Doce años de victoria en América Latina: 1949 – 1961

DOCE AÑOS DE VICTORIA EN AMÉRICA LATINA: 1949 – 1961

Dr. Earle White.
Ex Presidente de la Junta Independiente para Misiones Presbiterianas Extranjeras.
Presidente Honorario de la ALADIC.

 

  • NOTA DEL EDITOR:
    Este trabajo fue enviado por el Dr. White al XIX Congreso de la ALADIC, al cual no pudo asistir por su avanzada edad y su estado de salud.
    Hasta donde sabemos, fue su último trabajo para nuestro movimiento fundamentalista, porque en el mes de mayo siguiente partió a la morada celestial.

 

Cuando el Dr. McIntire y su grupo fueron a Sudamérica, en julio de 1949, para oponerse a la extensión del CMI en ese continente, escribió un libro en que narraba sus viajes y la victoria que le dio el Señor. Se titula: “La lucha por Latinoamérica”. Este título describe adecuadamente todas las confrontaciones entre el CIIC y el CMI y sus contrapartes latinoamericanas. Ha sido muy placentero y gozoso para mí participar en estas luchas y ver al Señor obrando en nuestro favor.

Viene a mi mente 1ª Corintios 1:27–29: “Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios, y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios y lo que no es, para deshacer lo que es, para que ninguna carne se jacte en su presencia”.

Por eso mi texto favorito es la aplicación de la verdad que aparece en Marcos 12:10,11, que es una cita del Salmo 118:22,23: “¿Ni aun esta Escritura habéis leído: La piedra que desecharon los que edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina; por el Señor es hecho esto y es cosa maravillosa en nuestros ojos?”

No podemos alabar lo suficiente al Señor por lo que ha hecho por las iglesias cristianas y por los creyentes de Latinoamérica.

 

Hubo confrontación y victoria en Buenos Aires, hace cuarenta y seis años, así como las hubo este año en Chile y Ecuador y muchas otras veces. ¡Alabado sea el Señor!

Todo esto fue el resultado de la formación de dos concilios mundiales en 1948:

– El Concilio Internacional de Iglesias Cristianas (CIIC), formado por iglesias y hombres que trataban de ser fieles al Señor; y
– El Consejo Mundial de Iglesias (CMI), formado por los ecuménicos.

El Dr. W. A. Visser t’Hooft describe correctamente así al CMI: “Es una nueva clase de embarcación, en su viaje inaugural, con destino desconocido, con una tripulación inexperta, que habla diversos idiomas. Además nos embarcamos en medio de la peor tormenta de la historia”. Sus palabras han resultado proféticas.

Se ha informado que cuando se le dijo acerca de la formación del CIIC, hizo una pregunta que también fue profética: “¿Quién oirá jamás acerca del CIIC?” Ahora el CIIC tiene más de seiscientas denominaciones en más de cien países. Esta es la respuesta al Dr. Hooft.

El CMI decidió organizarse en dos continentes: Sudamérica y el Lejano Oriente, en el año siguiente a su formación. El primero en julio y el otro hacia fines de año.

 

Se emitió un llamado para una Conferencia Evangélica Interamericana, a realizarse del 18 al 30 de julio, en el Seminario Metodista de Buenos Aires, Argentina. El CMI planeaba valerse de sus varios concilios regionales de pastores en Sudamérica para citar a la conferencia y después invitar a cristianos de toda Latinoamérica para que asistieran con todos sus gastos pagados.

Asistían varios dirigentes del CMI para guiar las reuniones incluido el Dr. Marcos Boegner, de Francia, uno de sus presidentes, y el Dr. Juan Mackay, Presidente del Concilio Misionero Internacional, ex misionero en Perú. Pero el Señor comenzó a derribar sus planes. En algún momento uno de los secretarios en Buenos Aires, al observar que había sido invitado el Presidente del CMI, envió también una invitación al Presidente del CIIC.

Cuando el Dr. McIntire recibió la invitación, supo cuáles eran las intenciones del CMI. Aceptó la invitación y pidió a otros dirigentes del CIIC que asistieran a la reunión. Se juntó un grupo de catorce dirigentes, que incluía al Dr. McIntire y su Sra., al Dr. O. H. Garman, de los EEUU, al Dr. Donaldo Moffat, secretario de la Asociación Bautista para la Evangelización Mundial (ABEM) y al Rvdo. Jorge Gilchrist, secretario para América Latina de la Junta independiente para Misiones Presbiterianas Extranjeras (JIMPE). Los otros nueve eran misioneros y oriundos de Latinoamérica. Me produce mucha alegría que estuve entre los invitados. Al llegar a Buenos Aires, hicimos del Hotel Carson, en el centro de Buenos Aires, nuestro cuartel general.

La noticia de los planes del Dr. McIntire, Presidente del CIIC, para asistir a la Conferencia causó gran consternación a los dirigentes de la reunión del CMI. Lo que ellos querían era el consejo de los dirigentes del CMI, no el mensaje del CIIC. Tenían que impedir que el Dr. McIntire se dirigiera a los delegados. Su solución fue cerrar con llave las puertas del Seminario para impedir la entrada de todo delegado no autorizado por ellos. Esto era la situación cuando llegamos a Buenos Aires.

Trazamos de inmediato nuestro planes y a cada uno de los miembros de nuestro grupo se le asignó una tarea específica: visitar a los creyentes de la ciudad e informarles de lo que estaba ocurriendo; preparar material para los periódicos, etc. Los periódicos en castellano no informarían sobre esto, pero había varios periódicos en inglés que tenían interés. A mí me correspondió llevar diariamente estos artículos con noticias a los periódicos en inglés. La mayoría fueron publicados.

Uno de los miembros de nuestro equipo, el Dr. Adrián Bernardes, de Brasil, era también delegado a la reunión del CMI. Cada noche venía al hotel y nos informaba de lo que estaba ocurriendo en sus reuniones.

Después de algunos días el Dr. McIntire decidió visitar el Seminario Metodista y tratar de hablar a los dirigentes argentinos. Acompañé al Dr. McIntire, como su traductor.

Cuando llegamos al Seminario, el Señor dispuso en su providencia que el Dr. Marcos Boegner, Presidente del CMI, llegara al mismo tiempo. Nos presentamos y esperamos, mientras el Dr. Boegner llamaba a la puerta. Tomé una fotografía de esto. Nos permitieron entrar. El Dr. Boegner desapareció.

Varios de los dirigentes de la conferencia vinieron a nuestro encuentro y nos acompañaron a una sala que estaba bajo el salón de conferencias.

La razón que los dirigentes de la conferencia habían dado para no permitir que el Dr. McIntire y su grupo asistieran a la conferencia fue la falta de espacio para recibir más gente. Cuando entramos al vestíbulo vimos que a la izquierda había una sala con puertas de cristal. Podíamos ver a los delegados sentados en el salón y no ocupaban más de la mitad del espacio. Pero frente a la puerta había veinte hombres que impedían la entrada.

Cuando conversamos con los dirigentes de la conferencia, nos preguntaron por qué estábamos perturbando su reunión. Nos dijeron que debíamos tener nuestra propia reunión. Sabían que se habían demorado meses en conseguir permiso del gobierno de Perón para realizar su reunión y ahora sólo quedaban unos pocos días para que su conferencia terminara y los delegados se fueran. Nuestro grupo decidió tener una reunión pública.

Algunos fueron a hablar con el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto del gobierno de Perón, para pedir permiso para realizar nuestra reunión. El Señor contestó nuestras oraciones. En veinticuatro horas nos dieron el permiso para tener nuestra reunión, que debería efectuarse varios días después. No había ningún templo disponible. Arrendamos un salón público y publicamos noticias de la reunión.

Los dirigentes del CMI quedaron confundidos. ¿Cómo podían impedir que diéramos nuestro mensaje?

Enviaron una delegación de dirigentes locales para entrevistarse con el Dr. McIntire. Dijeron que debido al gobierno dictatorial de Perón, existía el peligro de que cualquier discordia entre los evangélicos pudiera dañar su libertad para predicar el evangelio. Le pidieron a McIntire que no atacara a otros en su reunión, sino que sólo predicara el evangelio. Él les dijo que también tenía que defender la fe.

Nuestra reunión se realizó con una asistencia de ciento veinticinco. Hasta dos de los dirigentes de la conferencia asistieron a la reunión: los Drs. Rycroft, de los EEUU y Báez Camargo, de México. El Dr. McIntire habló sobre el CMI y el CIIC y las “puertas cerradas con llave”. Los dirigentes locales hicieron muchas preguntas. Todo fue publicado en los diarios en inglés. El Señor había obrado.

No pudieron organizar un concilio de iglesias de Latinoamérica auspiciado por el CMI, debido a la confusión que se produjo en las reuniones de la conferencia del CMI. El CMI no lograría este propósito hasta veinticinco años después. Nuestro grupo emitió un llamado para realizar una Conferencia Evangélica Panamericana del 16 al 24 de julio de 1951, en San Pablo, Brasil. El Dr. McIntire y otros dirigentes llevaron el mensaje de las “puertas cerradas” a toda América Latina y a otras partes del mundo.

 

La Conferencia Evangélica Panamericana se realizó como estaba programado. Hubo sobre doscientos delegados oficiales. Allí se organizó la Alianza Latinoamericana de Iglesias Cristianas (ALADIC). Incluía iglesias de la mayor parte de Latinoamérica.

El CIIC estuvo a la cabeza en la lucha por Latinoamérica. El Rvdo. Synesio Lyra, de Río de Janeiro, Brasil, fue elegido presidente; el Rvdo Baudilio Saavedra, mi compañero de Chile, fue elegido Secretario General; y yo formé parte del cuerpo de directores. Las reuniones vespertinas se realizaron en el gran Teatro de San Pablo. El Dr. McIntire tuvo el mensaje de clausura, con más de dos mil personas de asistencia.

 

La segunda asamblea de la ALADIC se realizó en Santiago, Chile, del 11 al 18 de enero de 1954.

Nuestra Junta Independiente y su misión latinoamericana apoyó firmemente a la Alianza. Asistieron a nuestra Conferencia cincuenta y nueve delegados oficiales y noventa y cuatro observadores oficiales. Estuvieron presentes el Dr. McIntire y su esposa y el Dr. Holdcroft y su esposa, quien era el presidente de la JIMPE. Cada noche tuvimos una asistencia de unos trescientos. El Rvdo. Baudilio Saavedra, de nuestra Iglesia Presbiteriana Nacional de Chile, fue elegido presidente.

 

La tercera asamblea de la ALADIC fue realizada en Río de Janeiro, Brasil, del 16 al 23 de julio de 1956.

Hubo setenta y siete delegados votantes. El Rvdo. Saavedra fue reelegido presidente y el Dr. Israel Gueiros, de Recife, Brasil, primer vicepresidente. No se sabía entonces de ninguna reunión del CMI en Latinoamérica.

 

En 1958, el CIIC realizó su Cuarto Congreso Plenario en Ríopetrópolis, Brasil, cerca de Río de Janeiro, en las colinas. Se registraron más de quinientas personas, de cuarenta y cinco países. La ALADIC realizó una pequeña conferencia durante las reuniones del CIIC.

 

La quinta asamblea de la ALADIC fue programada para realizarse en Buenos Aires, Argentina, del 4 al 9 de febrero de 1960.

Otra vez hubo una confrontación con el CMI. El Comité Ejecutivo del CMI había programado sus sesiones para realizarlas en Buenos Aires, en esa misma fecha. El Dr. José L. Hromadka, de Praga, Checoslovaquia, miembro del Comité Ejecutivo del CMI era el orador nombrado para esas reuniones. Tuvimos que reunirnos otra vez en el mismo salón que habíamos usado en 1949 y también otra vez el Hotel Carson fue nuestro cuartel general.

Nos preparamos para la batalla. La reunión pública del CMI, con Hromadka, como orador, tuvo que ser cancelada. Una vez más me correspondió tener las relaciones con la prensa. Pero ahora se trató de los periódicos en castellano, en vez de los de en inglés, los que informaron. Perón era dictador de Argentina todavía.

El Dr. McIntire había citado a una conferencia de prensa para la primera tarde después de nuestro arribo. Asistieron varios periodistas de los diarios en castellano. El Dr. McIntire habló sobre las diferencias entre el CMI, al cual acusó de auspiciar el comunismo, y el CIIC y la ALADIC. La conferencia de prensa duró más de una hora. Al día siguiente la noticia fue publicada en la primera página de los periódicos de Buenos Aires. Cuando realizamos nuestra primera reunión nocturna, todos sabíamos que había agentes del gobierno presentes.

 

A la mañana siguiente de nuestra reunión el Dr. McIntire recibió un llamado del Ministro de Culto para tener una reunión urgente con él lo más pronto posible. Esto atemorizó a los hermanos argentinos. Estaban bajo la dictadura de Perón. ¿Qué ocurriría?

El Dr. McIntire fue en un taxi al Ministerio y yo le acompañé en calidad de traductor. Entramos a la oficina. Nos saludó muy fríamente. El artículo del diario estaba sobre su escritorio. Hablaba muy bien en inglés. Le pidió al Dr. McIntire que explicara el artículo. Dijo que les habían dado visas a los delegados a la reunión del CMI y ahora el Dr. McIntire estaba diciendo que tenían relaciones comunistas.

El Dr. MacIntire abrió el gran portadocumentos que siempre llevaba consigo. Empezó a mostrar al ministro la evidencia documentaria del comunismo del CMI y de sus dirigentes. La actitud del ministro cambió inmediatamente. Se interesó en lo que el Dr. McIntire les estaba diciendo. Llamó a su secretario para preguntarle si tenía copias de esos documentos. Tenía copia sólo de unos pocos. Le preguntó al Dr. McIntire si podía dejarle los otros documentos. Después le dijo que podíamos continuar con las reuniones de nuestra ALADIC y que no había oposición de su parte. Una vez más el Señor había sido con nosotros.

Desde ese día el Dr. Hromadka desapareció. No hubo noticia alguna de sus reuniones en la prensa. Pensamos que había abandonado el país.

El Dr. Israel Gueiros fue elegido presidente de la ALADIC y yo fui elegido primer vicepresidente.

 

Lima, Perú, fue el escenario de “la batalla de Lima”, del 26 de julio al 2 de agosto de 1961.

Este fue el segundo intento del CMI de formar una organización patrocinada por él en América Latina. Fue una confrontación del CIIC y la ALADIC contra el CMI. Se informó oficialmente que la reunión del CMI era auspiciada por la Asociación Ministerial del Perú, dirigida por el Dr. Santiago Mackintosh, presidente local del comité organizador. El Dr. Juan Mackay, Presidente del Seminario de Princeton, Presidente del Concilio Misionero Internacional y ex misionero en Perú era el orador.

Veintiún miembros del Comité Ejecutivo de la ALADIC se reunieron en Lima, en esa fecha, para oponerse al CMI. El Rvdo. Earl Pinckney y yo, en representación de la Jimpe, fuimos al Perú dos meses antes para preparar la reunión de la ALADIC. Todos nos dijeron que la reunión era nacional y no tenía relación alguna con el CMI, directa ni indirectamente y que si se pudiera probar lo contrario, la reunión sería suspendida.

El Dr. McIntire llegó al Perú exactamente antes que empezara esa reunión. Traía evidencia documentaria de que esas reuniones eran auspiciadas por el Comité de Cooperación para América Latina (CCEPAL), organización controlada por el Concilio Nacional de Iglesias de los Estados Unidos y, por lo tanto, parte del CMI.

La literatura aportada por el Dr. McIntire decía que “esas reuniones en Lima, Perú, eran consideradas por el Movimiento Ecuménico como “la segunda Conferencia Evangélica Latinoamericana”. Nuestro comité trabajó todo el sábado en la noche para traducir la información al castellano y para sacar copias que pudieran distribuirse el domingo en la mañana. Entregamos esas copias a los delegados que se retiraban del servicio matinal de la Conferencia eclesiástica, pero las reuniones no fueron suspendidas, como habían dicho. Sin embargo, como resultado de la información que distribuimos, leímos en el principal periódico en castellano de Lima que el Dr. Juan Mackay y otros dos profesores de seminario habían sido investigados por el gobierno de Perú.

Una vez más el CMI fracasó en su esfuerzo por organizar a América Latina para el Movimiento Ecuménico. ¡Alabado sea el Señor!

 

Del 6 al 13 de diciembre de 1963 se realizó la sexta asamblea de la ALADIC, en Ciudad de México, debido a que el Comité de Misión Mundial y Evangelización se reuniría allí en esa fecha.

El Dr. J. Gordon Holdcroft, Presidente de la JIMPE y presidente también del Concilio Misionero del CIIC fue el orador de la ALADIC. El resultado más importante de esas reuniones fue la publicación en el principal diario en castellano de la ciudad de México de una fotografía con la siguiente advertencia: “Un lugar especial en la basílica de Guadalupe es ocupada por los representantes del CMI durante la misa pontifical, quienes ocupan la primera fila de la nave central de la catedral”.

 

La séptima reunión de la ALADIC se realizó en Recife, Brasil, del 15 al 22 de julio de 1967, en la iglesia del Dr. Israel Gueiros.

Mi familia completa asistió a esas reuniones, aprovechando que nos dirigíamos a los Estados Unidos por nuestras vacaciones. En esta reunión no hubo confrontación directa con el CMI.

 

La ALADIC continuó reuniéndose cada dos o tres años, pero sólo tengo tiempo de referirme a una confrontación más, en 1995.

Creo que fue en 1978, en Oaxtepec, México, que el CMI pudo organizar al fin un grupo de individuos, al que se denominó “Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), en formación”. Esto ocurrió veintinueve años después de su primer fracaso en 1949, en Argentina.

 

La tercera asamblea del CLAI se realizó en Concepción, Chile, del 25 de enero al 1 de febrero de 1995. El Dr. Nadir Carreño, Presidente de la ALADIC, asistió como observador a algunas de sus reuniones, junto con otros creyentes fundamentalistas chilenos. En la reunión de la ALADIC realizada en Guayaquil, Ecuador, se refirió a algunos aspectos de esa reunión del CLAI: “En la reunión de apertura, a la que asistieron importantes oficiales de Concepción, no hubo ni una sola oración ni lectura bíblica, tampoco se veían Biblias en los que asistían… Esa asamblea se caracterizó por su carácter secular, centrada sólo en lo político y económico social… Lo religioso apareció sólo ocasionalmente… Todo era sólo humanismo, horizontal, no vertical”. Informó que hubo varios cientos de delegados, financiados por el CMI.

 

Finalmente, deseo comentar sobre la 15ª Asamblea General de la ALADIC, realizada en Guayaquil, Ecuador, del 17 al 22 de junio de 1995. Hubo ciento cincuenta personas de asistencia, con unos sesenta delegados oficiales. En contraste con la reunión reciente del CLAI, las Biblias estaban en todas partes, ya que los mensajes y temas estaban basados en la Biblia. Además los delegados y observadores estaban presentes en todas las reuniones.

Tal vez por primera vez en una de nuestras conferencias, todos los delegados pagaron todos sus gastos, incluso de viaje. El grupo mayor de asistentes fue de Chile. De ellos, unos treinta viajaron en bus desde Santiago de Chile, lo cual les significó tres días y noches de viaje de ida y otros tantos de regreso. El Dr. Nadir Carreño informó que el costo total de la asamblea fue de US $ 3.800 y que la mayoría de estos fondos provinieron de donaciones de particulares. Informó esto para contrastarlo con los varios cientos de miles de dólares que el movimiento ecuménico tiene que proveer anualmente para el trabajo del CLAI.

Por eso, justificadamente, puedo reafirmar el tema de este mensaje: “Doce años de victoria en América Latina”.

 

Repito otra vez el texto de 1ª Corintios 1:27–29:

“Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios, y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios y lo que no es, para deshacer lo que es, para que ninguna carne se jacte en su presencia”.

XIX Congreso ALADIC – Guatemala, 2007