclusión. Que Dios ratificara su “sabia reflexión”.
No nos corresponde a nosotros calificar el grado de castigo que Dios debe dar a tal o cual persona. Eso está en el campo exclusivo de Dios. Gracias a Dios que esto es así, Él conoce todo perfectamente, sabe la realidad que muchas veces está oculta a los ojos de los hombres. Esperemos en la justicia de Dios que es perfecta: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones: y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.” (1a Cor.4:5).
Si estás siendo prejuzgado, pon tu confianza en que el Señor es la luz del mundo y deja que sea Él quien saque la verdad a la luz: “Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es.” (Ef.5:13).
- (7–8). Dios es incomprensible para la mente del ser humano.
De Dios sólo conocemos lo que Él nos ha revelado de sí mismo, especialmente en las Sagradas Escrituras. Por eso que es tan importante para el creyente estudiar la Palabra de Dios, en ella Dios nos muestra su grandeza y a pesar de que, por nuestra pequeñez, no alcanzamos a conocerlo completamente, si podemos disfrutar de su comunión y cada día aprendemos algo más de su ser perfecto y tres veces Santo.
A pesar de resultar incomprensible para nosotros, Dios nos muestra su grandeza, hasta donde es posible para nosotros verla sin ser abrumados. Podemos conocerlo lo suficiente para saber que podemos depositar toda nuestra confianza en Él y que no seremos defraudados “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” (Sal.55:22 )
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.” (Mat.11:28).
- (11–12). Dios conoce el corazón de su criatura perfectamente.
A diferencia de nuestro conocimiento limitado, Dios nos conoce perfectamente, no hay ni siquiera un pensamiento nuestro que Él desconozca. Prestemos atención a: “Todo camino del hombre ES RECTO EN SU OPINIÓN: mas Jehová pesa los corazones.” (Prov.21:2 ).
Sophar quería obligar a Job a reconocer que lo que él busca es desviar la atención de Dios sobre el punto principal: su pecado. La idea de Sophar es mostrarle a Job que su conducta era propia de un ser perverso. Él estaba poniendo todo su empeño en ver la mota en el ojo de Job y no tenía la capacidad de ver la viga en el propio, esta conducta Jesús la cataloga así: “¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.” (Mat.7:5).
- (13–15). Invitación al arrepentimiento.
Sophar le ofrece, a Job, gentilmente una posibilidad de resolver su situación: tan sólo debe arrepentirse de sus pecados, esos pecados que él ha dejado que se alojen en su corazón.
En términos habituales, esta invitación debemos hacerla cada vez que entregamos el evangelio a alguien. Es cierto que el pecador que acude a Jesús para que sea el Salvador de su vida, encuentra los brazos del Señor abiertos en actitud de bienvenida. Lo que nos debe ocupar en estos casos es hacer ver nuestra naturaleza pecadora que ha hecho división entre Dios y los hombres e invitar a creer en Cristo.
JOB 12
La respuesta de Job a Sophar es extensa (Cap.12,13 y 14).
Job se queja de sus amigos y les contesta con sarcasmo y amargura. Condena el juicio que ellos se han formado de él, contradice la afirmación de que los impíos son destruidos en esta vida, mostrando que es frecuente que ellos prosperen.
Confirma los atributos de Dios que sus amigos han presentado (soberanía, sabiduría y poder).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). ¡Cuidado con tener un alto concepto de sí mismo y menospreciar a los demás!
Job responde a sus amigos en forma sarcástica para hacerles ver que no son ellos los dueños de la verdad. Se han formado una opinión y luego han intentado justificarla sin cuestionarse en lo más mínimo. Es que se pararon en un podio desde el cual observan a Job y lo enjuician. La Palabra de Dios nos aconseja: “Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” (Rom.12:3) y en Fil.2:4 “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros”.
- (4). No debemos alimentar las quejas del que está sufriendo, debemos hablar con amor.
Job se queja de cómo sus amigos no han querido prestar atención a su situación real mofándose de él, mostrando así el gran desprecio que sienten por él. Les hace notar cómo a pesar de su situación, él invoca a Dios y Él le responde. Los amigos de Job son un buen reflejo de la forma de actuar del mundo, al que está en prosperidad lo adulan y ensalzan mientras que al que está pasando por momentos de fracaso intentan hundirlo más aún. Tomemos ánimo en la Revelación Santa: “Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1a Jn.2:17 ).
- (6). La prosperidad no es garantía de buena relación con Dios.
Ya hemos escuchado a los amigos de Job sostener que si él reconocía su pecado quedaría libre de los motivos que lo han hecho merecedor de todo lo que está viviendo.
Job refuta la idea popular que sostiene que los justos siempre prosperan y que los malos siempre sufren, lo hace con un ejemplo práctico: si Dios permite que incluso los ladrones prosperen y vivan seguros, ¿por qué no puede ser que permita que los justos sufran?
Siempre debemos tener presente que los propósitos de Dios son santos y que no siempre nos revela el detalle de ellos, nuestra tarea es simplemente poner nuestra confianza en Él, que todo lo que nos ocurre Dios lo tiene bajo control y en último término, siempre será para que su gloria sea exaltada.
- (7–9). Reconozcamos que somos criaturas de Dios, fruto de Su sabiduría creativa.
Toda la creación da cuenta de que su origen está en el Dios Creador (Gén. 1). Sólo el afán de rebelión que está en el ser humano desde el momento de la caída en pecado desconoce su posición frente a Dios y usa las capacidades que Él le ha dado para alzarse contra Él y desconocer su derecho a gobernar Su creación según a Él le plazca (Sal.14:1;53:1).
- (10). La soberanía de Dios es su exclusividad.
¡Qué alivio para el hijo de Dios saber que estamos bajo su cuidado! (“En su mano está el alma de todo viviente, y el espíritu de toda carne humana”) El perfecto, justo y todopoderoso Dios tiene en su mano nuestra alma y espíritu. Descansemos en que estamos bajo sus alas de protección, nada podrá afectarnos a no ser que Él lo permita para nuestra edificación espiritual. “En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores.” (Sal.31:15).
- (12–25). El gobierno de Dios sobre la creación es una expresión de su soberanía.
Sumémonos a este reconocimiento que hace Job de la grandeza e independencia de Dios para gobernar todo el Universo elevando al Señor la doxología de Rom.11:33–36:
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado?
Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.”
JOB 13
Los primeros tres versículos de este capítulo corresponden a la parte final de los argumentos que Job está dando al referirse a los atributos de Dios en el cap.12.
Luego Job se dirige a sus amigos y los reprende fuertemente por acomodar sus razonamientos a las ideas preconcebidas con que han llegado para acusarlo.
Entonces expresa su confianza en Dios y hace presente su integridad, sobre la que nunca ha tenido dudas, apelando a la misericordia de Dios para que le haga saber por cuál pecado está sufriendo el castigo presente.
Termina el cap. haciendo notar lo frágil que es la vida del hombre.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–2). Es condición necesaria tener un corazón sincero y humilde para hallar a Dios y conocerlo.
Job hace presente que los atributos de Dios que está describiendo (soberanía, sabiduría y poder), los ha llegado a conocer sin necesidad que sus amigos vengan a enseñarle cómo es Dios.
La disposición de Dios es revelarse a quienes lo buscan “Empero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis… Buscad a Jehová, y vivid.” (Amós 5:4,6).
Escudriñemos las Sagradas Escrituras para conocer a nuestro Señor, si estás en aflicción y hay sufrimientos que te atormentan, acude al Señor “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias. El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Sal.103:3–5).
- (4). Falsos consoladores del alma sufriente, sólo aumentan el dolor.
Qué el Señor nos libre de actuar como estos hombres que, pretendieron acompañar a Job, para consolarlo en su sufrimiento, sin embargo, lo único que hicieron fue agravar su dolor.
Llegaron con un juicio ya hecho y acomodaron sus argumentos de tal manera de sostener su sentencia asumida erradamente, eso muestra una gran soberbia en ellos, la que trataban de disimular al argumentar “En la boca del necio está la vara de la soberbia” (Prov.14:3).
Una tarea necesaria en la congregación es Orar pidiendo que el Señor levante muchos Bernabes (“José, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre, Bernabé, que es interpretado, Hijo de consolación” Hech.4:36), que sean imitadores de Dios como hijos amados (Ef.5:1) en replicar ese silbo apacible con el que Jehová impactó la soledad del profeta Elías (1° Re.19:9–18).
- (5). La compañía en silencio puede ser el mejor consuelo del que está sufriendo.
Ya hemos comentado que el mejor tiempo de compañía que tuvo Job, hasta este momento fue la primera semana que estuvo con sus amigos, los que guardaron un silencio profundo.
En Proverbios hallamos muchos pasajes en los que Salomón expresa el resultado de sus observaciones, como por ejemplo: Prov.17:28 “Aun el necio cuando calla es contado por sabio: el que cierra sus labios es entendido”.
Aprendamos a callar, así podremos ser de más ayuda al hermano que está en aflicción, los amigos de Job se alzaron a sí mismos como maestros, recordemos las palabras de Santiago: “Hermanos míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo.” (Stgo.3:1–2).
- (15–16). Nuestra confianza en Dios debe ser a toda prueba, no debe estar sujeta a las circunstancias de la vida.
Al leer estos dos vers. viene a mi mente el cántico con que cierra su profecía Habacuc: “Aunque la higuera no florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales; con todo, YO ME ALEGRARÉ EN JEHOVÁ, y me gozaré en el Dios de mi salud. JEHOVÁ EL SEÑOR ES MI FORTALEZA, el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas.” (Hab.3:17–19).
Job aseguró a sus acusadores que sus convicciones no eran para propio beneficio, porque estaba dispuesto a morir confiando en Dios. Pero con todo defendería su inocencia ante Dios, y estaba confiado en que era verdaderamente salvo, y no un hipócrita.
Aferrémonos a nuestro Padre Celestial, Él está esperando a cada hijo suyo, y especialmente a los que están pasando aflicciones y sufrimientos para darles el consuelo que sólo Él sabe dar.
- (20–21). Una petición en medio del dolor.
Job le ruega a Dios dos cosas: Qué de una vez aparte su mano de él y lo deje de oprimir y que no lo atemorice en medio de su sufrimiento.
Es un buen ejemplo de oración. A pesar de la situación que vive, Job, no deja de expresar sus peticiones a Dios, no encontramos ni una mínima muestra de rechazo a Dios, por el contrario de a poco vamos viendo que Job se aferra a lo único que le queda: confiar en Dios. Y nosotros ¿A qué o quién nos aferramos en el día a día? ¿Tenemos nuestra mirada en el Señor o en lo que el mundo nos ofrece para distraer nuestra atención de lo que realmente es valioso? No nos soltemos del Señor.
- (23). Cuando cada miembro de la Iglesia se enfrente con Dios y le haga esta pregunta “¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo?” Por fin estaremos a las puertas de un avivamiento.
Sin convicción de pecado no es posible un avivamiento. Con vidas cristianas mediocres sólo estaremos marcando el paso y vegetando sin avanzar en el cumplimiento de la gran comisión (Mar.16:15). Una petición similar a ésta la encontramos en palabras de David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” (Sal.139:23–24).
JOB 14
Con este capítulo concluye la respuesta de Job a Sophar. Pero ya no se dirige a sus amigos, ahora está hablando con Dios y con él mismo. Mira su debilidad y suplica al Señor que suavice su dolor.
Reflexiona sobre:
- la corta duración de la vida y luego llega la muerte,
- el efecto del pecado en la vida del hombre.
Y Job ruega a Dios que le aplique un poco de su gracia en lugar de la severidad del juicio y un poco de reposo en tanto dolor.
Considera la ventaja de un árbol sobre él, pues si lo cortan tiene posibilidades de volver a reverdecer mientras el ser humano no tiene esa oportunidad.
Atendiendo a su fragilidad actual, le suplica a Dios que no continúe contendiendo con él y se comienza a preparar para la muerte, en la confianza que volvería a vivir.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–2). La vida es breve, nadie es dueño de su vida. Mantengamos al día nuestras cuentas con Dios.
Muchos se ilusionan con una larga vida, y puede que lleguen a tenerla, sin embargo, lo normal es: “Los días de nuestra edad son setenta años; que si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos.” (Sal.90:10). Job la compara con una flor silvestre, lo mismo hace Pedro: “Porque toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: secóse la hierba, y la flor se cayó” (1a Ped.1:24 ), qué importante es tomar consciencia de esta realidad. La gente del mundo se comporta como si fuera a vivir siempre. En sus vidas no tienen tiempo para ocuparse de la eternidad y, sin darse cuenta se les va el tiempo. Así, muchos parten pensando que más adelante tendrán posibilidad de arreglar sus cuentas con Dios y esperando ese momento terminan en el infierno eternamente (ve al comentario sobre el v.10).
- (4–5). Como un reloj de arena tiene un tiempo definido, así también los seres humanos, nuestros días están determinados por Dios.
Estos versículos encierran una gran cantidad de verdades teológicas que es necesario tener en consideración siempre, a saber:
- El ser humano, con sus habilidades propias, no puede limpiar su corazón lleno de pecado.
- No existe el hombre capaz de hacer limpio al pecador.
- Si esto fuera todo, estaríamos todos en condenación.
- Todos somos pecadores, esa es nuestra naturaleza.
- Sólo recordemos que “Hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1a2:5). En Él hay salvación y vida eterna.
- El ser humano no es dueño de su vida, sus días están determinados por Dios desde la eternidad pasada.
- Nadie tiene la facultad de extender su vida más allá de lo que Dios ha determinado para esa persona.
A estas observaciones podemos responder:
- No tenemos la capacidad de limpiarnos de pecado, entonces podemos acudir a Dios, confesarle nuestros pecados y Él se compromete a limpiar nuestra vida completamente (1ª Jn.1:9).
- Si tu vida tiene fecha de vencimiento, no esperes más para arreglar tus cuentas con Dios. Acude a Él hoy, no tardes, aún estás a tiempo. Recuerda que “…Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores…” (1a1:15).
- (6). Seas creyente o ateo, tu vida y la de toda la humanidad está sostenida por Dios. Esto lo conocemos como gracia común.
“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos.” (Mat.5:45).
Reconozcamos de una vez que el Señor gobierna nuestras vidas y no sigamos presentando oposición a su obra en nosotros. “Porque contigo está el manantial de la vida: en tu luz veremos la luz.” (Sal.36:9). ¿No logras ver cómo Dios está obrando en tu vida? El Sal.36:9 nos orienta con claridad, puedes orar a Dios que te muestre la razón de ser de lo que estás viviendo, puede ser que cómo a Job tengas que esperar llegar a la presencia del Señor para comprender. Sin embargo, mientras tanto, simplemente puedes confiar en el Señor, Él no comete errores, no se equivoca y sabe lo que estás viviendo hoy.
- (10). En esta vida se sella el destino eterno del ser humano.
“Perecerá el hombre ¿y dónde estará él?”. La Palabra de Dios es clara y precisa: define para el hombre dos destinos posibles y sólo dos: cielo e infierno.
El destino natural de toda la humanidad, desde la caída de Adán y Eva es sólo uno: infierno. Sin embargo, Dios nos amó a tal punto (Jn.3:16) que envió a Su Hijo, a Jesús, para que recibiera sobre Él nuestro castigo. En la cruz se cumplió la justicia de Dios al imputar sobre su propio Hijo nuestro pecado (2ª Cor.5:21), tomó nuestro lugar y sufrió nuestro castigo (Is.53) desde ahí es que tenemos un nuevo destino posible: el cielo.
Lo importante aquí es: Hay dos destinos posibles y es en esta vida que se sella cuál de ellos será nuestro destino eterno: “De la manera que está establecido a los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (Heb.9:27). No existen otras oportunidades, no existe el purgatorio, no es verdad que a la muerte el alma queda vagando en las tinieblas, los que en vida arreglaron sus cuentas con Dios llegarán al cielo, así como los que no lo quisieron hacer llegarán al infierno, y ambos destinos reciben a sus huéspedes en el momento que ese ser humano fallece.
- (13–14). El alma humana no desaparece al morir.
Job tenía la certeza de que si moría, su esperanza no quedaría trunca en el ataúd. Su esperanza volaba al momento sublime en que volvería a vivir. Esta es otra verdad teológica muy importante, todos resucitaremos un día (toda la humanidad lo hará). Sin embargo, el punto es que habrá dos resurrecciones la primera para vida eterna y la segunda para condenación perpetua.
Al iniciarse la Gran Tribulación, Jesús vendrá por su novia, la Iglesia. Todos los creyentes volaremos a la presencia de nuestro bendito Señor (1ª Tes.4:13–18), esta resurrección se completará al iniciarse el Milenio.
La segunda resurrección ocurre al finalizar el Milenio (Apoc.20:5). En ese momento los que no creyeron en Jesús como el Salvador del mundo, volverán a la vida, pero sólo para ser enjuiciados ante el Gran Trono Blanco. Ahí sólo habrá condenación (Apoc.20:11–15).
No te arriesgues a quedar para la segunda resurrección, arregla tus cuentas con Dios HOY.
Job 15–21: Segunda ronda de discusión:
JOB 15
Comienza la segunda ronda de discusión. Toma la palabra Eliphaz.
Eliphaz manteniendo sus argumentos iniciales, endurece su discurso. Reprende a Job, según él, por tratar de justificarse a sí mismo y lo acusa injustamente de muchos males por no haber querido reconocer que era un hipócrita. El problema que vemos en esta argumentación de Eliphaz es que siendo tesis válidas, en muchas personas, en el caso de Job estaban mal aplicadas.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–6). La mirada horizontal del hombre le dificulta mirar hacia arriba.
Por sus palabras, da la impresión de que Eliphaz confiaba en exceso en sus raciocinios al evaluar una situación particular. Trata de menoscabar a Job por mantener su costumbre de elevar sus oraciones al Señor. A las almas afligidas, la solución siempre estará en acudir a la Palabra de Dios, beber de esa agua espiritual que refresca nuestro corazón y mirar hacia arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios “Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo… Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.” (1a Cor.10:4,24).
- (2–3). La ausencia de sabiduría y las ideas preconcebidas impiden un buen consejo.
Eliphaz empieza sus palabras calificando las palabras de Job como: de vana sabiduría, inútiles y sin provecho. Eliphaz pretende hacer que Job prescinda de su autodefensa. Lo acusa de actuar de manera tal que, habiendo gozado de ser considerado un hombre sabio, ha perdido esa reputación. Es fácil acusar a otros de conductas impropias cuando se desconoce la realidad de la vida íntima del otro.
Nada de lo dicho por Job fue considerado por Eliphaz, lo consideraba innecesario, según él, eran quejas que sólo agravaban la falta de los pecados ocultos de Job.
Oremos al Señor que nos impida dar un pretendido apoyo y animar a algún afligido con el método de Eliphaz (“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno” Col.4:6).
Sólo Dios conoce lo que está en el corazón de las personas y Él es el único juez justo (2ª Tim.4:8).
- (4). Una vida de oración debe ser íntima. Lo único que importa es que Dios y nosotros sabemos lo que hay en nuestro corazón y en nuestra oración.
Eliphaz consideraba que Job era culpable de palabras vacías y que no había manifestado una reverencia piadosa ni una oración recta. No obstante, Job, en su intimidad era un hombre de oración (Job 1). Imitemos esta costumbre de Job. No prestemos atención a lo que sostengan los demás. Nunca olvidemos que la relación con Dios es personal. Practiquemos una vida de oración constante y confiemos que el Señor nos está formando en sus caminos.
- (8–13). La estatura espiritual de cada creyente depende sólo de su comunión con el Señor.
Eliphaz condena a Job porque éste rechaza (según el parecer de Eliphaz) la sabiduría tradicional, cómo si tuviera un conocimiento privilegiado, respecto del resto de los hombres.
- (9). El nivel de comunión con Dios marca la verdadera sabiduría y provee de un conocimiento fuerte de Dios, al que podemos echar mano en situaciones tan catastróficas como las que estaba viviendo Job (Prov.1:7; Sal.111:10; Ecl.12:13).
- En sus palabras Eliphaz pone un acento de superioridad moral sobre Job, después de todo lo que está ocurriendo con Job, a él esto no le ha llegado. Job estaba aprendiendo en forma práctica, en la escuela del sufrimiento lo que es la justicia divina y la confianza en Dios a pesar de las circunstancias que enfrentamos en el diario vivir.
- (14). ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y que se justifique el nacido de mujer?
La respuesta es sencilla: No somos nada. No estamos limpios de pecado, como Dios exige a sus criaturas. Como no podemos justificarnos por nuestros propios méritos, entonces Dios determina hacerlo en nuestro favor. Hoy podemos decir con Pablo: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1).
- (17–25). La terrible condición que vive el impío nos debe impulsar a extender el evangelio.
Eliphaz pretendía asociar esta lista de conductas impropias, que caracterizan a los impíos, a Job, de manera de entender lo que Job estaba viviendo. Sabemos que ese no era el camino. Sin embargo, en la generalidad de los casos podemos afirmar que esta nómina refleja muy bien lo que debe vivir el malvado que endurece su corazón en el trato que Dios le da para atraerlo hacia Él.
Acerquémonos a los inconversos con un corazón piadoso para entregarles el evangelio. Sólo en Cristo y en su cruz podrán hallar descanso para sus almas.
JOB 16
En los cap. 16–17 encontramos la respuesta de Job a Eliphaz.
Considerando que sus amigos, en vez de expresarles sus condolencias, por la aflicción que está viviendo, han acentuado sus acusaciones con mayor rigurosidad, Job se ve en la necesidad de prolongar los lamentos, de sus cuatro intervenciones anteriores (Cap.3, 6–7, 9–10, 12–14).
Reprende a sus amigos por la dureza con que lo tratan (vs.1–5), luego presenta su caso mostrando lo reprochable que resulta ser (vs.6–16) e insiste en su integridad para apelar al justo juicio de Dios por las injustas acusaciones que han hecho sus amigos (vs.17–22).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–5). ¿Consoladores de paz o atormentadores despiadados?
Los amigos de Job viajaron para acompañar a Job en su dolor y consolarlo, fue lo que hicieron durante los primeros siete días en que guardaron silencio, pero a partir de ese momento la misión que los había unido se transformó en un rotundo fracaso, de consolarlo pasaron a atormentarlo.
- (2) Job, intentando que tomaran consciencia de lo que estaban haciendo y de cómo habían fracasado en prestarle ayuda y animarlo a soportar la prueba, les reprocha lo molestosos que se han vuelto.
- (3) Las palabras de sus amigos estaban resultando tan duras como la prueba misma. Job sólo deseaba que guardaran silencio en vez de tener que oír discursos vacíos sólo de condenación inmisericorde. “En las muchas palabras no falta pecado: mas el que refrena sus labios es prudente.” (Prov.10:19).
- (4–5) Job piensa que si una situación similar hubiera afectado a alguno de sus amigos, tal vez su actitud hubiera sido tan indolente como lo que él ha recibido de ellos, sin embargo, la experiencia que está viviendo, ha hecho cambiar su apreciación de las cosas y ahora intentaría alentarlos con palabras de consuelo.
¿Cuál será nuestra actitud la próxima vez que tengamos que actuar como consoladores? ¿Aplicaremos misericordia, cómo Dios la aplica con nosotros a diario?
¿Seremos jueces implacables que se ufanan en ser directos para decir las cosas y así justificar el desatino cometido?
- (6). Entendamos cómo se siente el que está pasando por una prueba de sufrimiento.
Así como se sentía Job, se sienten los que están pasando por aflicciones y sufrimientos, especialmente cuando no es fácil entender el porqué de ellos. El dolor los acompaña en todo momento. No pongamos carga sobre carga con palabras desatinadas llenas de esa mal llamada “sinceridad”. “Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio” (Stgo.2:13).
- (10–17). Jesús fue entregado a sus torturadores y sufrió como ningún ser humano lo ha hecho jamás.
Estos versículos son muy impactantes. Vemos a Job como un “tipo” de Cristo. Los sufrimientos de Job reflejan pálidamente lo que siglos más tarde viviría nuestro Salvador, pero con una intensidad jamás vista. El justo en la cruz quien, se convirtió en el objeto del escarnio público de sus enemigos y en el blanco de la justa ira de Dios, no porque mereciera esa ira, sino porque estaba en el buen y más grande plan de Dios hacerlo así, por el amor que Dios tiene para cada uno de sus escogidos.
Si estás sufriendo, eleva tus pensamientos a considerar que así Jesús estuvo dispuesto a sufrir por ti. Da gracias a Dios que te revela en tus sufrimientos parte de lo que Su Hijo estuvo dispuesto a pasar para pagar el precio de tu vida eterna.
- (12). Los tesoros terrenales son temporales, no son dignos de poner en ellos el corazón.
Job de un momento a otro pasó de ser un hombre de grandes riquezas a ser un desposeído de todo. No es una experiencia que sea exclusiva de Job. A muchos creyentes Dios los ha tenido que tratar de esta forma con tal de salvar su alma. Podemos ver el amor de Dios a pesar del dolor. Es un Dios sabio que todo lo hace con un sentido especial, no sólo de que su gloria sea exaltada, sino que sus hijos sean fortalecidos espiritualmente. Es claro que en medio de la prueba no logramos percibir los beneficios, pero una vez que el Señor retira su mano de juicio de nuestra cabeza, podemos comenzar a ver ese “fruto apacible de justicia” del que habla el apóstol en Heb.13:11.
- (16–17). Los caminos del Creador son misteriosos para la criatura.
Los parámetros con que nos mide Dios son diferentes a los que tenemos en nuestra mente. Los objetivos que mueven a Dios para que sean desarrollados en nuestra vida también lo son. Sólo pongamos nuestra mirada en el Señor, mantengamos nuestros ruegos y oraciones a Él, no pretendamos comprender a Dios y sus designios: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? …” (Rom.11:33–34). Por eso es por lo que el mismo apóstol nos aconseja: “Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos” (Ef.6:18 ).
- (21). Todo hijo de Dios tiene un abogado en Cristo Jesús quien aboga su causa ante Dios Padre.
Job ha sido sometido a duras acusaciones que él desea que sean dilucidadas.
En este vers. plantea un alegato para solicitar un veredicto de inocencia en favor de un amigo o vecino en un contexto judicial ante el juez o el rey.
Dios ha anticipado nuestra necesidad de un abogado, y lo ha proporcionado en la persona del Señor Jesucristo (1a Tim.2:5; 1a Jn.2:1–2).
JOB 17
Job concluye su segunda respuesta a Eliphaz.
Este capítulo es muy instructivo para conocer el dinamismo de los sentimientos que se desarrollan en las almas de los que sufren. De alguna manera la resistencia de Job comienza a mostrar grietas que nos permiten observar sus sentimientos más profundos. Esto debemos considerarlo para desarrollar ministerios de consolación que sean efectivos y para la edificación y consuelo de quienes están viviendo momentos difíciles en sus vidas. Pidamos al Señor nos dé su gracia para que seamos consoladores efectivos, aplicando la gracia de Dios a nuestras palabras de consolación: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno.” (Col.4:6).
(Acrimonia= amargura y aspereza. Escarnecedores= burladores ofensivos. Huesa= sepulcro).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1). Los sentimientos de derrota del que sufre alteran su percepción del tiempo.
En el vers. anterior Job ha hablado de años, pero ahora se intensifica su sentido de derrota, se siente moribundo a poca distancia del sepulcro (no es que haya en él un afán de autodestrucción) siente que su aliento de vida se agota.
Un signo que evidencia el desarrollo de un espíritu depresivo en el ser humano es que todo lo ven en oscuridad, como si estuvieran en un túnel sin salida. A los que no han pasado por esa experiencia les resulta difícil comprender esto, pero es importante tomar consciencia para que nuestra compañía sea un bálsamo que suavice los sentimientos del afligido. Lo que nuestro hermano necesita es lo que nos recomienda Salomón: “Panal de miel son los dichos suaves: suavidad al alma y medicina a los huesos.” (Prov.16:24).
- (2). La condición del afligido no resiste consejos dados con severidad, menos aun si esos consejos parten de un supuesto falso.
La intención no es todo lo que vale. Los amigos de Job tuvieron el propósito de ser de consuelo para su amigo, pero en los hechos no lo están logrando, por el contrario sus palabras han horadado el corazón de Job. “Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: mas la lengua de los sabios es medicina.” (Prov.12:18).
La falta de empatía de los amigos con el dolor de Job es una lección que deberíamos aprender. Los problemas comenzaron cuando Job no respondió a sus recriminaciones como ellos consideraban que él debía hacerlo. Hay orgullo en esta actitud, lo que no es un buen compañero de alguien que desea actuar como un consolador con la gracia de Dios.
Qué nuestros hermanos afligidos no tengan que repetir las palabras de David: “La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: y esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo: y consoladores, y ninguno hallé.” (Sal.69:20).
- (3). Ante la ausencia de verdaderos consoladores Job apela a que su caso sea considerado en la corte celestial.
Job ha perdido la esperanza de que sus amigos sean de apoyo para su estado, por lo que apela a Dios. Este es un ruego que Job hace a Dios, sólo de ahí espera las fuerzas que lo sostendrán. Sin duda, es el mejor recurso al que podemos acudir en medio de las pruebas. No hay como guarecerse en nuestro bendito Padre Celestial.
- (4). Job entiende que incluso la actitud de sus amigos ha sido permitida por Dios.
Si Dios había permitido la indolencia de sus amigos, era mejor buscar el consuelo y apoyo en Dios. Lo mismo es hoy, consolador como nuestro Señor no hay otro. Además, ya hemos visto que el sufrimiento no es ajeno a su experiencia. “Antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo.” (1a Ped.4:13).
- (5–6). Debemos cuidar las palabras, la difamación tiene consecuencias.
Job ha presentado su causa ante sus amigos, ellos no la han aceptado, por el contrario lo han denostado severamente, por no aceptar de una vez, el pecado que ha movido, según ellos, a Dios a actuar con la severidad que están viendo. Lo han tratado de hipócrita.
La expresión del v.6 “delante de ellos he sido un tamboril” significa “como a uno que escupen en la cara”, lo que hasta hoy es una afrenta gravosa para quien la recibe.
No hagamos más dolorosa la vida del que está sufriendo. Cuidemos que nuestras palabras no se conviertan en difamación de la honra de los demás, tengamos temor de Dios en nuestras actuaciones. Dios “no tendrá al culpado por inocente” (Nah.1:3), eso también vale para la difamación.
- (9). Las circunstancias de la vida no pueden ser un motivo para apartarnos de los caminos del Señor.
Consideremos el v.9 literalmente (hay quienes lo interpretan como una ironía). Matthew Henry comenta: “Las personas íntegras, al ver los sufrimientos de Job, en vez de echarse para atrás, más bien se afianzan en su buen camino, con la mira puesta en el Cielo, por muchas y grandes que sean las dificultades que se les presentan en la vida. Contemplando las aflicciones del justo y las suyas propias, el hombre recto se robustece en el cumplimiento de su deber y a la vez se vuelve más compasivo y comprensivo.”
El sufrimiento produce fortaleza en el creyente. Consideremos el testimonio que Pablo narra en 2ª Cor.12:7–10.
- (10–16). Si nos dedicamos a mirar nuestra desdicha, por la aflicción que estamos pasando, no podremos avanzar en el sentido que Dios está direccionando nuestra vida.
El v.9 da alguna esperanza de ver a Job más firme en su debilidad, pero eso se esfuma al llegar al párrafo final del cap.17.
La aflicción por el sufrimiento sostenido suele nublar el raciocinio del que está sufriendo.
Job no estaba libre de esta situación. Expresa una profunda desesperanza. Sus años buenos han quedado atrás y le parecía que incluso la muerte rápida que anhelaba tampoco llegaría presto.
Aunque su muerte era en esta condición su consuelo, Job formula una pregunta clave: “¿Dónde pues estará mi esperanza?” (v.15) No la halló en sus amigos, entonces vuelve su mirada al cielo, su esperanza descansaba en Dios. Lo confirmaremos al seguir avanzando en la lectura de este libro que es una fuente de gran consuelo para enfrentar la adversidad del sufrimiento.
Que el Señor nos de su paz a pesar de las adversidades que tengamos que enfrentar. Contemplemos los contrastes siguientes:
- “No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.” ( 57:21) y
- “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (14:27)
Y alabemos al Señor por la gran salvación con la que nos ha dado el privilegio de ser hechos hijos de Dios.
JOB 18
A las palabras de Job le sigue la respuesta de Bildad, quien reprende severamente a Job por sus dichos y por expresar la baja opinión que tenía de ellos, mientras él no pesa su propio corazón.
Bildad se dedica a describir las aflicciones de los impíos (la oscura y miserable vida de ellos, el peligroso camino de los perversos y el triste destino de los impíos).
El sentido de este discurso es hacer notar a Job que por su impiedad está pasando por las aflicciones actuales y que no puede esperar nada bueno, si mantiene su actitud.
Pero, demos una mirada desde más arriba, hay esperanza, comparemos sólo dos versículos:
Mientras Bildad sostenía que lo que sobrevendría a Job, sería: “No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, ni quien le suceda en sus moradas” (18:19).
Dios lo retribuyó con: “Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.” (42:16).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–3). Entender que el afligido pasa por estados de ánimo diversos es clave para socorrerlo.
Bildad insiste en la condición de charlatán que, a su parecer, retrata bien a Job, quien las emprende contra ellos, sin reparar en su propio pecado.
Si estamos abrumados por esta historia, les recomiendo ir de vez en cuando al Cap. 42. Ese es nuestro Dios.
No prestemos oídos a lo que el mundo dice, especialmente cuando son difamaciones sin fundamento. Dios conoce nuestros corazones, podemos honrarlo en medio de la aflicción, a pesar de lo difícil que resulte elevar nuestras oraciones al Trono de su Gracia. Él responderá a nuestras oraciones para el bien de nuestra vida.
- (5–6). La vida de los inconversos es oscura y sólo de sufrimientos.
Claramente al inconverso no lo espera nada bueno, por el contrario, lo espera el ángel de la muerte que lo conducirá directamente al infierno. La idea de Bildad, tomándose de las palabras finales del último discurso de Job (17:10–16) era hacer notar a Job que esa era su situación y destino: sólo tinieblas. Esto nuevamente nos ilustra el desatino que debemos evitar al tener que cumplir la labor de consoladores. Los amigos de Job son el terremoto y el fuego de 1° Re.19:12. Están muy lejos de ser ese silbo apacible que trajo paz al corazón del profeta Elías. Recordemos las advertencias de Santiago en Stgo.3:6–8 y busquemos en Dios la dirección para consolar acompañando al que sufre.
No hay experiencia en esta vida que se acerque, un poco siquiera, al terrorífico ambiente que espera en la condenación al inconverso. Ese es el destino eterno y fijo del que tenemos que advertirles. Sólo el evangelio, que pasa por la cruz de Cristo es lo que resuelve las tinieblas del ser humano y provee la luz que ilumina el camino.
- (7–10). Seguir por el camino por el que el mundo nos quiere llevar es una deshonra para los hijos de Dios.
¡Qué más peligroso va a ser el camino de los perversos si termina en condenación eterna!
Seamos hijos de Dios agradecidos que por la sangre de su Hijo, vertida en la cruz, hoy tenemos vida eterna. Aferrémonos a esa esperanza y no apartemos nuestra mirada del Señor. “Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.” (Rom.8:18).
(torzuelo: halcón amaestrado para la caza de presas menores, muy hábil y veloz para atrapar a su víctima).
- (11–16). La vida de los impíos es miserable.
Los temores embargan al inconverso y, con mucha razón, pues tienen una vida sin esperanza. Sus fuerzas para enfrentar las situaciones difíciles se esfuman.
“Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Rom.8:19–21).
En cada situación Bildad pretendía aplicar su razonamiento a Job, para luego elaborar una acusación: Esto es lo que ocurre con los malvados: si a ti (Job) te ha acontecido algo de esto, la conclusión es que eres un malvado (nuevamente es bueno dar una mirada al cap. 42).
- (17–21). El destino de los impíos es triste y desolador.
Como en todos los casos anteriores, el discurso tenía una lógica matemática: Si todos los impíos van a juicio, con Jesús como juez justo, y reciben un final triste y desolador, Job debería pasar por esos sufrimientos pues no cabe duda de que es un impío, cargado de pecados que se niega a reconocer para que, arrepentido de esos pecados, pueda ser restaurado y alcance el descanso.
- (19). La esperanza presente en medio del dolor.
Este versículo lo debemos contrastar con Job 42:16. Vemos cómo las palabras de Bildad resultan ser proféticas. Job, concluida la prueba, fue especialmente bendecido por Dios y disfrutó de la compañía de una gran familia en el Señor pues llegó a conocer hasta su cuarta generación. Las palabras de este vers. deben apoderarse de nuestro corazón. Debemos mirar al Señor y aferrarnos a la esperanza que sólo existe en el evangelio, fuera de él todo es tinieblas y tinieblas eternas. Sólo “en tu luz veremos la luz” (Sal.36:9).
JOB 19
Job responde a Bildad.
En esta ocasión deja ver su desesperación y se queja del mal trato que le dan todos: sus consoladores se dedican a aumentar su aflicción, su percepción es que Dios se ha vuelto en contra suyo, que sus familiares más cercanos le parecen extraños y que nadie le muestra compasión.
Se consuela en que tiene una esperanza cierta de ver al Redentor de su vida, dejando claro que nada se termina con la muerte, que hay algo más allá de esta vida.
El discurso concluye rogándole a sus amigos que no persistan en censurarlo.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–5). Los consoladores no están para poner más carga en el corazón del afligido.
Job se queja de la indolencia de sus amigos que no se percatan de que las cosas son diferentes a cómo ellos las han imaginado. En vez de consolar lo que logran es fastidiar y atormentar.
Si nos corresponde el papel de consoladores, la gran lección que tenemos que sacar de esta experiencia de Job es que: no podemos dejarnos llevar por lo que se nos pone como idea fija en nuestra mente, sin antes cerciorarnos en oración (Sal.19:12;25:4–5; 32:8) de cuál es la realidad de lo que el afligido está pasando en esos días. “Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros. Por manera que si un miembro padece, todos los miembros a una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros a una se gozan. Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.” (1a Cor.12:25–27).
Y si somos los afligidos, volvamos nuestra mirada al Señor y que nuestra oración sea como la de David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” (Sal.139:23–24).
- (6–12). Al ejercer la tarea del consuelo, debemos tener presente que el sufrimiento muchas veces altera el sentido de la realidad.
No podemos dar crédito a todo lo que dice el afligido. Debemos actuar con sabiduría de lo alto, para entender que la situación lleva al afligido a actuar de maneras erróneas. En el v.7 Job afirma que clama a Dios y no es escuchado, esto ya es señal de que su mente no está razonando correctamente ¿Cómo en esa situación nos vamos a acercar para poner más carga sobre alguien que no está en condiciones de resistirlas? En el v.9, se queja de que ha sido despojado de su gloria. Es una manera de describir la soledad que estaba sintiendo Job. No es suficiente estar rodeado de personas para no sentir soledad. Esas personas deben mostrar su atención por el que está pasando el mal momento.
- (13–19). La familia tiene un rol importante que cumplir con el afligido.
Sus hermanos que debían confortarlo en el estado actual en que se encontraba, todos se alejan de Job. Como cuerpo de Cristo debemos actuar en unidad, debemos proteger a los más vulnerables y animarlos a no bajar la mirada del Señor. Esta es una labor que debería hacer diariamente cada hermano con el que tiene a su alcance.
- (25–27). “Yo sé que mi Redentor vive”.
“Yo sé”, esta es la certeza del evangelio. Fuera del evangelio nadie puede tener certeza, todo es incierto, no así en los caminos del Señor. El evangelio en el corazón es seguridad, es gozo incluso en medio de las aflicciones, es paz porque tenemos consciencia que nuestra morada no es de este mundo, es de arriba, donde nuestro Salvador está sentado a la diestra del Padre Celestial.
¡Qué destello de fe! ¡Qué lección para nosotros! ¡Qué consuelo más maravilloso y poderoso para el creyente! Nuestra fe está apoyada sobre la Roca inconmovible de los tiempos: Cristo. El Dios Hombre que estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros, ¿Cómo va a usar su poder para el juicio de sus propios hijos? Eso no ocurrirá, Él lo recibió por nosotros. “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2a Cor.5:21).
JOB 20
Por segunda vez toma la palabra Sophâr para responder a los dichos de Job.
La predisposición de los amigos de Job es tremenda, Job habla pero no lo escuchan, sólo oyen lo que quieren oír. Así, como en la primera respuesta, Sophar se destacó por su dureza, lo mismo ocurre ahora. El centro de sus dichos es una larga reflexión sobre la miseria y la ruina que espera a los malvados. Luego, asumiendo que Dios no hace excepción en sus procedimientos, mira a Job y su ruina concluyendo que no hay dudas de que es un malvado.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–3). La vanagloria y el orgullo invalidan al consolador para que cumpla como tal.
Basta leer la introducción que hace Sophâr a sus palabras para saber que no va por buen camino. ¿Dónde está la dirección de Dios en sus acciones? Sophâr no siente que sea necesaria, se ufana de sus pensamientos, que no puede retener para sí. No tolera que sus palabras hayan recibido una reprensión por parte de Job. Entonces afirma que su inteligencia le impide mantener silencio y debe responder. Esta actitud de Sophâr el Señor la refleja en las siguientes palabras: “Dejélos por tanto a la dureza de su corazón: caminaron en sus consejos.” (Sal.81:12). Es por esto por lo que el consejo bíblico es: “No seas sabio en tu opinión: teme a Jehová, y apártate del mal” (Prov.3:7).
Por supuesto, con la respuesta de Sophâr queda de manifiesto que sólo son palabras suyas, pues hay total ausencia de la gracia de Dios en el tratamiento de su prójimo que está en aflicción severa.
A propósito del trato que debemos dar a los más desvalidos, el Señor nos manda: “No te enseñorearás de él con dureza, mas tendrás temor de tu Dios.” (Lev.25:43).
- (5–7). Efectivamente a los malvados les ocurren cosas que Dios las permite para mostrar lo temporal que es esta vida.
Sophâr usa tres apelativos que, sin dirigirlos directamente a Job, no cabe duda de que esa es su intensión. Estos son: impío, hipócrita y altivez. La aplicación de las palabras de Sophâr acerca de esta persona malvada, hipócrita y altiva, iban dirigidas a Job. De sus palabras se puede concluir que de la misma manera como otros malos sufrirán las consecuencias de sus pecados, así también ocurrirá con Job. Esta sentencia es efectiva, en la generalidad de los casos, sólo que en este caso, Dios tenía la situación bajo su control y el origen de los sufrimientos no se vinculaban a una acción pecaminosa.
Como sólo Dios conoce lo que hay en el corazón del hombre, nosotros no estamos llamados a emitir juicios asociados a la vida de nuestros prójimos.
- (12–19). La vida de los impíos los arrastra a la frustración.
Sophâr argumentaba que aunque el hombre perverso pueda disfrutar de bienes materiales, por un tiempo, Dios, tarde o temprano, lo traerá a juicio para que todos puedan ver expuesto públicamente todo lo que hay en ese corazón. “Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala.” (Ecl.12:14).
La maldad en una vida quita todo el gozo, y esto, según Sophâr, implica que Job no tenía gozo debido al pecado, como lo descrito en el v.19.
- (20–29). El oscuro destino que espera al hombre impío.
Sophâr concluye que más que solo perder el goce de la vida a causa de sus pecados, los malos caen bajo la ira de Dios determinada para tal maldad. Nuevamente, está insistiendo en su idea inicial y cargando a Job con situaciones que, por la gracia de Dios, para Job, no se cumplieron en su vida.
JOB 21
Con la respuesta de Job a Sophâr concluye la segunda ronda de discusiones.
Job, teniendo como trasfondo la gozosa esperanza de una herencia eterna (19:25), reflexiona sobre si los malvados pueden o no prosperar y los íntegros ser afligidos.
- (1–6). Ruega a sus amigos que tengan paciencia con él y presten atención a una realidad que es evidente.
- (7–13). La realidad es: muchos malos prosperan.
- (14–16). Prosperan a pesar de negar a Dios y no lo hacen por sí mismos sino que la mano de Dios es la que lo hace y permite.
- (17–21). Asegura que, llegará el día en que los malvados van a caer y eso está sólo en las manos de Dios.
- (22–26). Advierte de la variada forma de tratar al ser humano que Dios aplica según su providencia.
- (27–34). Es posible que los malos, a veces, prosperen en esta vida, pero se encontrarán con un día de condenación a la hora de la muerte.
En su intervención Job toma lo dicho por sus amigos y les responde, para que les quede claro que ha prestado atención a lo que le han dicho, a diferencia de ellos, que mantienen sus oídos sellados a sus palabras. Podemos comparar: 20:11 con 21:7; 18:19 con 21:8; 18:5 con 21:17; 5:4 y 20:10 con 21:19 y 20:4 con 21:29.
(colodras: vasijas para leche).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–3). El derecho del afligido a ser escuchado y a que se le preste atención.
Job ha estado oyendo a sus amigos, que, de manera insensible, han insistido, cada vez más severamente, en sus acusaciones calificándolo de malvado y pecador rebelde que no quiere reconocer las razones por las cuales Dios ha tenido que castigarlo tan duramente. A pesar de lo que él ha dicho, nada de eso ha sido tomado en consideración por sus tres oponentes.
Atendamos esta situación y aprendamos la lección. Con el amor que el Señor nos ha tenido, a pesar de merecer la condenación, consideremos a los que están sufriendo y en oración pidamos que la gracia de Dios nos guíe a ofrecer palabras de paz y quietud al afligido. Entreguémosle el evangelio de la paz. Mostremos la seguridad que hay en Cristo y su sacrificio en la cruz, donde dejó sellado nuestro destino eterno.
Llevemos al afligido a mirar a Dios. Oremos con él, compartamos la lectura de la Palabra de Dios, habiendo buscado un párrafo o capítulo apropiado para ese momento.
- (4). El conflicto del hombre es espiritual, es por su relación con Dios.
La versión RV–Gomez traduce este vers.: “¿Acaso me quejo yo ante algún hombre? ¿Y por qué no se ha de angustiar mi espíritu?” Si la queja no era ante los hombres, entonces era ante Dios. Esto nos muestra que desde la caída de la criatura en pecado, su problema mayor ha sido de tipo espiritual y con su Creador. La crisis de Job tal vez partió por sufrir pérdidas, a los ojos de los hombres, irrecuperables, lo que lo llevó a pesar firmemente su situación personal con Dios. Así Dios lo condujo al campo espiritual (esto nos permite vislumbrar la motivación de Dios al permitir a Satanás que hiciera lo que hizo y a la vez nos muestra su sabiduría y soberanía, usa a Satanás para que se cumplan sus objetivos santos).
La lucha de Job era entender dónde estaba Dios en medio de todo su sufrimiento y hacerlo sin ser movido a tener resentimientos contra Dios que lo pudieran arrastrar a maldecirlo y a rebelarse contra Él.
Estamos ciertos que no es fácil vivir el sufrimiento como lo hace Job. Normalmente estamos prontos a levantar nuestro dedo acusador y apuntar a Dios. El ¿por qué a mí? es una tentación que el diablo sabe poner en nuestra mente nublándonos con eso. Sólo una dependencia total de Dios sea cual sea la circunstancia que nos rodea, es la solución para tener paz en nuestro corazón.
- (7). No es asunto del hombre cuestionar si un impío prospera materialmente.
Esto, en los días de Job, era un abierto desafío al pensamiento popular que caracterizaba a sus amigos. Job los desafía a ser objetivos en su mirada de la sociedad y ver que existía evidencia que mostraba que era posible que un impío fuera aparentemente bendecido e incluso tuviera larga vida (Sophâr había sostenido que mueren prematuramente, 20:4–11) y de la misma manera podía ocurrir que un hombre justo podía ser aparentemente maldecido. Lo que Dios persigue en nuestra formación espiritual es “perfeccionarnos hasta el día de Jesucristo” (Fil.1:6). Algunos comentaristas han llamado a esto la Escuela de la Obediencia. Sin duda, aprendemos a obedecer la voluntad de Dios a costa de recibir muchas veces su disciplina correctiva.
- (14). Los hechos muestran lo que hay en el corazón del ser humano.
Pocas personas son capaces de pronunciar las palabras de este vers.: “Dicen pues a Dios: Apártate de nosotros, que no queremos el conocimiento de tus caminos”. Sin embargo, es lo que muchos hacen con sus hechos. Ellos sólo desean vivir el “aquí y ahora”, la máxima de sus vidas es “si quieres, puedes”. Se mueven bajo la filosofía de vida de que el fin justifica los medios, etc. Dios esconde sus caminos de los ojos de estas personas que sólo desean ir por el camino ancho que lamentablemente, para ellos, sólo lleva a perdición. “Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella. ” (Mat.7:13). A pesar de esto, somos llamados a predicarles el evangelio. Dios puede obrar en sus corazones.
- (15). La arrogancia que muestra el mundo no tiene límites. Sorprende la inconsciencia de las debilidades del ser humano.
Un día tendrán que enfrentar el juicio de Dios y la condenación que espera a estas personas será un terrible sufrimiento eterno. Antes de entrar al infierno para nunca más salir de ahí tendrán que reconocer a Jesús como el Señor (Is.45:23; Rom.14:11; Fil.2:10) y luego: “…Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego” (Apoc.20:11–15).
- (17–21). El tiempo de los impíos para enfrentar el juicio por sus pecados sólo está en las manos de Dios.
No es nuestro problema manejar los tiempos de Dios, Él es el soberano y, sus decisiones para el ser humano forman parte de sus Decretos eternos. Nadie puede alterar sus designios. En Rom.8:18 leemos: “Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada”. Pero, perfectamente esto lo podemos expresar de manera opuesta: “lo que en este tiempo se disfruta, sin tener presente a Dios y sin medir las consecuencias, no se compara con el sufrimiento eterno que espera a los que rechacen la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz”.
- (27–34). Nadie escapará del destino eterno.
Los impíos podrán prosperar, todo está bajo la voluntad permisiva de Dios, sin embargo, eso no les permite escapar a los designios eternos de Dios. Lo más parecido al cielo que ellos conocerán será esta vida mientras que para el creyente, lo más parecido al infierno será esta vida. La desproporción que existe entre esta vida y la eternidad hacen que el creyente se acerque a ella, ya sea riendo o gimiendo, pero con una esperanza concreta, que no radica en sus méritos, sino que en los de nuestro bendito Salvador que estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros.
Job 22–26: Tercera ronda de discusión:
JOB 22
En el primer ciclo de discusión, los amigos de Job se conforman con establecer su pensamiento e insinúan que Job debe aplicarlo a su vida.
En el segundo ciclo el tema principal es el destino de los malvados y abiertamente los amigos de Job lo califican como tal, por lo tanto, no hay esperanza para Job a menos que reconozca su pecado y se arrepienta.
Comienza una tercera ronda de discusión. La abre Eliphaz que junto a Bildad continuarán acosando a Job. Insiste en su error de considerar que la prosperidad material es evidencia de aprobación por parte de Dios.
Eliphaz le enrostra a Job su desacuerdo por sus quejas por la forma como Dios lo está castigando.
Sin duda hay algunos de los argumentos de Eliphaz que son correctos. Sin embargo, el punto de partida los invalida al pretender aplicárselos a Job.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). Dios no necesita nada que el hombre le pueda ofrecer.
Dios es suficiente en sí mismo. Nada podemos agregar a Él. Su perfección infinita es completa. No necesita de la criatura para sentirse realizado. Cuando Dios determina hacernos un bien, no es en retribución por algo que nosotros hallamos hecho o porque lo merezcamos por nuestras buenas obras. Todo lo que tenemos lo hemos recibido de parte de Dios como expresión de su bondad hacia sus criaturas. Sus hijos gozamos de su gracia y los inconversos de su gracia común.
- (3). Dios se alegra al justificar al que es de la fe de Jesús.
Aquí se equivoca rotundamente Eliphaz, en su afán de no dejar una puerta para que Job se libre de su responsabilidad, Eliphaz, comete un error grave al afirma que Dios no se alegra al justificar al pecador: “Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom.3:26). Dios está atento a declarar justo a todo el que reconociendo su pecado, acude a la cruz de Cristo para pedir perdón de sus pecados con un arrepentimiento genuino y con la firme determinación de no ofender la santidad de Dios con sus pecados (Rom.5:1).
Aceptemos el reto que nos propone el apóstol en Heb.12:2: “Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios.”
- (5–14). Sólo Dios es juez justo. Él conoce lo más íntimo de nuestro corazón.
Eliphaz, ha fracasado en hacer que Job reconozca los pecados por los cuales está pasando, lo que está viviendo. Entonces, cae en una calumnia. Le atribuye conductas pecaminosas que saca de su imaginación. Todas las acusaciones eran infundadas y totalmente alejadas de la verdad (tirano, opresor, abuso de poder, ateo, incrédulo). Aunque no puede mostrar ninguna prueba que corrobore su juicio, no teme ir adelante. Alguna de las acusaciones dará en el blanco y logrará desnudar la maldad de Job. Nuevamente se alza Job como un tipo de Cristo, al recibir las acusaciones en silencio. “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: El cual no hizo pecado; ni fue hallado engaño en su boca: Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente” (1a Ped.2:21–23).
Cuidémonos de actuar como Eliphaz. No somos nosotros los llamados a juzgar la conducta de nuestros prójimos. No vayamos a caer en calumnias y chismes por intentar aplicar nuestra justicia, lejos de los caminos de nuestro Padre Celestial. “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mat.7:1).
- (15–20). La prosperidad y la ruina no escapan al control de Dios.
Una vez más, la suerte de los malos se expresa con la idea simplista de que todo sufrimiento procede del pecado. En contra de lo que había argumentado Job, lo habitual es que los malos mueren prematuramente, y la afirmación de Job de que Dios los prosperaba (v.18a), argumento que Eliphaz rechazaba (vs.18b–20). No pongamos nuestra atención en lo que otros tienen o no. Nuestra mirada debe estar puesta sólo en Dios. Heb.12:2: “Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús…”
- (21–30). Cierre de las palabras de Eliphaz. Invita a Job a reconocer su pecado y arreglar sus cuentas con Dios.
En un caso común, tal vez, las palabras de Eliphaz habrían sido correctas, pero no en Job. No había forma de que sus amigos se enteraran de lo ocurrido en la corte celestial en los cap.1–2. Eliphaz persiste en el error de asociar riqueza y prosperidad con bendiciones que confirman en el corazón de quien las recibe que Dios aprueba su conducta. “No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester; no sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? o no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.” (Prov.30:8–9).
JOB 23
La respuesta de Job al discurso de Eliphaz, se encuentra en los cap. 23 y 24.
Job apela a Dios para que Él defienda su causa, ya que su conciencia está tranquila de su integridad. Vemos en este capítulo una lucha que puede parecernos cercana, es entre la carne y el espíritu, entre el temor y la fe.
Job sólo desea tener claro los motivos de Dios que han motivado su sufrimiento (este afán es común a todos los seres humanos enfrentados al sufrimiento, sin embargo, no siempre es una inquietud que tenga respuesta, pero, a pesar de eso, los hijos de Dios pueden expresar su confianza en Dios en medio de las pruebas). Job en medio de sus quejas se consuela con la seguridad de la clemencia de Dios para sus hijos y de su propia integridad, la que Dios conoce bien. Así Job, en vez de responderle directamente a Eliphaz, elige expresar su anhelo de reencontrarse con la comunión con Dios, y poder experimentar su amor y bondad y oír de Él el significado de todo su sufrimiento.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (3). Aunque nos sintamos abandonados, Dios siempre está ahí, es Omnipresente.
Job se sentía separado de Dios. Seguramente, esta no era la primera crisis en su vida (aunque claro que estaba mucho más allá de cualquier sufrimiento anterior). En las pruebas anteriores había encontrado consuelo, pero en esta ocasión sentía que no podía hallar a Dios. Su sentimiento de soledad era apabullante (y era aumentado con las acusaciones injustas que ha recibido de sus amigos).
Su experiencia nos ilustra lo ocurrido siglos más tarde con nuestro bendito Salvador. Jesús vivió el inmenso sufrimiento de quedar absolutamente solo. Abandonado de su Padre, mientras cargaba sobre sí el pecado de todos nosotros.
La separación que sentía Job en su corazón de quien había sido su amigo, consolador y guía durante su vida ahora no estaba, no podía sentir su compañía.
Dios tenía un objetivo que cumplir en Job y lo haría sin permitir que la prueba fuera más allá de lo que podía Job resistir, así obra en nosotros la soberanía de Dios.
- (5). Los hijos de Dios sabemos la respuesta divina ante nuestras experiencias de vida.
Dios ideó la figura paterna para que de alguna manera podamos imaginar, aunque sea pálidamente la relación que Él desea entablar con cada hijo suyo.
¿Qué responde Dios a nuestras inquietudes? A Jesús le dijo: “Mi hijo eres tú, hoy yo te he engendrado? y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo?” (Heb.1:5) y a nosotros: “A todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn.1:12) Nuestro Padre Celestial tiene bajo control todo lo que ocurre en nuestra vida y mueve las circunstancias para que siempre su gloria sea exaltada. Permite las pruebas en nuestra vida para ir purificándonos y haciéndonos cada vez más parecidos a su Hijo. Él es quien nos invita “Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca” (Jer.15:19).
- (8–9). La criatura no puede hallar a Dios, si Él no se revela a su corazón.
Job insistía en que había buscado a Dios en medio de su crisis. Buscó en todas las direcciones que pudo. Spurgeon escribe: “Ésta es una de las marcas de un verdadero hijo de Dios, que incluso cuando Dios permite su sufrimiento, aún anhela su presencia”.
Es necesario para nosotros que Dios se revele a nuestro corazón, de lo contrario, supera nuestras capacidades para poder llegar a conocerlo. “Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿quién estuvo atento a su palabra, y oyó?” (Jer.23:18).
Este impedimento de hallar a Dios por nuestras propias fuerzas sólo es un testimonio de nuestra pequeñez. Dios está en todo lugar, sin embargo, nuestro pecado nos impide verlo, no por eso Él deja de estar ahí.
- (10). “Mas él conoció mi camino: probaráme, y saldré como oro”.
A pesar de los oscuros momentos que está viviendo, en estas palabras Job manifiesta su fe en Dios. Acaba de declarar que no ha podido llegar a Dios, aun así se aferra a la confianza de que Dios está en control de su crisis.
Ron Hamilton, al ser dado de alta de una operación por cáncer, tomó, entre otros este versículo y compuso el hermoso himno “Regocíjate en Él”, el coro dice:
“Regocíjate en Él, es justo y verdad,
Mi camino conoce, soy su propiedad;
Mas me probará, me limpiará,
A oro igual saldré”
Job toma satisfacción en el hecho de que sabe que Dios conoce su integridad.
Dios conoce el corazón de cada uno de sus hijos. Él espera generar en cada uno de nosotros la confianza de que Él es el soberano y “el que rescata del hoyo tu vida” (Sal.103:4).
- (11–12). La vida de los hijos de Dios debe caracterizarse por su integridad.
Desde que creímos en Jesús como nuestro Salvador, se estableció una relación única y especial entre nosotros y Él. Él nos invita a seguir sus pisadas “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.” (1a Jn.2:6).
Sin duda, en su vida Job ha dado en más de una oportunidad un mal paso, pero nunca se ha salido del camino recto.
Ha atesorado los mandamientos de Dios al punto que preferiría vivir sin comer, antes de vivir sin obedecer a su Señor.
La Palabra de Dios debe ser para nuestra alma lo que el alimento es para nuestro cuerpo.
- (13–14). La inmutabilidad de Dios debe generar en nuestro corazón confianza en Él.
Job comienza a sacar conclusiones que debemos considerar también en nuestra vida:
- Que los designios de Dios son inmutables. Lo sabe todo, no se equivoca jamás, no requiere de consejeros que lo hagan cambiar de propósito.
- Que el poder de Dios es irresistible, Él puede hacer todo cuanto quiere “Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos.” (135:6). Siempre hará lo que quiere, pues siempre quiere lo mejor, aunque a veces no lo comprendemos.
JOB 24
Prosigue la respuesta de Job a Eliphaz.
En este capítulo Job desarrolla el problema de la seguridad aparente de los impíos. Primero explica la conducta perversa que los caracteriza oprimiendo a los débiles y luego se refiere a la seguridad aparente que muestran hacia los demás, describe sus obras realizadas en la oscuridad y concluye haciendo presente lo que les debería suceder.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1). Dios ejercita su soberanía y se da a conocer cuando a Él le place. No olvidemos que Él es el Señor, nosotros sus criaturas.
El tema del tiempo, que tanto restringe a los seres humanos, no es tema para Dios, Él es eterno, no está amarrado al concepto del tiempo nuestro, esto lo ilustra la Palabra de Dios al afirmar que “… no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.” (2a Ped.3:8).
Sus designios se cumplen en Su tiempo, no en el nuestro, pero siempre en el momento preciso, nunca antes ni tarde y siempre para el beneficio de sus hijos. Esto es especialmente válido en el tiempo de la angustia. Dios ejercita nuestra fe y paciencia, junto con motivarnos a practicar la oración con mayor fervor. “¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, QUE CLAMAN A ÉL DÍA Y NOCHE…?” (Luc.18:7). Prestemos atención a lo que nos dice su Palabra: “Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.” (Jer.33:3).
- (2–8). Opresores de los pobres ejerciendo abuso de autoridad.
El mundo se caracteriza por este tipo de conducta, que a Dios no le es indiferente. Deja hacer, pero todo va quedando registrado: “Y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (Apoc.20:12). Llegará el momento en que todo lo que los malvados hicieron saldrá a la luz y serán juzgados por esos hechos. El resultado de este juicio será la condenación eterna. ¿Qué pesan, pocos o muchos, años en esta vida si los comparamos con la eternidad? ¿De qué les servirá a esos malvados haber disfrutado del fruto de su maldad, si los sufrimientos que les esperan son indecibles? ¡Qué contraste con el destino de los hijos de Dios! A pesar de lo que hayamos sufrido en esta vida, en la escuela de la obediencia donde Dios nos colocó, disfrutaremos de su eterna comunión y nos gozaremos por tiempos sin límites junto a nuestro bendito Señor.
- (13). La rebeldía de los impíos no les permite ver el camino de la vida que ofrece Dios al hombre.
Estos hombres, que piensan que son los dueños de sus destinos y que se ufanan de ser ateos o agnósticos, orgullosos de su intelectualidad, están orientando sus vidas derecho a la muerte eterna: “Hay camino que parece derecho al hombre, mas su salida son caminos de muerte.” (Prov.16:25). Sólo les espera el fruto de su rebeldía: condenación y muerte. La prosperidad de los impíos es algo que no es digno de desear. Ellos van por el camino ancho, cómodo, pues les permite aprovecharse de los más desposeídos. Sin embargo, es el propio Jesús quien nos dijo: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella.” (Mat.7:13). Prestemos atención al apóstol: “Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues aparceros con ellos” (Ef.5:6–7).
- (25). La seguridad de que Dios obra con justicia en cada ser humano mueve al hijo de Dios a vivir esperando ver a su Señor.
La seguridad de Job lo lleva a establecer un desafío a quien lo quiera tomar: “¿Quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?”
Spurgeon opina del v.25: “Job desafía a todos los hombres a contradecir lo que afirma, que los justos pueden ser grandes víctimas, y los perversos pueden prosperar por un tiempo, pero que Dios, al final, derrocará a los impíos, y establecerá a los rectos”.
Hay sólo dos palabras de recepción en la eternidad:
“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.” (Mat.25:21).
“Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí… Al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mat.25:26,30).
Aprendamos a remitir nuestra causa “al que juzga justamente” (1ª Ped.2:23) y “Encomienda a Jehová tu camino, y espera en él; y él hará.” (Sal.37:5).
JOB 25
Con este breve discurso de Bildad se cierra la participación de los amigos de Job en esta tercera ronda de discusión.
Es interesante tener en cuenta la argumentación que presenta Bildad; son dos lecciones útiles de considerar, aunque como ha ocurrido en sus intervenciones anteriores, no aplica sus argumentos de manera correcta a Job. Las lecciones son:
- Dios es majestuoso y debe ser exaltado.
- El hombre tiene una naturaleza pecaminosa.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). La majestuosidad de la grandeza de Dios.
Dios es el Señor del Universo. ¡Qué glorioso es! (Sal.19:1) Al extasiarnos en su contemplación queda manifiesto cuán impuro y culpable (por nuestro pecado) somos ante la excelsa y sublime santidad de Dios.
En el cielo hay obediencia absoluta a la voluntad de Dios y eso genera un ambiente de paz, “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento” (Fil.4:7), que es mediada por Jesús (Jn.14:27) y hecha fruto del Espíritu Santo (Gál.5:22).
En el cielo, la paz es perfecta porque allí es perfecta la santidad y perfecto también el amor, experiencia que está reservada a todos los que, en esta vida, creen en Jesús como Salvador “El que cree en mí, tiene vida eterna.” (Jn.6:47).
- (3). Los ejércitos celestiales honran la gloria de Dios.
Todas las criaturas celestes alaban y honran el nombre de Dios y exaltan la gloria de quien “todo lo que quiso ha hecho” (Sal.115:3; 135:6).
Estos seres angélicos junto a las multitudes de creyentes que ya han sido glorificados y gozan de estar en la presencia misma del Padre Celestial disfrutan de esa luz perfecta que irradia la gloria de Dios y que sólo un ser libre del pecado puede disfrutar cabalmente. Esperemos con ansías, como lo hacía el apóstol Pablo (“Teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor” Fil.1:23), el momento en que Dios nos llame a su presencia. Mientras llega ese momento consideremos la doxología que Pablo eleva en 1ª Tim.6:16 “Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver: al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.”
- (4). Dos preguntas que requieren de nuestra atención.
No tenemos la capacidad de alcanzar por nuestra justicia la justificación por nuestro pecado. La sentencia divina ha sido pronunciada y la pena establecida es CONDENACIÓN. La situación para nosotros es de extrema gravedad “No hay justo ni aun uno” (Rom.3:10) “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom.3:23). Esta es nuestra situación, entonces surge en toda su majestad el mensaje del evangelio: “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2a Cor.5:21) y la consecuencia para nosotros es: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1).
Sólo la sangre de Cristo vertida en la cruz es la fuente de nuestra salvación, sólo Cristo puede limpiar nuestra vida de pecado (1ª Tim.2:5). ¿Cómo no vivir con gratitud a quien obró en nuestro favor todo lo necesario para nuestra salvación? Pablo nos recuerda que fuimos pecadores dignos de la condenación, sin embargo, nuestra realidad hoy es tan diferente, por la gracia de Dios que ha obrado en el corazón de cada hijo suyo, hoy podemos testificar: “mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1a Cor.6:11).
- (5–6). Resolver nuestra condición miserable ante Dios escapa a nuestras posibilidades.
Los hechos narrados en Gén.3 fueron un cataclismo en la creación, el pecado afectó toda la creación, hecha para que el hombre junto a su ayuda idónea la administraran y gozaran de ella.
Hoy todo lo que vemos es un pálido reflejo de lo que fue al momento de ser creado. Lo único que se mantiene inmutable es el Creador. Dios es, en su misma esencia: inmutable. Su luz también lo es y sólo ella es capaz de llegar hasta el corazón de su criatura para revelar con claridad la condición paupérrima en la que nos encontramos sin el evangelio en nuestra vida.
Al describir a la criatura, el escritor sagrado usa dos términos diferentes (que en español tienen una misma traducción) “…el hombre que es un gusano, y el hijo del hombre, también gusano?”. En la primera mención se refiere a un ser miserable criado en la podredumbre del pecado, es decir, en la corrupción a la que Satanás ha arrastrado a la humanidad. La segunda se refiere a un gusano cuya vida es arrastrarse en la tierra.
Es cierto que no tenemos ninguna posibilidad de justificarnos por nosotros mismos, ante Dios. Eso nos supera absolutamente. Entones alzamos nuestra vista al cielo y nos encontramos con las bondadosas palabras de nuestro Señor: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera.” (Jn.6:37).
Disfrutemos la maravilla del evangelio y gocémonos en desarrollar una comunión profunda con nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo.
JOB 26
Job comienza a responder a Bildad.
La respuesta se extenderá hasta el cap.31. Esta división del discurso de Job ha sido hecha considerando el enfoque que Job da a diversos temas específicos. Por ejemplo en este caso, Job presenta dos puntos, luego de desafiar a sus amigos, se vuelca a alabar a Dios por la creación.
Job reprocha a sus amigos, porque pretendiendo ser de consuelo no han sido de ayuda, les recrimina lo inútil que resulta ser la sabiduría de la que hacen gala, pues no logran aplicarla para ser de ayuda.
Luego, Job vuelve su mirada hacia Dios y lo alaba por su poder expresado en la creación de forma maravillosa (Sal.8; 19:1–6). La conclusión de esta primera parte del discurso es que el tema de Dios les queda grande a los cuatro. No olvidemos que Dios es infinito y nosotros seres finitos. No es posible con una mente finita llegar a conocer y comprender a Dios en toda su majestuosidad (“Porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.” Rom 1:19).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–4). El apoyo del que pretende consolar al que sufre debe ser con la sabiduría que Dios provee, no con la sabiduría humana.
No olvidemos que Job le está respondiendo a Bildad. Él junto a Eliphaz y Sophar llegaron con el propósito de consolar a Job, pero traían una idea preconcebida y, en vez de actuar en consecuencia con el propósito inicial, han mostrado insensibilidad y sólo se han dedicado a acusar a Job, según sus juicios previos.
El Señor desea que sus hijos cumplan la labor de dar consuelo a los afligidos, pero en el cumplimiento de esta tarea debemos ser cuidadosos para no abrumar al que sufre. El afligido no necesita de nuestra sabiduría humana para ser sustentado, sólo la Palabra de Dios es la que trae paz al corazón atribulado.
“La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él.” (Col 3:16–17).
- (5–13). El maravilloso poder de Dios reflejado en la creación.
Job, consciente que de sus amigos no recibirá una ayuda eficaz para atenuar su dolor, cambia su punto de referencia, vuelve su mirada a Dios y pone el acento en: la gloria y el poder infinitos del Creador. Con los argumentos que Job expone, reafirma que Dios está en todo lugar, no hay ni un solo espacio en todo el Universo donde no esté la presencia de Dios (Sal.139:7–16).
- (7) “cuelga la tierra sobre nada”. Mientras las ideas populares echaban a volar la imaginación para explicar dónde estaba sustentada la tierra, Job usa una expresión que se adelanta siglos a los avances científicos. Lo que pasa es que la grandeza de la obra de Dios es mostrada por Él mismo a su siervo.
- (8) “Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas”. Es increíble cómo toneladas de agua viajan en las nubes hasta que llegan al lugar que Dios ha dispuesto que precipiten. La creación expresa la grandeza de su diseñador, todo lo hecho tiene un propósito, nada resultó del azar. “¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿quién encerró los vientos en sus puños? ¿quién ató las aguas en un paño? ¿quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Prov.30:4).
- (10) “El cercó con término la superficie de las aguas, hasta el fin de la luz y las tinieblas”. Mientras se debatía la planitud de la Tierra, Job reconoce en estas palabras la curvatura de la tierra y de la naturaleza curva del horizonte.
En fin, cada texto en esta sección del Cap.26 deja a la luz la grandeza del Creador reflejada en el resultado de lo hecho.
- (14). Los hombres sólo podemos ver una parte ínfima de la grandeza de la creación y de la gloria de su Autor.
No olvidemos que estamos en un libo poético. Job expresa en lenguaje poético lo que el hombre puede ver de la grandiosa obra creadora de Dios y lo ilustra al hacer referencia que lo que podemos observar es tan sólo una parte mínima de todo lo creado.
Y a pesar de eso, es abrumador pensar en que todo lo creado funciona siguiendo las Leyes que Dios fijó al momento de ir creando cada cosa de lo hecho. Ese es el poder de nuestro Padre Celestial (Jn.1:3; Rom.11:36).
Job 27–31: Dos monólogos por Job:
JOB 27
En esta parte del discurso de Job, respondiendo a Bildad, toma tres temas:
- Comienza hablando de Dios y testifica de su propia rectitud confirmando que su resolución es mantenerla firmemente(1–6).
- Reflexiona sobre el miedo que le producía la hipocresía de la que lo acusaban sus amigos (7–10).
- Concluye el capítulo con Job mostrando el final miserable que espera a los malvados, que no importa que tan larga haya sido su prosperidad en esta vida, a ellos y a sus familias les espera la maldición de haber vivido en rebeldía hacia Dios (11–23).
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2a). ¡Vive Dios!
Considerando la existencia de Dios, la Biblia parte con una declaración que abre la narrativa bíblica: “En el principio crio Dios los cielos y la tierra.” (Gén.1:1). Más adelante el mismo Dios se rebela a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.” (Éx.3:14). El eterno Dios, simplemente ES, ha existido desde la Eternidad y hasta la Eternidad. No hay ni un atisbo en Su Revelación Especial (la Biblia) de probar su existencia. No es necesario. El apóstol Pablo nos dice que “las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables” (Rom.1:20 ). Sólo debemos creer que ¡Vive Dios! Y nosotros vivir en consecuencia de esa realidad.
- (2b–4). La aflicción profunda confunde la mente del que sufre.
Job, conoce a Dios, sabe de sus perfecciones, lo ha disfrutado por largo tiempo, y ahora le ha tocado vivir una prueba, que para él resulta inesperada e incomprendida. Esto nubla su raciocinio. Piensa que Dios lo ha abandonado, que no ha acudido en su socorro con la premura que debía hacerlo. Es un conflicto que Job no puede resolver en su corazón. Sin embargo, si bien ha hablado de una manera impropia hacia Dios, eso no lo hace abandonar su confianza en la justicia de Dios. A pesar de todo, su confianza en la bondad de Dios lo sostiene.
Si estas pasando por aflicciones, evita levantar tu dedo acusador a Dios, búscalo en medio de tu dolor, pon tu confianza en que es misericordioso y bondadoso, que acudirá a ti en el momento preciso “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.” (Sal.145:18).
- (2). Una alusión a Jesucristo: “Vive Dios, el cual ha apartado mi causa”.
Si nosotros sufrimos, es consecuencia de nuestro propio pecado. Sin embargo, Jesús, nuestro Salvador amado, tuvo que experimentar el abandono efectivo de su Padre por causa de nosotros. Él estuvo dispuesto a cargar sobre sí nuestra culpa (Is.53:8; Hech.8:33). Él conoce: de la soledad profunda y del dolor por el abandono real de Dios Padre, es una experiencia exclusiva de Jesús. Por eso comprende tan bien nuestro estado de aflicción. Depositemos en Él nuestra confianza y pidamos su fortaleza para enfrentar el dolor tomados de su mano.
- (3–6). La integridad de los hijos de Dios no debe estar supeditada a una vida placentera, libre de dificultades.
Pase lo que pase, el hijo de Dios debe mantener su integridad. Vivir vidas rectas es parte del testimonio de que hemos sido transformados por el poder de Dios obrando en nuestro corazón. El perdón de nuestros pecados es un perdón total, Dios ya no nos cobrará esa cuenta, fue cargada por Su Hijo en la cruz. No debemos vivir esclavos de los recuerdos de una vida pasada manchada de pecados, Si nos hemos arrepentido de todo corazón y hemos pedido perdón a Dios, Él no desea que tengamos que soportar una conciencia de culpabilidad por nuestro pasado. “Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” (Is.1:18 ).
- (8). Las esperanzas de los impíos son vanas.
La situación del pecador ilustrada, en este caso, por los hipócritas, es la peor de las condiciones en que una criatura puede estar, porque se sustenta en ilusiones vanas, es como el espejismo que un desfalleciente aventurero ve en medio del desierto, caminará hasta extenuarse y nunca llegará a las aguas que saciarán su sed.
- (8–10). Las circunstancias que rodean al hijo de Dios nunca deben empujarnos a actuar como los pecadores que han rechazado el evangelio.
Hasta este momento, los amigos de Job lo han acusado inmisericordemente de ser un hipócrita, que se niega a reconocer su pecado y, de una vez, pedir perdón para ser restaurado a su condición anterior. Job sostiene que él no ha sido un hipócrita, que su argumento de haber vivido de manera íntegra ante Dios es veraz. Esta consecuencia de vida, en la conducta de Job, es una gran lección para nosotros hoy. Dios espera, de cada uno de sus hijos, que los enemigos del evangelio no puedan sacar en cara nada que opaque Su gloria.
- (11). Los hijos de Dios debemos aprender a reconocer Su mano obrando en nosotros.
La idea popular (en días de Job) de que Dios obraba la retribución según fuera la conducta de la criatura, era el punto de choque entre Job y sus amigos. Mientras sus amigos sólo lo acusaban agriamente, Job, sabía que no había cultivado pecados que pudieran llegar a causarle el sufrimiento tan intenso que estaba viviendo.
La conclusión de Job es: no todo sufrimiento es consecuencia del pecado ni toda prosperidad es recompensa por llevar vidas rectas.
Dios obra en sus hijos para formar en ellos el carácter de Cristo. Esto muchas veces implica la acción de la mano correctiva de Dios en la vida de sus hijos. No olvidemos que somos pecadores redimidos por la sangre de Cristo, pero la vieja naturaleza nos acompañará hasta el momento de nuestra muerte.
- (11–23). Los pecadores enfrentarán consecuencias indecibles por su rebelión contra Dios y por haber rechazado la salvación ofrecida por Él por medio de su Hijo.
En este extenso párrafo Job argumenta las consecuencias que sobrevendrán a los impíos, a quienes Dios tomará cuentas de sus crueles acciones y de su falta de consideración de todo lo que Dios ha hecho en favor de ellos (Apoc.20:12).
Podrán acumular grandes riquezas. Sin embargo, les esperan palabras como las que recibió el rico insensato: “Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.” (Luc.12:20–21).
- (13). El juicio sobre los pecadores es inevitable.
A los hijos de Dios, este juicio no nos alcanzará. Dios ya cargó su justicia sobre su Hijo. Jesús ocupó nuestro lugar, su muerte sustitutiva nos deja libres de tener que pagar por nuestros pecados. Pero, es estremecedora la realidad de quienes rechazan lo que Dios ha hecho por sus criaturas. La porción de algunos malvados en esta tierra podrá ser riqueza, honores, reconocimiento de sus pares, pero la porción eterna, de Dios para todos ellos, invariablemente es ruina y miseria. Ese es el resultado de cerrar el corazón al evangelio.
JOB 28
Prosigue Job, ahora se dedica a reflexionar sobre la sabiduría.
Describe cómo el hombre se esmera en buscar los tesoros materiales en primer lugar. Entonces, se detiene y pregunta “¿dónde se hallará la sabiduría?” (v.12). Sólo Dios es la fuente de la sabiduría.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–3). La búsqueda de tesoros en la tierra.
Job describe en estos vers. toda una faena minera. Los esfuerzos que el hombre hace por llegar hasta el lugar donde yace la plata y el oro, el trabajo de fundición para extraer el hierro. La iluminación necesaria para bajar a las profundidades en busca de las riquezas escondidas. Es un esfuerzo inmenso, el que los hombres están dispuestos a hacer, con tal de alcanzar los tesoros materiales. En un país minero como el nuestro a muchos nos ha tocado conocer parte de ese esfuerzo, que se extiende desde los días de Job hasta los nuestros.
Que contraste hallamos cuando este esfuerzo, a veces casi inhumano, por obtener riquezas lo comparamos con las palabras del apóstol Pablo: “Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto.” (1a Tim.6:7–8).
Lo mejor es prestar atención al consejo del Señor: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: PORQUE DONDE ESTUVIERE VUESTRO TESORO, ALLÍ ESTARÁ VUESTRO CORAZÓN.” (Mat.6:19–21).
Aquí la gran pregunta es personal: Hermano ¿dónde está tu tesoro? Pablo nos insta: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Col.3:2).
- (6–11). Los esfuerzos para lograr extraer las riquezas de la tierra impiden al hombre alzar su mirada al cielo.
Por explotar minas de oro o de piedras preciosas se hacen grandes obras de ingeniería: se desplazan glaciares, se desvían cursos de agua, se cavan túneles de kilómetros bajo la tierra, algunos se desarrollan bajo el mar, en fin, es un trabajo arduo que ocupa toda la atención del hombre. Esas faenas absorben todas sus energías, sólo tienen tiempo para eso. A veces, logran riquezas importantes, pero, ese afán, por hallar lo que piensa que está ahí, a la mano, lo aleja de lo que realmente importa. Trabaja toda la vida por cosas que un día tendrá que dejar atrás y en ese momento, ya tarde, verá lo vano que fue ocupar de manera tan ruin su tiempo. Poner todo su esfuerzo en lo terreno le impidió ver lo celestial y, en un abrir y cerrar de ojos se encontrará enfrentado a Dios y, sin haber cultivado lo que es provechoso eternamente, como la historia del rico y Lázaro, irá a parar al infierno, de donde nunca más podrá salir y dónde las riquezas terrenales de nada le servirán para atenuar el sufrimiento y el ambiente demoníaco que ahí existe por tiempos sin fin. Recuerda: “Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.” (Mat.6:21) y “No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.” (2a Cor.4:18).
Hay una reflexión más que podemos hacer de esta presentación que hace Job. Y es ésta: Que gran y persistente esfuerzo está dispuesto a hacer el minero por obtener un bien preciado que sabe que será un botín de gran valor ¡Ojalá nosotros fuéramos tan persistentes en la búsqueda del conocimiento de Dios! Pero ¡cuánto nos cuesta ser perseverantes en la lectura de la Biblia, en meditar en su mensaje! No estamos dispuestos a cultivar la disciplina de escudriñar las Escrituras. “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” (Jn.5:39).
- (12–20). “¿dónde se hallará la sabiduría?”
Los hombres buscan arduamente y están dispuestos a soportar hasta peligros de muerte por el bien de las riquezas de esta tierra; pero todo eso es fácil comparado con la búsqueda de la sabiduría.
- (21–28). He aquí la fuente de la sabiduría y de la inteligencia.
La verdadera sabiduría está oculta a los ojos de la criatura, el hombre maneja mucho conocimiento pero eso no es sabiduría. El camino a la verdadera sabiduría sólo Dios lo conoce, las leyes que puso para que rigieran la Naturaleza son una pista que debemos tener presente pues apuntan hacia el tesoro escondido que deberíamos desear encontrar: la sabiduría y la inteligencia. El apóstol Pablo nos da una pista valiosísima: “Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios” (1a Cor.1:24) y Salomón dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” (Prov.1:7).
La verdadera sabiduría mana del propio Dios, luego sólo se encuentra cuando cultivamos una comunión estrecha con Él. Él es la fuente de la verdadera sabiduría.
Si la sabiduría se pudiera ganar por simple esfuerzo humano, como se hace con los metales y piedras preciosos que se sacan del seno de la tierra, entonces el temor de Jehová no sería esencial para obtenerla. Pero, como la sabiduría viene de Dios, sólo Él la puede revelar al corazón de su criatura. “Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta.” (v.21).
“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado a los niños.” (Mat.11:25). El evangelio es sabiduría de Dios para el corazón del ser humano y Él lo revela a quien Él quiere.
JOB 29
Job se da un tiempo para recordar lo que había sido su vida pasada.
Cómo gozaba de una bendecida relación con Dios y eso se reflejaba en su relación con la gente con la que tenía que interactuar a diario.
Se detiene a pensar en el antiguo sentido de seguridad y confianza, su autoridad y liderazgo en la comunidad.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). El tiempo es un bien irrecuperable, siempre avanza, jamás retrocede.
Si dejamos de hacer algo que era necesario, hemos perdido ese tiempo de manera irrecuperable.
Hay quienes dicen: “Lo haré ahora” y efectivamente proceden y lo hacen, sin embargo, al actuar así, para hacer lo que tenían pendiente, se han visto obligados a dejar de lado lo que tenían que hacer en ese momento.
Hay otros que se inmovilizan pensando en todo lo que hicieron en algún momento de la vida y, al detenerse en esto, dejan de hacer lo que debían estar haciendo en ese instante.
El consejo de la Palabra de Dios es: “Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos.” (Ef.5:15–16), y “Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo.” (Col.4:5).
- (5). Nuevamente vemos que: la aflicción vivida sin tomarnos de la mano de Dios nos lleva por caminos extraños.
Así como los amigos de Job lo habían prejuzgado y, sin juicio de por medio, lo declararon culpable de pecados, que ellos ignoraban, Job actúa indebidamente al recordar a Dios como un ser que está ausente en su vida, que lo ha abandonado en medio del dolor. No porque nosotros pensemos de alguna manera de Dios, Dios va a cambiar, Él es inmutable. La realidad es que el proceso es al revés, nosotros estamos siendo transformados cada día. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.” (2a Cor.3:18).
En el caso de Job, Dios está pronto a mostrarle que ha estado presente en medio de todas sus pruebas. Esto debe ser un gran consuelo cuando nos toca pasar por sufrimientos y aflicciones.
- (7–17). La integridad del creyente debe ser reconocida por todos.
En este extenso párrafo encontramos a Job haciendo un recorrido de los privilegios que pudo gozar antes del tiempo de Job 1 y 2. Se refleja una vida íntegra, como debería ser la de todo hijo de Dios.
Si bien, para el mundo somos lo último, más aún en estos días infestados por la ideología de género, nuestra conducta impacta, los impacta y aunque les cuesta reconocerlo, un creyente íntegro gana el respeto del mundo que lo rodea.
Nuestra tarea es vivir conforme a lo que nuestro Padre Celestial ha preparado para cada uno de sus hijos. Es un camino específico y único para el creyente, no existen dos caminos iguales; similares sí, iguales no. Por ejemplo, en un matrimonio, claramente son dos caminos, pero que concurren en intereses comunes y en elementos que los hacen complementarios entre sí.
Dispongámonos a ir por el camino que Dios nos ha preparado y demos gloria al Señor por todos los compañeros de milicia que se sumarán a esta solicitud (Ef.2:10).
JOB 30
Luego de haber recordado lo que fue su gloria pasada, Job se detiene a ver su situación de miseria actual.
Muestra su dolor por la pérdida del respeto que le tenían las personas que lo rodean. Deja de manifiesto el carácter de quienes se burlaban de él, Job soporta las injustas burlas que recibe especialmente de los hijos de los más viles representantes de la sociedad de esos días.
El dolor de su miseria lo agobia tanto espiritual como físicamente.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este
- (30) El sufrimiento de nuestro bendito Salvador.
Cual Salmo mesiánico, como el Salmo 22, leer en este capítulo el desprecio que estaba viviendo Job especialmente de los seres más bajos de la sociedad, nos debe llevar a meditar en lo maravillosa que es nuestra Salvación, a la que Pablo se refiere como una “salvación grandiosa” (Heb.2:3). El Autor y consumador de la vida, el Hijo de Dios, que a la sola fuerza de su Palabra las cosas fueron (Gén.1), estuvo dispuesto a recibir las burlas del mundo, los vejámenes más bajos que muestran en todo su “esplendor” la bajeza del ser humano sumido en su pecado (Luc.23:35–43). Y lo hizo porque era la única manera de que la justicia de Dios fuera satisfecha y pudiéramos, hacer propio ese sacrificio, y volvernos a Él de todo corazón (Hech.4:12). Pidámosle al Señor que al leer este trozo de su Palabra podamos ver reflejada la actitud de un Dios que por amor a sus criaturas lo dejó todo, dejó su gloria, su lugar de privilegio, su comunión perfecta con su Padre para enfrentar en una cruenta cruz todo el peso de la justicia del Padre por el pecado de la humanidad (Fil.2:7–8).
- (9). No se debe esperar consuelo de parte del mundo, ellos están al asecho para burlarse del afligido e intentar sacar provecho para sí de la situación.
Si el cap.29 nos muestra la gloria que alguna vez disfrutó Job, ahora lo vemos en las profundidades del desprecio humano (vs.1–14). ¿No es acaso esta la experiencia que vivió nuestro Salvador? Un día el pueblo le aclamó “Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor” (Jn.12:13) y no había transcurrido una semana y ahora los encontramos vociferando: “Crucifícale, crucifícale.” (Jn.19:6). En todo su trance de sufrimiento, la experiencia de Job ilustra lo que estuvo dispuesto el Hijo de Dios, Jesús, el Mesías prometido, a sufrir para darnos la oportunidad de ser reconciliados con el Padre Celestial, de otra manera no habríamos tenido ni una sola posibilidad de llegar a él. No olvidemos que, nuestros pecados han hecho división entre Él y nosotros (Is.59:2).
No hagamos del sacrificio del Hijo de Dios algo vano, acudamos a Él en oración, confesándole nuestros pecados y Él ha prometido que nuestros pecados serán borrados y que seremos hechos hijos de Dios (Jn.1:12).AMÉN.
JOB 31
Concluye Job su argumentación.
Sus amigos lo han acusado de diversos pecados, ahora es el turno en el discurso de Job de proclamar su inocencia y descargarse de las acusaciones falsas. Afirma que: había puesto freno a la lujuria, no era culpable de fraude en sus negocios, no había cometido adulterio, era respetuoso del derecho de sus trabajadores, era compasivo con los más desposeídos, no tenía puesta su confianza en las riquezas, no era idólatra, ni vengativo, no encubría sus pecados como lo hacen los hipócritas, no abusaba de su poder.
Luego apela al juicio de Dios en defensa de su integridad.
En las palabras de Job podemos apreciar la lucha entre el bien y el mal y lo que ya en días de Job la sociedad condenaba como pecaminoso.
Job es un gran ejemplo de virtud evangélica que se nos propone como modelo de vida.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–4). La concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida que nos lleva a amar al mundo pueden hacernos sucumbir en el pecado.
El apóstol Juan nos instruye: “Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. ” (1a Jn.2:16).
En un mundo cargado de lujuria, qué fácil es caer, basta descuidarnos un poco de nuestra relación de santidad con nuestro Padre Celestial para que Satanás nos ataque en este campo. Job nos da un consejo que nos puede librar de caer, si nos apropiamos de él: “Hice pacto con mis ojos: ¿cómo pues había yo de pensar en virgen?” (v.1) Su lucha con la lujuria era tan fuerte como lo puede ser hoy. Llama la atención que usa la expresión “Hice pacto”, es una expresión legal, este era un acuerdo solemne que si se rompía, la parte que lo hacía era culpable de muerte. Así de grave consideraba Job que era poner su vista en una mujer que no fuera su esposa.
- (5–8). No hay cosa que se pueda ocultar a los ojos de Dios.
La advertencia es muy solemne: “No os engañéis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gál.6:7). Hay quienes nunca se logran dar cuenta que su forma de actuar en los negocios es lo que les impide surgir.
“El peso falso abominación es a Jehová: mas la pesa cabal le agrada.” (Prov.11:1). Trabajar cuando el jefe nos está mirando y, si no, sacar la vuelta, llegar tarde al trabajo e irse antes, incumplir órdenes de nuestros superiores y todo lo que implique producir un daño a quién nos contrata para hacer un trabajo es el peso falso que Dios abomina.
- (9–12). Una prueba de integridad es la lealtad con la esposa, el adulterio rompe el vínculo matrimonial.
Este párrafo complementa los vs.1–4. Job, evitaba la lujuria y esa conducta lo protegía de caer en adulterio. Observemos dos citas del apóstol Pablo: “¿No sabéis que los injustos NO poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, NI LOS ADÚLTEROS… ” (1a Cor.6:9 ) y “Honroso es, en todos, el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios.” (Heb.13:4).
- (13–15). La benignidad de Dios debe ser reflejada en la conducta de sus hijos.
Reconocer los derechos de los demás, es parte de una conducta íntegra. Job argumenta dos razones para justificar este comportamiento en todo hijo de Dios:
- Seremos sometidos al juicio divino: “Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala.” (12:14).
- Todos formamos parte de la raza humana, somos criaturas de Dios todos por igual, “El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él?” (15).
- (26–28). ¡Cuidado con el engañoso corazón que tenemos!
La idolatría es un pecado mucho más sutil de lo que pensamos, el mandamiento expreso es: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder.” (Deut.6:5). Cualquier cosa que ocupe en nuestro corazón ese lugar, exclusivo de Dios se convierte en un ídolo (hijos, trabajo, deporte, hobby o pasatiempo, por mencionar algunos ejemplos que tal vez para muchos no son evidentes).
Pidamos al Señor que nos libre de caer en este pecado. Es tan abominable como el adulterio, mientras éste rompe el vínculo matrimonial, la idolatría rompe el vínculo de la criatura con Su Creador.
Job 32–37: Cuatro monólogos por Eliú:
JOB 32
Con las palabras de Job, en el capítulo anterior concluyen las tres rondas de discusión de Job con sus tres amigos.
Ante el silencio de los tres amigos al último discurso de Job, aparece en escena Eliú, quien ha estado siguiendo atento todo, pero ha guardado silencio por ser el menor. Eliú habla porque no ha quedado satisfecho con las respuestas que ha escuchado y, a pesar de su juventud, se siente impelido a entregar su mirada de lo que acontece.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). Los antecedentes genealógicos de Eliú corroboran la historicidad del relato de Job.
De los amigos de Job, el único que tiene una genealogía asociada es “Eliú, hijo de Barachêl, Bucita, de la familia de Ram”. La mención de su genealogía es importante, porque nos recuerda que Eliú no era un personaje de ficción. Esto permite confirmar que, lo que hemos estado leyendo corresponde a un acontecimiento histórico, luego todas las enseñanzas que ya hemos compartido, y las próximas son, en cierta manera, aplicables a nuestra vida y es valioso aprenderlas y aplicarlas en ella.
En Gén.22:21, aparece una mención a Buz, hijo de Nachôr, hermano de Abraham, que tuvo con su esposa Milca: Uz su primogénito (hay quienes sostienen que es de donde viene Job), y Buz, su hermano.
- (7,9). La edad no es garantía de sabiduría.
La verdadera sabiduría viene de Dios. Aunque no tenemos certeza de su edad, Salomón la pidió aprox. a los 20 años de edad y Dios le respondió haciéndolo el hombre más sabio en la historia de la humanidad (1° Re.3:5–13).
No confundamos experiencia de vida con sabiduría. Eliphaz, Bildad y Sophar, tenían experiencia de vida y, según ella, condenaron a Job con acusaciones falsas, porque carecían de sabiduría. La sabiduría es un bien escaso, no la esperemos donde pensamos que naturalmente debería estar. No olvidemos que no tenemos la capacidad de ver lo que hay en el corazón de las personas que se precian de sabías. Tengamos presente estas condiciones propias de la naturaleza humana: Jer.17:9 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” y Rom.12:3 “Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
Oremos al Señor como nos aconseja Stgo.1:5 “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada”.
- (8). Si deseamos la sabiduría de lo alto, debemos doblegar nuestra voluntad a la de Dios.
Tengamos presente que “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” (Prov.1:7). Alcanzar la sabiduría requiere necesariamente poner por delante el temor de Jehová. Da la impresión de que muchos creyentes prefieren actuar como insensatos despreciando la sabiduría y la enseñanza. Salomón nos advierte: “Busca el escarnecedor (burlador, ofensivo) la sabiduría, y no la halla: mas LA SABIDURÍA AL HOMBRE ENTENDIDO ES FÁCIL.” (Prov.14:6).
JOB 33
Prosigue Eliú.
Comienza pidiéndole a Job que acepte lo que va a decir, dándole a entender que, en sus palabras, ha deslizado la idea de que Dios no lo estaba tratando como él se merecía. Entonces, centra su reflexión en dos aspectos: El dominio de Dios sobre su creación es muestra de su soberanía y que Dios trata al hombre con benevolencia, incluso cuando éste pasa por momentos de aflicción.
Job se había quejado de su situación (enfermedad, pérdidas y dolor), el argumento de Eliú es: así son los sabios métodos de Dios para que Job incremente su comunión con Él, al ejercitar la paciencia y la esperanza, es decir, no era efectivo lo que sostenía Job de que eran muestras de la ira de Dios sobre él, ni evidencia de que fuera un hipócrita, como opinaban sus amigos.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (9). ¡Cuidado con escuchar lo que queremos y no lo que nuestro prójimo nos dice!
Eliú argumenta que Job se ha declarado limpio y sin defecto e inocente y sin maldad. Pero, hemos visto a Job decir: “¿Por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?” (7:21); “Si yo me justificare, me condenará mi boca; si me dijere perfecto, esto me hará inicuo.” (9:20); “sé que no me darás por libre (por inocente)” (9:28). Es muy importante aprender a escuchar todo lo que nuestro interlocutor nos tiene que decir, sólo así podremos ofrecer una palabra de aliento correctamente orientada.
- (13). La soberanía de Dios es absoluta.
Dios actúa según su soberana voluntad. No requiere dar explicaciones a nadie por su conducta. Sólo Él es suficiente por sí sólo. Él actúa con justicia perfecta, a nadie le da más ni menos de los que está en sus planes concederle.
- (14–15). En el Nuevo Testamento Dios se revela por medio de su Hijo a través de la Palabra escrita.
Eliú está haciendo alusión a la situación de sus días, sin embargo, así como Dios se revelaba a sus criaturas en esos días, lo hace en los nuestros. El apóstol Pablo nos exhorta en Heb.1:2 “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo”.
- (16–18). La misericordia y la bondad de Dios se expresan en lo que Él permite que suceda en nuestra vida.
Esta vida es una Escuela para aprender la Obediencia, especialmente nuestra obediencia a Dios. Dios nos toma y trabaja con nuestro ser completo, va puliendo las imperfecciones propias de un ser pecador. Nos va refinando para llegar a ser una joya preciosa en sus manos. Él conoce nuestras debilidades mejor que nosotros, y las trabaja para eliminarlas.
Aceptemos que somos barro en las manos del alfarero por excelencia, dejémonos moldear por nuestro bendito Señor.
- (19–28). Dios habla a nuestro corazón incluso desde el sufrimiento de la enfermedad.
Los recursos de Dios son ilimitados. Él los usa en forma magistral en la vida de sus hijos para hacer realidad las palabras de Pablo: “Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, LA PERFECCIONARÁ HASTA EL DÍA DE JESUCRISTO” (Fil.1:6). El interés superior de Dios para nosotros es prepararnos para el día en que seremos integrados a las huestes celestiales por toda la eternidad. En ese proceso la sabiduría de Dios se expresa de diversas maneras y nunca extravía la dirección: perfeccionarnos hasta el día glorioso en que iremos a gozarnos junto a Él.
Hoy la enfermedad puede ser dura, pero mañana veremos que da fruto de bendición en la vida de los hijos de Dios.
Sometámonos a la mano correctora de Dios para que nuestra alma (de valor eterno) sea restaurada. Reconozcamos ante Dios nuestros pecados y confesémoselos a Él, de Él recibiremos el perdón y la vida eterna.
- (29–30). La paciencia de Dios obra a nuestro favor.
Qué gran amor tiene Dios por sus hijos rebeldes. Nos apartamos de sus caminos y ahí está pronto a actuar con su disciplina correctiva una y otra vez. Es cosa de recordar la historia de Israel que ya hemos visto, y, por qué no decir más justamente: es cosa de fijarnos en nuestra propia vida y ver cómo hemos sido objetos de su paciencia para atraernos hacia Él. “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor…” (Os.11:4).
JOB 34
Continúa la intervención de Eliú dirigiéndose a Job y a sus amigos.
A Job le hace ver que, en su dolor ha tenido expresiones en las que ha errado. Entonces, hace un recorrido por algunos atributos de Dios, para que los cuatro tomen consciencia a quien están enfrentados.
Resalta: la justicia de Dios, su dominio soberano, su omnisciencia, la severidad de Dios para tratar a los pecadores, su providencia expresada en el gobierno de todo el Universo .
Prosigue indicándole a Job cómo debería hablar y luego pretende traspasar a la consciencia de Job el reproche por mostrar descontento.
Job escucha con paciencia a Eliú, quien ha emitido sus juicios por lo que ha observado en las intervenciones que lo precedieron. La diferencia entre los otros amigos de Job y Eliú es que ellos lo acusaron erróneamente, achacándole conductas pecaminosas sobre las cuales Job tenía su consciencia tranquila, mientras, Eliú, le hace ver elementos que Job probablemente ya había comenzado a reprocharse a sí mismo.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (10–12). La justicia incontestable de Dios.
La justicia perfecta de Dios nunca perjudica a sus criaturas, su conducta es siempre recta (a diferencia de la nuestra). En Él no hay espacio para la impiedad y la iniquidad, ambas son incompatibles con la naturaleza de Dios. Él no comete injusticias ni pervierte el derecho para acomodarlo a la supuesta conveniencia de cada ocasión. Esto le permite dar a cada criatura lo que en justicia le corresponde.
- (13–15). El dominio soberano de Dios.
La soberanía de Dios es expresión de su poder. Todo lo que existe es porque Él así lo permite. Él es el Soberano absoluto del Universo. No obedece a las órdenes de un tercero. Su poder es irresistible tanto para las criaturas como para los elementos inanimados e incluso la nada misma, como queda de manifiesto en el acto de creación que leemos en Gén.1. Todo lo que ocurre sucede porque Él lo permite.
- (19). Para Dios todos los seres humanos tenemos igual valor, no hace acepción de personas.
Nos resulta difícil comprender esta realidad. Pero así es. Sólo un Dios infinito puede tener en su mente y preocupación en simultáneo a toda la humanidad y darle a cada uno el trato justo que se merece. No pretendamos comprender cómo lo hace, (“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios.” Deut.29:29).
Si Dios no hace acepción de personas, nosotros debemos imitarlo y velar por entregar el mensaje del evangelio a todos los que Dios pone a nuestro alcance.
- (21–22). ¿Quisieras huir de la presencia de Dios? Es imposible, Dios es omnisciente.
David se pregunta “¿Adónde huiré de tu presencia?” Sal.139:7. Y comienza a probar diferentes posibilidades: arriba en el cielo, en los abismos, en el extremo del mar, etc. y concluye que es imposible salir de la presencia de Dios. Tomar conciencia de esta perfección divina debería ayudarnos a vivir vidas más santas. Tener conciencia de que Dios está en todo lugar es un asunto vital para el creyente. David se ve impelido a cerrar el Sal.139 con una oración en forma de ruego que brota de su corazón: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Sal.139:23–24.
- (24–28). La severidad de Dios con los pecadores debería restringir nuestro afán de pecar.
La santidad de Dios le impide quedar indiferente ante el pecado del hombre. Como hijos de Dios estamos llamados a ser cada día más cómo es nuestro Padre Celestial (Ef.5:1).
“Jehová es tardo para la ira, y grande en poder, y no tendrá al culpado por inocente.” (Nah.1:3). La ira de Dios está sobre los pecadores que rechazan la salvación grandiosa que Él ha preparado, desde la Eternidad, para que gozáramos de ella. Por eso establece a firme: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Jn.3:36). La condenación del incrédulo es un acto justo dentro de la justicia de Dios, ante sus ojos no hay nada, absolutamente nada oculto. Y su disciplina se ejerce sobre todos y, especialmente sobre todas las actuaciones del hombre.
- (29–30). Dios aplica su providencia para gobernar el Universo.
Dios ejerce su control, incontrarrestable, sobre toda su creación. Su dominio es absoluto sobre todos los asuntos del hombre.
- (32). Cuando tomamos conciencia de quién es Dios, nuestra sumisión a Él debe ser total.
Esta oración que registra Eliú es el equivalente a un salvavidas que nos permite mantenernos a flote: “Enséñame tú lo que yo no veo: que si hice mal, no lo haré más”. Es un ruego que nace del corazón del creyente que ha ido tomando conciencia de quién es nuestro Padre Celestial y de cómo el amor que Él mismo ha derramado en nuestros corazones nos mueve a vivir con el deseo de agradarlo en todo, viviendo según las normas que soberanamente Él ha dispuesto para sus criaturas.
- (34). Una clase magistral de Teología.
Este capítulo es una verdadera clase de Teología Sistemática, el profesor Eliú nos ha instruido en algunos aspectos altos, que, si no es Dios quien las revela, están más allá de la comprensión del ser humano. Oremos pidiendo al Señor nos bendiga con el discernimiento requerido para poder conocerlo más profundamente cada día.
JOB 35
(Para empalmar mejor con el discurso de Eliú, es conveniente iniciar la lectura de hoy en Job 34:34).
Job está oyendo los razonamientos que hace Eliú, le ha llamado la atención que se ha distanciado de las acusaciones claramente vanas de sus tres amigos. Ante el silencio de Job, Eliú, por tercera vez, se dirige a él, desea mostrarle que algunas de sus palabras han sido expresiones necias y que debe retractarse de ellas. Él estima que Job ha afirmado que la piedad es algo inútil e intenta convencerlo de que no es así. Además, le objeta que se haya quejado de Dios por no escuchar el clamor de los oprimidos. Y ha mostrado desesperación por la tardanza de Dios en actuar y volver a contar con su favor, pero, en este caso, Eliú le muestra a Job la razón de ser de esa tardanza.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (5). La grandeza de Dios está reflejada en la enormidad de los cielos.
Eliú dirige la mirada de Job y sus amigos al cielo, a las nubes, para hacerles notar que Dios es mayor que todo lo que logramos ver y conocer, continúa la presentación de Dios que ha iniciado en el cap.34. El Dios de la Biblia es infinito, todopoderoso, “todo lo que quiso ha hecho” (Sal.115:3). ¿De qué tamaño es tu Dios? El mundo imagina sus dioses, los hace a su medida, la siguiente descripción debe hacernos pensar sobre esto: “Los ídolos de las gentes son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tampoco hay espíritu en sus bocas. Como ellos son los que los hacen; todos los que en ellos confían. ” (Sal.135:16–18).
El Dios de la Biblia es digno de nuestra confianza, no hay otro como Él. “Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra; no hay otro” (Deut.4:39).
- (10–14). ¿Por qué hay oraciones en las que no recibimos respuesta?
Eliú establece tres motivos que impiden que nuestras oraciones sean atendidas por nuestro Padre Celestial:
- (10,12). El orgullo del ser humano impide que Dios preste atención a las palabras de su criatura. Dios es nuestro Creador y Señor, por lo tanto, deberíamos buscarlo permanentemente. Es muy interesante como se plantea el tema: “Ninguno dice: ¿ Dónde está Dios, mi Hacedor…?”. los hombres buscan a Dios en su momento de necesidad, pero su búsqueda a menudo no es sincera. No reconocen a Dios como su Hacedor. Si deseamos que nuestras oraciones lleguen al Trono de la Gracias de Dios debemos dejar atrás la “soberbia de los malos” y con un corazón contrito y humillado vaciar nuestro corazón a Dios.
- (13). Oraciones elevadas con malos motivos no serán respondidas. “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Stgo.4:3). Nunca olvidemos a quien estamos elevando nuestras oraciones, es al Todopoderoso Dios, al Dios que nos conoce íntimamente, que sabe lo que hay en nuestros pensamientos, incluso sin que los digamos. Por eso es por lo que David pide al Señor que lo analice en profundidad y ora: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Sal.139:23–24.
- (14). Está probando la paciencia y confianza en Él. Los tiempos de Dios no son los nuestros. Los objetivos de Dios, habitualmente, difieren de los nuestros, que son terrenales, atados a lo temporal, esos “tesoros en la tierra” a los que se refiere Jesús en el Sermón del Monte (Mat.6:19–21). Dios está mucho más cerca de lo que pensamos, Él todo lo sabe, jamás apurará una respuesta si eso nos perjudicará de una u otra forma. Sólo Él es digno de toda confianza, su Palabra nunca falla, nunca deja de cumplirse.
- (14). “En Él espera”.
¡Qué consejo! ¡Qué golpe a nuestra impaciencia! Todo el Antiguo Testamento es una prueba viva de la paciencia de Dios (fueron 1.000 años de escritura y desafíos de un pueblo rebelde y contumaz). Y a pesar de todo eso, este “en Él espera” es un bálsamo de amor para nuestros corazones.
Estás enfrentando situaciones que te superan, Job las estaba pasando. No se te ocurra rebelarte contra tu Hacedor y Salvador. Pide que la gracia de Dios obre en tu corazón y espera a Dios. En el tiempo perfecto de Dios tendrás su respuesta a firme.
JOB 36
Continúa haciendo uso de la palabra Eliú.
A partir de este momento y hasta que concluye su alocución en el cap.37, cambia el foco de su discurso. Ya ha reprendido a Job y a sus tres amigos, ahora vuelve su mirada a Dios y sus razones para aconsejarlos las sustenta en la sabiduría y justicia de Dios, en el interés de Dios por el bien de su pueblo, en la grandeza que lo abarca y comprende absolutamente todo (esto se conoce como poder omnímodo de Dios), estos argumentos buscan que Job se someta a la mano de Dios.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–3). ¿Por qué seguir prestando atención a Eliú, aun en nuestros días?
Eliú introduce este capítulo haciendo dos aseveraciones que deben llevarnos a prestar atención a lo que se viene. Son la base en que se fundan sus próximas palabras:
- (2). Eliú está seguro de estar defendiendo una causa justa y que lo está haciendo con nobleza y para el provecho de quienes lo están escuchando. Habla con franqueza a diferencia de los otros amigos de Job. Sin embargo, también habla con una autoridad que los otros amigos de Job no tuvieron, porque ellos apelaron a la sabiduría antigua y convencional, al conocimiento común del hombre. Eliú en cambio, afirmaba hablar en defensa de Dios.
- (3). Tiene algo bueno que ofrecer a su audiencia que es importante que sea atendido. Es algo valioso, lo ha traído desde lejos, ha viajado en búsqueda de lo que ahora posee, el verdadero conocimiento de Dios, es un esfuerzo cuya recompensa se recibe con creces.
- (4). Esta razonando junto a nosotros Dios, Él que conoce perfectamente todo lo concerniente al ser humano. Por lo tanto, concluimos que debemos prestar atención, más aún si consideramos que como todo padre terrenal, nuestro Padre Celestial quiere efectivamente nuestro bien.
- (5). A pesar de su grandeza, Dios está atento a las peticiones de sus criaturas.
La grandeza de Dios es tal, que puede prestar atención al clamor de cada hijo suyo, sin que la cantidad de oraciones simultáneas afecte o desvíe su atención. “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones” (1a Ped.3:12). Su atención a cada circunstancia o situación que afecte a su creación da cuenta de su poder omnímodo “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga.” (Sal.82:1).
- (5–14). Aunque Dios envía aflicción, su gracia la aplica a sus hijos de diversas maneras:
- (6). Es justo en su trato con sus criaturas: “Ensálzate, oh Juez de la tierra: da el pago a los soberbios.” (Sal.94:2); “Yo sé qué hará Jehová el juicio del afligido, el juicio de los menesterosos.” (Sal.140:12). Pero también es misericordioso “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.” (Lam.3:22).
- (7). Está observando a los justos permanentemente.
- (8–9). Dios nos muestra nuestra verdadera naturaleza y nos convence de pecado.
- (10). Si sólo nos convenciera de pecado y nos dejara ahí, estaríamos todos condenados, por muy convencido que estemos de nuestros pecados, sigue siendo necesario apartarnos de él y de las prácticas pecaminosas que muchas veces permitimos en nuestras vidas. “El camino de los rectos es apartarse del mal: su alma guarda el que guarda su camino.” (Prov.16:17). No olvidemos nunca que Dios aplica su disciplina correctiva a cada uno de nosotros. Si no estás bajo esta disciplina es necesario que revises tu relación con el Señor, el apóstol Pablo advierte en Hebreos que Dios sólo disciplina a los que son sus hijos (Heb.12:8).
- (11). Dios premia la obediencia de sus hijos. Sus ojos están sobre sus santos (pequeños y grandes) para bien de cada uno de ellos.
- (12,14). Cuidado con actuar con rebeldía a la Palabra de Dios. Si eres un hijo de Dios te harás merecedor de su disciplina, no pasa por alto nuestra conducta.
- (15). El Salvador bajó de la gloria celestial para darnos vida eterna. A veces usa la aflicción para atraernos a sus caminos.
Juan escribe: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Jn.1:14). La condición del ser humano sin Cristo es de una pobreza moral absoluta, el mundo intenta disfrazar esta realidad con las riquezas materiales, pero son sólo bienes temporales. Lo que Dios nos brinda es una nueva vida, una vida espiritual que nos abre las puertas del cielo para la eternidad.
“…En la aflicción despertará su oído” Aquí hallamos un elemento de gran consuelo para el afligido. Se nos rebela que Dios no sólo permite la aflicción o el sufrimiento como castigo a causa de los pecados (el castigo por el pecado es la condenación eterna, una situación que comienza expresamente a vivir el inconverso el día de su muerte). Dios usa el sufrimiento para abrir los oídos de los hombres y atraerlos a Él.
- (21). “Guárdate”.
El apóstol Pablo aconsejaba a Timoteo: “Huye los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.” (2a Tim.2:22). Los hijos de Dios no debemos jugar a ver qué tan cerca del pecado nos podemos mover sin caer. La línea que divide una conducta santa de una pecaminosa resulta a veces muy tenue para el que está deseando enfrentar ese desafío. Mejor huye del peligro.
A la iglesia de Filipos Pablo le da un consejo que ayuda a guardarnos: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad” (Fil.4:8).
JOB 37
Concluye la participación de Eliú.
Continúa exaltando el poder de Dios en expresiones de la naturaleza para ilustrar que así como aceptamos los cambios que Dios produce en la naturaleza ¿por qué no aceptamos lo que hace en nuestra propia vida? Toma como ejemplo: truenos y relámpagos, hielo, nieve, lluvia y viento.
Desafía a Job a explicar estos fenómenos naturales, esperando que no pueda explicarlos y se tenga que declarar incompetente en evaluar los procedimientos de la providencia divina.
Concluye sus palabras reiterando la grandeza de Dios y cómo debe ser reverenciado.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2–5). La grandeza de Dios se refleja en el sonido sobrecogedor del trueno y en el resplandor del relámpago que transforma la noche en día con su luz.
La naturaleza que nos rodea no es otra cosa que obra de la mano de Dios y de alguna manera ella da cuenta de la grandeza de su Creador. De las manifestaciones físicas, pocas cosas son tan impactantes como el rugido de los truenos y la luminosidad propia de un relámpago, y eso ni siquiera es comparable con la grandeza del creador de ambos. Dios es capaz de hacer lo que se venga a su mente, es Todopoderoso, Creador magistral, sus obras dan cuenta de su grandeza. No hay diseñador más genial que nuestro Dios. Las palabras de Eliú, muchos comentaristas piensan que fueron dichas mientras ocurría un fenómeno climático así, son una llamada de atención similar a la que vemos en Sinaí (Éx.19) previo a que Dios hable (lo que veremos en el cap.38).
- (6–13). Nieve, lluvias (ligeras y torrenciales), vientos, hielo, son elementos inanimados que obedecen las órdenes de nuestro Padre Celestial.
La majestad de Dios queda de manifiesto en las expresiones climáticas que nos rodean a diario. Sólo basta su palabra para que los elementos de la creación se muevan según sus órdenes. Tengamos presente que a la sola palabra de Dios las cosas fueron (Gén.1), de la misma forma, si elevamos nuestras oraciones al Padre Celestial, el Señor, con su Palabra, obrará dándonos paz en nuestros corazones.
El pastor MacArthur reflexiona respecto de este párrafo: “Aquí se describe el poder de Dios expresado en el frío invierno. Las tormentas y los fríos inviernos nos recuerdan el mundo en el que ocurren cosas duras, pero que en los buenos propósitos de Dios son bien para “corrección” o para “misericordia” (v.13)”
- (14). En medio de las aflicciones debemos detenernos y observar las maravillas hechas por Dios para que las disfrutáramos.
Qué sorprendentemente sencillo es el consejo de la Palabra de Dios para alcanzar nuestra paz. Eliú simplemente le dice a Job: “Repósate (detente, descansa), y considera las maravillas de Dios” (v.14). Nuestro problema normalmente es que olvidamos que somos hijos del Dios Omnisciente que conoce perfectamente nuestra situación y nuestros anhelos, pero que además, tiene el poder para resolver cada una de las dificultades que enfrentamos en el día a día. Pidamos perdón por este olvido y volvámonos con todo nuestro ser a sus caminos, ejercitémonos en la comunión constante con nuestro Dios.
- (15–18). Nuestra pequeñez nos empuja muchas veces a negar el socorro divino.
Eliú está desarrollando en estos vers. la necesidad que tiene la criatura de confiar en Dios y lo hace presentándonos un cuestionario sencillo con el que busca llevarnos a contemplar la grandeza indescriptible de Dios y como lo hizo todo en la profunda soledad en que se desarrollaba y gozaba de sí mismo previo al acto creador por medio del cual fuimos creados por Él.
- (21–24). La grandeza de Dios y su gloria merece ser resaltada en nuestra vida reverencialmente.
Después de la tormenta, el cielo se despeja y aparece en todo su esplendor el sol, pero es imposible mirarlo fijamente, pensemos que si eso ocurre con un elemento creado. ¿Cómo sería esa experiencia directa con el Creador mismo? Hay quienes obran de manera insensata y pretenden enrostrarle a Dios sus problemas. No podemos enfrentarnos a la gloria de Dios, así como no podemos mirar de frente el sol. Moisés deseo ver la gloria de Dios (“Ruégote que me muestres tu gloria”) y la respuesta que recibió fue: “No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá… Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éx.33:20,23).
- (23). Un recuerdo valioso de las perfecciones de Dios.
No es necesario entrar en mayores detalles, simplemente Eliú nos recuerda, como parte de su argumento asociado a la grandeza de Dios, algunas de sus perfecciones, con dos propósitos: tomar consciencia de quien es nuestro Dios y mover nuestro ser completo a actuar reverentemente con nuestro Padre Celestial.
Recordemos:
- Todopoderoso, grande en potencia, nada hay que se le pueda oponer y salir vencedor.
- Juez que ejerce el juicio aplicando su justicia perfecta. Cuando esa justicia implicaba nuestra condenación, en vez de aplicarla sobre nosotros, que lo merecíamos, la descargó sobre su propio hijo, por eso podemos entonar al Señor:
El profundo amor de Cristo,
Grande sin comparación,
Es refugio de descanso,
Es mar de gran bendición.
El profundo amor de Cristo
Es un cielo para mí;
Me levanta hasta la gloria,
Pues me atrae hacia Ti.
Job 38–42: Dios pregunta a Job
JOB 38
Ha llegado el momento que Dios tome la palabra.
Ya ha dejado que los hombres expongan sus razones. Ahora, nos podemos preparar para escuchar la proclamación de la verdad.
En los cap. 1 y 2 el escritor presenta a Dios como Jehová, el nombre de pacto de Dios y desde el cap. 3 al 37 lo presenta como El Shaddai, el Dios Omnipotente. Ahora nuevamente hay un cambio, es una manera de mostrar que Dios, sin estar ajeno a la situación, se ha mantenido deliberadamente distante. Pero seremos testigos de cómo la relación es restaurada al revelarse Dios a sí mismo a Job, desde un torbellino, usando su nombre del pacto. Job había expresado, repetidas veces, su deseo de ser enjuiciado por Dios para que fuera verificada su inocencia. Finalmente, Dios acude a interrogar a Job acerca de algunos de los comentarios que había hecho a sus propios acusadores. Dios estaba dispuesto a restaurar a Job, pero primero era necesario llevar a Job a un entendimiento justo de Él mismo.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (3). La autoridad de Dios se deja ver en la expresión: “yo te preguntaré, y hazme saber tú”.
La autoridad de Dios queda de manifiesto en cuanto toma la palabra. Su palabra es una muestra de su poder soberano, a ella no hay nada ni nadie que se pueda oponer y que termine haciéndose de la victoria.
Job había desafiado a Dios a que le diera respuestas a por qué estaba viviendo lo que le ocurría en esos días. No es acaso la actitud que muchas veces nos embarga el corazón, ese ¿Por qué a mí Señor? Que es una primera reacción ante la adversidad. Si hemos tenido esa reacción, prestemos atención a las palabras de Dios con las que el Creador pone en su lugar a la criatura.
- (4–11). La obra de creación, una expresión de la grandeza de Dios.
En esta primera parte del interrogatorio, al que Dios somete a Job, el tema es la creación y su origen divino, lo podríamos resumir cómo: ¿Estuviste presente en la Creación como yo? La respuesta podía darse sin hablar, era una respuesta con un evidente y aplastante “no” que muestra la grandeza y la gloria del Creador y la insignificancia de la criatura.
Observemos con qué sencillez Jehová plantea las preguntas. Son las mismas que, tal vez hoy plantearía a los científicos que intentan sacarlo de su obra de Creación y que ante la autoridad de Su Palabra sin lugar a duda los dejaría en silencio.
Con un sentimiento de profunda humildad, reconozcamos que el Dios que interroga a Job es el mismo que a nosotros se nos revela como Padre Celestial.
- (12–24). La obra de creación, una expresión de la grandeza de Dios.
El alcance de esta segunda parte del interrogatorio es más amplio en cuanto a los temas que Dios toca y, por lo mismo, resulta interesante ver la apreciación que tenía Dios de lo creado.
- (12–15). ¿Cuántas veces has hecho amanecer? Ninguna. Es obra del poder de Dios. Él puso las leyes en la Naturaleza y dichas leyes se cumplen invariablemente, están bajo el atento escrutinio divino. Así también nosotros estamos permanentemente bajo la observación de nuestro Dios.
- (16). Las fuentes del mar. Como no recordar el glorioso día en que el pueblo atravesó hacia la libertad de la esclavitud a través de dos muros de agua en el Mar Rojo (Éx.14:21–31). Sin el poder de Dios en acción era la aniquilación del pueblo de Israel. Lo mismo ocurre con nosotros. Dios nos cuida y muchas veces nos libra de peligros que hemos tenido que enfrentar sin que tengamos consciencia de ellos.
- (17). Las puertas de la muerte. Puertas infranqueables para el ser humano mientras Dios no las abra. Nuestra vida no depende de nosotros. Sólo Dios es el Señor de la vida y Él la concede por el tiempo que ha determinado darle a cada criatura según su voluntad.
- (18). La medida de la tierra. Hoy esto parece extraño, que alguien pregunte por las medidas del planeta. No olvidemos que la primera audiencia o contexto histórico, es Job y su tiempo. Entonces esto era un imposible para la criatura. Pero Dios las conocía perfectamente (el diseño del planeta es perfecto, si su diseño se altera, por ejemplo, algunos grados de inclinación del eje de la Tierra, las perturbaciones podrían llegar a ser tales que harían imposible el desarrollo de la vida sobre la faz de la tierra. La composición de la atmósfera es la precisa para permitir la existencia de vida sobre el planeta. Sólo por mencionar dos ejemplos).
- (19). El camino de la luz y las tinieblas. Acaso hay algún testigo que nos relate lo ocurrido en Gen.1:3 “¡sea la luz!”.
- (22–23). Tan misteriosos resultan los cambios atmosféricos que hacen caer una granizada que en minutos lo cubre todo. El ser humano no tiene nada que hacer contra esas expresiones de la grandeza de Dios.
Este extenso párrafo nos lleva a concluir que es una necedad de la criatura pretender contender con su Creador. Tomar conocimiento de este interrogatorio divino a Job debería movernos a una adoración reverente y a buscar tener paz con aquel Dios Todopoderoso.
- (36). La sabiduría sólo viene de Dios.
Dios es la sabiduría y la reparte a sus hijos conforme su voluntad lo estima, pero, hay una condición para que el ser creado pueda acceder a ella: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Prov.1:7). Actuemos movidos por la Palabra de Dios: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.” (Stgo.1:5).
JOB 39
Prosigue Jehová con su interrogatorio a Job.
Dios hace a Job un conjunto de preguntas acerca de si podría cuidar del reino animal, cita, entre otros: leones, cabras monteses, ciervas, asno montés, avestruz, caballo, gavilán y águila. Al considerar Dios, como ejemplo, el cuidado que Él se ocupa de dar a los seres inferiores, el mensaje no es otro que: con mayor razón cuida de ti. Aunque Job, no conocía estos principios del orden natural, al mismo tiempo creía que el orden parecía funcionar bastante bien. Job debió sentirse muy disminuido bajo la aplastante acusación de tales comparaciones con Dios.
Todas estas preguntas llevaron a Job ante otra verdad: “Veo que este mundo hecho por Dios opera con increíble orden y sabiduría; ¿puedo negar su sabiduría y dominio de todas las cosas sólo porque hay cosas en mi vida que no puedo entender? ¿O debería simplemente confiar en este Dios que hace todas estas otras cosas maravillosamente bien?”
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (20). Dios da la sabiduría e inteligencia a quien a Él le place.
Estuvo en la voluntad de Dios privar a los animales de sabiduría e inteligencia, porque es un atributo exclusivo de Él darla a quien a Él le place. A los seres humanos nos hizo con voluntad. Usemos nuestra voluntad para pedir expresamente sabiduría a nuestro Padre Celestial, esa sabiduría que nos permitirá vivir para la honra y gloria de nuestro Dios, que nos indicará cómo debemos entregar el evangelio a los inconversos, cómo formar en la doctrina bíblica a las congregaciones y cómo defender la fe que hemos recibido como una preciosa herencia desde lo alto.
- (1–33). La mano de Dios velando por sus criaturas del reino animal.
Vemos una numerosa lista de ejemplos de diversas especies de animales y cómo son provistas por Dios en el día a día para su sobrevivencia.
El detalle que el escritor nos entrega da cuenta, de manera muy sencilla, de la grandeza de Dios y debe mover nuestro espíritu a la adoración y exaltación de nuestro Padre Celestial. “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?” (Mat 6:26).
- (35). ¿“Es propio de sabios contender con Jehová”?
Claramente la respuesta es No. Sin embargo, en nuestros días hay muchos que lidian con Dios y lo hacen desde la incredulidad de sus corazones. Dejémoslos ahí con sus posturas respecto del campo espiritual. Pero, nosotros, entretanto regresa el Señor por su Iglesia, apliquemos a nuestro comportamiento diario la Palabra de Dios que nos aconseja: “Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos.” (Ef.5:15–16). Ocupémonos en la extensión del evangelio.
- (37–38). Es hora de comenzar a reconocer que somos parte de lo vil del mundo que escogió Dios para avergonzar a lo que no es.
El apóstol Pablo escribió a los Corintios: “Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1a Cor.1:28).
Job se muestra apabullado por la evidencia de la grandeza y poder de Dios. Comienza a tomar consciencia real de quién es Dios y de su propia pequeñez. Comenzamos a ver a un Job pronto a estar reconciliado con su Hacedor, que escoge guardar silencio en vez de hablar.
¡Cuán necesario es que hagamos de nuestra meditación en la grandeza de nuestro Padre Celestial una disciplina diaria!
Debemos: aprender a ver a Dios en cada detalle de la creación y ejercitarnos en la oración de gratitud a Dios por su cuidado diario, porque nada se escapa de su control, incluso las pruebas que nos causan sufrimientos y aflicciones, Dios las permite en nuestra vida y las restringe para que las podamos soportar sin claudicar de nuestra fe. “No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.” (1a Cor.10:13 ). Tengamos en vista el fin último de Dios en nosotros: “Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Fil.1:6).
JOB 40
(Al leer este capítulo, la recomendación es hacerlo desde el cap.39:34 en adelante).
Luego de un largo listado de preguntas asociadas a la creación, Dios reta a Job a responder al siguiente conjunto de preguntas que le haría. Dios no necesitaba saber las respuestas pero Job necesitaba admitir su debilidad e incapacidad para siquiera intentar conocer la mente infinita de Dios. La sabiduría de Dios es tan superior, su control soberano de todo es tan completo, que esto era todo lo que Job necesitaba saber. Job se somete en humilde silencio.
Dios razona con Job acerca de la distancia infinita que existe entre él y Dios, mostrándole que es imposible que pretenda competir con el Creador.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (2). “Yo te preguntaré y explícame”
Dios propone este diálogo a Job. “Yo te pregunto y tú me respondes”. Ante este reto, lo único cuerdo es guardar silencio. No podemos pleitear con Dios. No se nos pase eso por la cabeza. “¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos? ” (Is.45:9).
- (3). Hoy, muchos estarían dispuestos a enfrentar a Dios arrogantemente.
La suficiencia del hombre es abrumadora, sólo cabe en una mente inconsciente de dónde se está metiendo “Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido.” (Rom 1:21).
Gracias a Dios que en su Palabra se ha revelado y su Espíritu Santo ilumina nuestras mentes para ponernos en el lugar que nos corresponde: Él es el soberano absoluto, nosotros sus criaturas.
- (5–9). Como “la salvación pertenece a Jehová” (Jonás 2:10), nada puede hacer el hombre para tenerla, sólo esperar que Dios la comparta con él.
A partir del v.5 Dios pone el acento en actividades que sólo puede hacer Él, nosotros no tenemos nada que hacer en ese ambiente. Es el testimonio del mismo Dios el que se expresa en el v.9: “yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra”. Con esto, Dios trajo a Job con fuerza al punto que realmente importa. Como él no podía hacer todas estas cosas que sólo Dios podía hacer (descritas en Job 40:5–9), tampoco podía salvarse a sí mismo con su propia diestra. “Porque por gracia sois salvos por la fe; y ESTO NO DE VOSOTROS, pues ES DON DE DIOS: No por obras, para que nadie se gloríe.” (Ef.2:8–9).
El Behemoth. Se describe una bestia muy poderosa y fuerte que tiene por finalidad producir en nuestro corazón un sentimiento de humillación genuina ante la obra de creación divina que nos creó y así lo hizo también con el Behemoth (Hay quienes lo asocian con el Hipopótamo, animal salvaje, que en su hábitat manifiesta una bravura y fuerza sin comparación).
JOB 41
Jehová continúa desafiando a Job.
Dios le muestra la incomparable diferencia que existe entre la impotencia de la criatura y la omnipotencia del Creador.
Así como en el capítulo anterior Dios hace alusión al Behemoth, ahora habla del Leviathán. Usualmente se considera que el Leviathán es un monstruo marino o dragón mítico que aterrorizaba a los marinos y a los pescadores. Sin embargo, en el contexto de Job 41, Dios no parece considerarlo así. Algunos piensan que el Leviathán describe a una especie de dragón o dinosaurio antiguo que sobrevivió hasta el tiempo de Job o sobrevivió en la memoria colectiva de la humanidad, para que Dios pudiera referirse a él como un ejemplo. Otros consideran que en este contexto, el Leviathán podría ser un poderoso cocodrilo, un tiburón blanco o una orca, en fin, lo importante aquí es el hecho de que se trata de un animal que puede abrumar al hombre pero que no es nada para Dios.
El desafío que Dios hace a Job es que atrape a esta bestia y la domine. Se describen algunos detalles de la fuerza de este animal, del terror que inspira, características que el mismo Dios le dio y que Él puede controlar perfectamente. Se trata de una criatura terrible y voraz, con la que el hombre no puede enfrentarse sin terminar dañado severamente, lo mismo que el pecado que trata de gobernar nuestra vida. Esta es una lección de vida muy importante que debemos aprender con urgencia.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
- (1–10). La impotencia de la criatura para enfrentar al Creador.
Este capítulo nos ilustra muy bien la incapacidad del hombre para enfrentarse con Dios. El monstruo marino al que se hace referencia no deja de ser fruto de la creación hecha por el todopoderoso Dios. Si no hay forma de que el ser humano lo enfrente y salga victorioso, menos posibilidades hay de que salga victorioso si enfrenta al Creador mismo. La conclusión de este párrafo es: Job es mejor que no sigas en tu controversia con Dios, por ti, es mejor que haga las paces con Dios.
Y la aplicación para nuestra vida es la misma: detente de enfrentarte con Dios, no lo desafíes, nunca lo vencerás, haz la paz con Él y deja que guíe tu vida como lo hace el buen pastor del Salmo 23.
- (10). Si Job no es capaz de enfrentar al Leviathán, una criatura creada, Dios pregunta “¿quién pues podrá estar delante de mí?”
Nuestra realidad es que naturalmente no tenemos las calificaciones espirituales necesarias para llegar a estar en la presencia de Dios. Este es uno de los puntos centrales de este capítulo; nuestro pecado nos incapacita para enfrentar a Dios. Si no somos capaces de enfrentar al Leviathán, monstruo que representa en esta historia a Satanás, ¿Cómo podríamos esperar o pretender estar delante de Dios, creador del Leviathán?
Dejemos de poner nuestra confianza en nosotros y volvamos nuestra mirada al Salvador, busquemos nuestro refugio en Cristo.
- (11). Dios tiene el dominio soberano y la independencia para hacer lo que a Él le satisface.
Hay dos puntos en el v.11 que debemos destacar:
- Dios no es deudor de ninguna de sus criaturas. Él no requiere restituir a nadie nada. Antes de la Creación, vivió una Eternidad de gozo y satisfacción plena. No requiere el concurso de ninguno de nosotros para vivir en la gloria celestial. Nuestra participación en los negocios del Señor no le agrega valor en nada a Dios.
- “Todo lo que hay debajo del cielo es mío”. Al hablar de su dominio sobre el Behemoth y el Leviathán, el Señor está ilustrando lo que había dicho en el 40:8–14. Está celebrando su triunfo moral sobre las fuerzas del mal. Satanás, el acusador, se ha equivocado, aunque Job no lo sabe. Tanto el autor como el lector vemos la imagen completa que Job y sus amigos nunca supieron. La soberanía de Dios es total, nada ni nadie puede escapar de su disciplina.
- (34). La grandeza de Dios es tal que no existe ser creado que le pueda hacer frente.
Haber sacado a colación al Behemoth y al Leviathán tenía un objeto claro: mostrarle a Job que sólo Dios tiene el poder para organizar la Creación y, que sólo Él puede quebrantar a los altivos, incluso a los que se presentan orgullosos ante Dios.
Por esto es por lo que debemos permitir que Dios prospere nuestro trabajo en su obra, atendamos a: “Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo; echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.” (1a Ped.5:6–7).
JOB 42
“Mejor es el fin del negocio que su principio” (Ecl.7:8). Hemos llegado al final de la historia de Job. Ahora podemos ver que tres aspectos que fueron motivo de tristeza en la lectura del libro, al final vuelven al cauce que nunca debieron abandonar:
- Hemos visto a un hombre santo, como lo era Job, que en una decisión totalmente irracional, pretende contender con Dios. Pero ante la grandeza misericordiosa de Dios, se humilla y arrepiente de sus palabras dichas sin consideración de quien era el objeto de ellas.
- Tanto Job como sus tres amigos, que se preciaban de ser sabios y que han aplicado criterios diametralmente opuestos para evaluar la situación, ahora los hallamos reconciliados y unidos en la oración y los sacrificios de adoración a Dios.
- Observar la aflicción de un hombre, del que, Dios mismo da testimonio de que era justo y piadoso, pasando por circunstancias tan duras (todas las calamidades que podemos imaginar, él las vivió en persona). Pero Dios actúa y remueve lo que estaba causando las desdichas en Job y terminamos viendo cómo recibe más afecto y bendiciones que las recibidas antes de la prueba.
Al inicio de Job 42, externamente, nada ha cambiado: seguía enfermo, sin sus hijos y en ruina económica. Sin embargo, espiritualmente era otro, la humillación de su corazón ante Dios lo cambia todo. Queda demostrado que Satanás estaba equivocado en sus apreciaciones de Job. Intentó mostrar que es posible destruir la verdadera fe salvadora, pero fracaso rotundamente.
El día que tengamos que enfrentar aflicciones recordemos lo leído, cuando estemos tentados por el desánimo, fijemos nuestros ojos en el Señor y ejercitémonos en la esperanza mediante la paciencia y el consuelo que este libro de las Sagradas Escrituras provee.
Algunos motivos de reflexión que podemos considerar en este capítulo:
Los primeros versículos nos muestran toda la gloria del evangelio que transforma a criaturas condenadas a la muerte para volverlas a la vida eterna (1ª Cor.6:9–11).
- (1–2). Después del silencio ante la grandeza de Dios viene el testimonio de reconocimiento de la criatura humillada y reverente.
Después de estar escuchando en silencio, la Palabra de Dios impacta el corazón de Job y lo lleva a una convicción de pecado y de arrepentimiento, indispensable para la remisión de los pecados.
Job exalta la Omnipresencia y Omnisciencia de Dios, a cuyo conocimiento ni siquiera escapan nuestros pensamientos “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos.” (Sal.139:2). Cuidémonos de que no nos ocurra lo de Prov.12:2 “El bueno alcanzará favor de Jehová: mas él condenará al hombre de malos pensamientos”.
- (3). La creación está llena de cosas que no entendemos.
¡Qué propio del ser humano andar opinando de situaciones que ignora! No olvidemos el consejo de Salomón: “Aun el necio cuando calla es contado por sabio: el que cierra sus labios es entendido.” (Prov.17:28).
Nunca debemos anidar en nuestra mente la idea de que ya lo sabemos todo. Dios es infinito, por lo tanto cada día habrá algo nuevo que conocer de Él. Ni pretendamos conocerlo todo, recordemos Deut.29:29.
- (4). Para conocer a Dios es condición necesaria “un corazón contrito y humillado” (Sal. 51:17).
Sólo Dios puede producir, por medio del Espíritu Santo, el cambio necesario en nuestro corazón para llegar a ser un hijo de Dios: “No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo” (Tito 3:5). Pongámonos bajo sus alas de protección, consideremos cada vez que estemos frente a la naturaleza, que estamos participando de una gran lección objetiva, la creación es un testimonio fuerte del Dios en quien decimos creer.
- (5). La gran razón de que Dios permitiera la prueba ocurrida a Job.
¡Cuántos miembros de la Iglesia sólo poseen un conocimiento lejano de Dios! Dios siempre está dispuesto a recibirnos y de hecho nos recoge “E hízome sacar de un lago de miseria, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” (Sal.40:2).
- (6). Una vez que tomamos consciencia de nuestro pecado debemos acudir a Dios con un arrepentimiento sincero.
En estas palabras vemos el resultado de una convicción de pecado, que incluso un santo como Job, siente en la presencia de Dios y, que sabemos que nuestro pecado produce una distancia insalvable para nosotros, que nos impide reconciliarnos con Dios con nuestro esfuerzo. Sin embargo, además en estas palabras hay buena evidencia de que Job se estaba retractando formalmente de sus declaraciones anteriores hechas desde la ignorancia.
La Palabra de Dios es muy precisa: “si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.” (Luc.13:3).
Reflexión final.
Así hemos completado la lectura de un nuevo libro de las Sagradas Escrituras, Job.
Espero en el Señor que los tres temas principales que planteamos al inicio de su lectura hayan sido de edificación para cada uno de Uds.
- A menudo sufrimos.
- Sólo entendemos algunas veces.
- Siempre podemos confiar.
Debemos aprender a vivir mirando a nuestro Señor, el es el faro que alumbra nuestra vida y nos permite avanzar con seguridad por el camino que ya tiene trazado para cada uno de sus hijos.
Cada uno de nosotros tiene en su vida el equivalente a Job 1 y 2. Cada uno tiene su Behemoth y Leviathán contra el cual muchas veces se encuentra intentando luchar, este libro nos enseña que esa es una lucha perdida e innecesaria.
No pretendamos conocer y entender los caminos de Dios más allá de lo que Él nos ha revelado en su Palabra. Es en ella donde encontramos la vida eterna y la voluntad de Dios para la vida de cada uno de sus hijos. Escudriñemos las Escrituras y seamos bendecidos con un conocimiento profundo de nuestro Padre Celestial, de nuestro bendito Salvador y de nuestro consolador y guía, el Espíritu Santo.
Agradezco al Señor por cada uno de los hermanos de las Iglesia Emmanuel de Vallenar y Smirna de Santiago que me animan a perseverar en el desarrollo de este material. Es mi oración diaria que el Señor me dé su gracia para registrar lo que Él desea que llegue hasta vuestros hogares cada día.
Amén.
Bibliografía
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