BOSQUEJO HISTÓRICO DEL GRUPO DE ACCIÓN EVANGELICA (G.A.E.)
Nadir Carreño Maufras
Santiago, Mayo 2015.
Nuestra Iglesia Presbiteriana Fundamentalista Bíblica se originó con el grupo de Acción Evangélica (G.A.E.), en la década de 1940 a 1950.
A medida que pasan los años la memoria de los orígenes se va borrando y llegan nuevas generaciones que ignoran esos comienzos. Por eso creo necesario que todos los que pertenecen a nuestras iglesias se informen, aunque sea brevemente, de los orígenes realmente gloriosos de ella.
Permítanme también mis hermanos una referencia personal, cuyo objeto es que sientan, como lo sentimos nosotros, la grandeza y bondad de nuestro buen Dios en esos acontecimientos. Lo sentimos porque participamos, mi esposa y yo, personalmente en ellos, como adolescentes y jóvenes. A esta fecha, mayo de 2015, quedamos sólo cuatro testigos presenciales: las hermanas Nolfa Salazar vda. de Baeza, Edith Villalón Díaz (cuyo padre, Juan de Dios Villalón, fue uno de los pilares del GAE en sus inicios), Ruth Espinoza de Carreño (cuyos abuelos, Gregorio Gutiérrez y Juana San Martín de Gutiérrez, fueron igualmente fuertes baluartes del GAE y su abuelo, trabajador infatigable), y el que esto escribe.
La primera noticia que tenemos del evangelio en Chile propiamente tal se remonta al siglo XVIII, cuando fue rescatado de un naufragio en el Estrecho de Magallanes el marino inglés Juan Byron, abuelo del famoso poeta inglés Lord Byron. Entonces España e Inglaterra estaban en guerra por lo cual, el marino fue llevado prisionero a Santiago. Como no existía en aquel entonces ninguna posibilidad de escapar, no fue confinado a una cárcel, sino que se le dejó moverse libremente por la ciudad. Pronto se hizo de conocidos y empezó a celebrar reuniones en que se leía la Biblia. Cuando la Inquisición se impuso de esto desbarató al pequeño grupo y no quedó huella de este primer esfuerzo.
Frente a nuestras costas, pero no en nuestro territorio, se había realizado el primer culto evangélico y celebración de la Santa Cena a bordo de un barco holandés, sin relación alguna, por supuesto, con nuestro pueblo.
Al producirse la guerra de independencia, los EEUU enviaron como cónsul a Joel Poinsett, quien entabló una gran amistad con José Miguel Carrera. Fue él quien redactó los primeros reglamentos constitucionales de Chile, inspirados en la Constitución de los EEUU y ella, a su vez, en la Constitución de la Iglesia Presbiteriana, con su gobierno democrático representativo. Hasta hoy día nuestra Constitución conserva ciertos principios propios del gobierno presbiteriano.
Cuando se produjo la reconquista española, José Miguel Carrera fue a los EEUU, con el apoyo de Poinsett, para obtener ayuda en dinero y armas para formar un ejército que expulsara a los españoles. Parece ser que nuestro prócer llegó a ser salvo por la influencia de su amigo, porque al momento de su ejecución en Mendoza le ofrecieron llevarle un cura para que le administrara los últimos oficios católico–romanos, a lo que Carrera se negó, diciendo que no necesitaba ningún sacerdote, porque él tenía a Cristo en su corazón.
Más tarde, durante el gobierno de Bernardo O`Higgins, éste contrató a Diego Thompson, agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, para que estableciera el sistema lancasteriano de educación. Este sistema consistía en que el profesor concentraba su esfuerzo en los alumnos aventajados, los cuales enseñaban después a sus compañeros menos capaces. De este modo un solo profesor podía enseñar a un gran número de alumnos. Esto era especialmente importante debido al atraso en que entonces se encontraba la educación en nuestro país. El gobierno le asignó el edificio de la Universidad de San Felipe, donde ahora se encuentra el Teatro Municipal de Santiago, para que estableciera su escuela y el texto de estudio fue la Biblia. Cuando cayó el gobierno de O`Higgins, Thompson tuvo que abandonar Chile y se trasladó al Perú, donde continuó su labor educativa con la protección del general José de San Martín.
Desde entonces empezaron a llegar ministros evangélicos que atendían exclusivamente a las tripulaciones de los barcos de naciones protestantes, que recalaban en gran número en Valparaíso, entonces el principal puerto del Océano Pacífico. Entre esos ministros llegó David Trumbull, congregacionalista, pero enviado por una junta misionera presbiteriana. Trumbull se propuso extender la predicación del evangelio a los chilenos. Consiguió un salón facilitado por Santos Tornero, dueño del diario El Mercurio, de Valparaíso, donde se celebró el primer culto formal en español.
Luego llegaron otros misioneros que continuaron este ministerio, hasta que el 7 de junio de 1868 se organizó la iglesia presbiteriana de la Santísima Trinidad, con un templo ubicado en Nataniel con Alonso Ovalle. Este templo fue incendiado por una poblada católica, que sacó arrastrando a los creyentes, incluso mujeres embarazadas. La congregación, con su propio esfuerzo, construyó otro templo en la Avenida Brasil, entre Rosas y San Pablo. El primer pastor de esta Iglesia fue el Rvdo. José Manuel Ibáñez, tío abuelo del presidente de Chile Carlos Ibáñez del Campo. El pastor Ibáñez fue un predicador excepcional, tanto que cuando predicaba la Cámara de Diputados suspendía sus sesiones para ir a escucharlo. Murió muy joven, probablemente envenenado.
Quince años después de la organización de la Iglesia de la Santísima Trinidad, el 13 de junio de 1883, se fundó el Presbiterio de Chile. Este Presbiterio creció extraordinariamente, hasta el punto de que en el norte de Chile casi no había una oficina minera en que no hubiera un grupo presbiteriano.
Aunque muy perseguidos, los evangélicos eran respetados debido a su integridad. Un ejemplo de esta persecución fue el hermano Candelario Núñez, panadero de Rancagua, que a causa de su conversión al Señor fue despedido de su trabajo por el dueño, un español, fanático católico–romano. El hermano Núñez se dedicó a colportor (vendedor de Biblias) en los campos alrededor de Rancagua. De uno de esos viajes no volvió. Unos jóvenes fueron a buscarlo, entre ellos el que después fue el pastor Olivero Maufras. Después de tres días de andar a caballo encontraron el cuerpo descuartizado, con una pierna colgando de un árbol, más allá un brazo, y así todos sus miembros, menos la cabeza, que nunca apareció. Se supo que el cura de Coltauco había pagado a un bandido reconocido para que lo asesinara, pero nunca se hizo justicia. Tuvimos el honor, mi esposa y yo, de conocer a su viuda, la hermana Ester vda. de Núñez, con quién compartimos la membresía en la Iglesia Santísima Trinidad, de Santiago.
Un predicador muy fogoso y esforzado fue Juan Canut de Bon, metodista, quién enfrentó muchas veces la muerte por predicar el evangelio. A él le debemos nuestro apodo de “canutos”.
Después del brillante comienzo de la Iglesia Presbiteriana se produjo su decadencia, motivada por la llegada de misioneros modernistas y masones, quienes secretamente fueron propagando su incredulidad, especialmente entre los jóvenes más promisorios. Olivero Maufras contó que en su juventud acompañó al misionero Santiago Garvin a un viaje misionero al sur. Este era un misionero muy respetado. Descansaban al pie de uno de los pilares del viaducto del Malleco, cuando el hermano Maufras quedó muy sorprendido al oír al misionero decirle: “A mí me llamarán hereje, pero yo no creo en la necesidad del sacrificio de Cristo para salvarnos”. De este modo muchos jóvenes adoptaron el modernismo y se hicieron masones. Junto con eso la iglesia se mundanalizó en tal forma, que ya no había diferencia alguna entre una reunión de jóvenes de la iglesia y otra de jóvenes del mundo. Mi esposa, entonces una niña de unos cinco años, era muy querida por el pastor Rogelio Aracena, de la iglesia Santísima Trinidad, por lo cual la invitaba a su casa para que jugara con su hija menor, de aproximadamente la misma edad. Cuando sucedía que en la casa se reunía la Sociedad de Jóvenes de la Iglesia, llamada entonces Esfuerzo Cristiano, hacían funcionar una “victrola” y todos comenzaban a bailar, mientras las dos niñas corrían entre las piernas de los que bailaban. En eso consistía la reunión de jóvenes “cristianos”.
Naturalmente que en esas condiciones la iglesia dejó de crecer. En esas circunstancias, en la década de 1930 a 1940, se organizó la Federación de la Juventud Presbiteriana de Chile (FJPCH), bajo la influencia del misionero muy modernista Irvin Paul, su gran mentor, y con la dirección de Horacio González Contesse, connotado masón, quien llegó a ser después Gran Maestre de la Masonería.
En esos años se realizó un congreso con la sigla HAMUDEL, que significa: “hacia un mundo ideal”, bajo la dirección del misionero Paul. Su objetivo era promover la idea modernista de que el mundo puede llegar a ser ideal y superar todos sus problemas por la influencia de la Iglesia. Ese mundo ideal se concebía como un mundo socialista.
También en esos años se le encomendó al entonces joven Roberto Maufras, hijo de Olivero Maufras, un tema en un congreso de la juventud. En ese tema dijo que el baile era una práctica prohibida para los cristianos, a lo cual los presentes, de pie, lo pifiaron estruendosamente.
En esos años se convirtió en Yungay el hermano Baudilio Saavedra, por el ministerio del pastor Víctor Jensen, quién se mantenía fiel al Señor. El hermano Saavedra se trasladó a Santiago, donde se unió a la Iglesia Santísima Trinidad, donde llegó a ser anciano gobernante. Pero tenía su corazón herido por la condición desastrosa de la iglesia.
En mayo o junio de 1941, miembros de la FJPCH insultaron gravemente al pastor de la Iglesia Santísima Trinidad, Rogelio Aracena, otro pastor fiel. El hermano Saavedra, sumamente disgustado, se retiró del templo, dispuesto a no volver nunca más. Dos jóvenes, Eduardo Cepeda y Rogelio Ugarte, corrieron detrás de él y le rogaron que no los dejara solos. Caminaron por San Pablo hasta la Estación Mapocho, donde lo único que encontraron abierto a esas horas de la noche fue un bar. Allí, en medio del humo de los cigarrillos y de hombres que bebían alcohol, conversaron sobre lo que les afligía. Don Baudilio les preguntó si ellos mismos estaban dispuestos a dejar sus costumbres mundanas. Acordaron empezar un culto de oración por un avivamiento. Pronto se sumaron otros jóvenes. Uno de ellos trabajaba como auxiliar en la Escuela de Leyes, de la Universidad de Chile. El consiguió una sala en ese lugar, donde se reunieron para orar.
En octubre de 1941 acordaron llamarse Grupo de Acción Evangélica (G.A.E.) y fueron organizándose en varias iglesias: Santísima Trinidad y El Redentor, de Santiago; Santa Inés, de Viña del Mar; Talca, Linares, Yungay, Chillán y Concepción. Las iglesias del norte tenían mucho interés en el GAE, pero la dificultad que había en ese tiempo para comunicarse impidió que se afiliaran. Por un buen tiempo el GAE atendió la iglesia de Petorca. Podemos entender lo difícil de comunicarse si tomamos en cuenta que una comisión del GAE, que fue enviada a visitar el Norte, demoró tres días para llegar sólo a Copiapó. Como todos tenían que trabajar en lo secular no podían disponer de tanto tiempo para extender el GAE. El único medio de comunicación era el tren.
En agosto de 1942 aparece el primer número de la revista Acción Evangélica, órgano oficial del GAE, con un editorial que muestra claramente que sabían muy bien que su lucha era contra la apostasía, el modernismo y la mundanalidad, y también contra la mezquindad, que mantenía a los pastores en la miseria.
Se produjo un verdadero avivamiento. En sus primeros nueve meses de vida (octubre de 1941 a junio de 1942) el GAE realizó treinta y tres campañas evangelísticas, con 9.563 personas de asistencia, de las cuales 302 expresaron su decisión de aceptar a Cristo; repartió diez mil tratados; realizó Institutos Bíblicos y Misioneros; realizó campañas sobre el diezmo y atendió iglesias abandonadas o sin pastor.
Del 17 al 19 de septiembre de 1942 realizó su primer congreso, en Talca, y en febrero de 1943, el segundo Instituto Bíblico, en Constitución (el primero se había realizado en 1942, ya bajo influencia del GAE).
Del 30 de octubre al 1º de noviembre se realizó el segundo congreso en Linares. Este tuvo una importancia decisiva, porque el Presbiterio de Chile había ordenado que el GAE se disolviera. Después de mucha discusión, el congreso resolvió desobedecer y no disolverse. Algunos eran partidarios de obedecer en pro de la paz. La razón de la orden de disolución era que “perseguía los mismos fines que el Presbiterio”.
En Chillán y Concepción la tensión llegó a un clímax, por lo cual los GAE de esas iglesias se separaron y se organizaron como segundas iglesias de esas ciudades. Aunque esto había ocurrido en ocasiones anteriores, de las cuales surgieron iglesias como la del Redentor o la Unión Cristiana, que fueron reconocidas, en este caso el Presbiterio se negó a reconocerlas y condenó a los pastores y ancianos que participaron en su organización.
Por lo anterior, el Presbiterio se reunió extraordinariamente el 18 de mayo de 1944 y acordó expulsar al GAE. Un misionero dijo que estaba de acuerdo con el GAE, pero que por disciplina votaba en contra del grupo. Otro dijo que votaba en contra con “profundo dolor” y un tercero, que el Presbiterio “botaría la crema y se quedaría con el suero”. Acordada la expulsión, los enemigos del GAE se abrazaron llenos de regocijo, mientras los “gaístas” estaban cabizbajos, algunos lloraban y todos estaban muy tristes. Fue expulsado el pastor Olivero Maufras; el misionero Jorge Gilchrist fue devuelto a los EEUU y cuarenta ancianos fueron igualmente expulsados. El pastor Rogelio Aracena no fue expulsado, porque su hermano era el Presidente del Presbiterio, pero cuando se dio cuenta de que prácticamente toda su congregación de la iglesia Santísima Trinidad se iba con el GAE renunció voluntariamente. Hubo algún pastor que dejó el GAE cuando le subieron su sueldo en una ínfima cantidad. Uno de los pastores que más influyó en el comienzo del GAE no se atrevió a correr la aventura de fe que significaba quedarse sin sueldo.
El 2 de julio se organizó el Presbiterio Nacional, en la Iglesia Santísima Trinidad, con el pastor Rogelio Aracena como presidente y el hermano Eduardo Carreño (mi padre), como Presidente de la Corporación. Así se originó nuestra actual Iglesia Presbiteriana Fundamentalista Bíblica, a través de muchos sufrimientos y vicisitudes.
Nosotros somos los herederos de los héroes de la fe que iniciaron el GAE, hace setenta y cuatro años, pero mis muy amados hermanos, ¡qué lejos estamos de poder compararnos con ellos! Esto nos entristece mucho, pero, sin duda, entristece más a nuestro Padre Celestial, a nuestro bendito Salvador, y al Espíritu Santo, que aborrecen la tibieza propia de la iglesia de Laodicea.
Desde hace diez o más años estamos estancados en 1.300 a 1.400 miembros, cuando deberíamos ser unos diez mil.
¡Quiera el Señor obrar en todos nosotros y quebrantar nuestros corazones para que, igual que el GAE, empecemos fervorosos cultos de oración en todas las iglesias, para que el Espíritu Santo produzca un nuevo avivamiento, antes de que vuelva nuestro bendito Señor y Salvador
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