{"id":1800,"date":"2020-04-19T20:07:00","date_gmt":"2020-04-20T00:07:00","guid":{"rendered":"http:\/\/smirna.cl\/wordpress\/?page_id=1800"},"modified":"2026-04-18T18:52:11","modified_gmt":"2026-04-18T22:52:11","slug":"el-anciano-gobernante","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/smirna.cl\/wordpress\/el-anciano-gobernante\/","title":{"rendered":"El anciano gobernante"},"content":{"rendered":"<h3>EL ANCIANO GOBERNANTE<\/h3>\n<p>Rev. Olivero Maufras Th. &#8211; 1927.<\/p>\n<p>El anciano gobernante ocupa un lugar de suma delicadeza e importancia en la iglesia. La firmeza de su car\u00e1cter, su vida estrictamente consecuente y sus conceptos bien claros y definidos, como asimismo el conocimiento propio de la exacta posici\u00f3n que ocupa, son elementos de capital importancia para hacerle un oficial \u00fatil e id\u00f3neo y son factores vitales en la buena marcha de la obra.<\/p>\n<p>Mucho se ha dicho en estos \u00faltimos a\u00f1os acerca de las cualidades que deben caracterizar a los ministros, tendiendo la opini\u00f3n general a responsabilizar exclusivamente a \u00e9stos, si la obra se estanca o decrece bajo su pastorado, pero no se toman en cuenta los factores que entorpecen o favorecen su labor, factores que a menudo restan totalmente las buenas cualidades y los esfuerzos del mejor pastor. No queremos decir con esto que los pastores son perfectos e impecables, pues ellos tambi\u00e9n adolecen, a menudo, de defectos; pero casi nadie se ha detenido a pensar en la gran responsabilidad que cabe a los ancianos gobernantes en las fluctuaciones de la obra. La verdad es que, la clase de ancianos que gobiernan en nuestras congregaciones es muy decisiva en la marcha de la obra, tanto en particular como en general, puesto que ellos gobiernan, formando una mayor\u00eda sobre el pastor en los Consistorios y ocupando un puesto de igualdad en los tribunales superiores. De aqu\u00ed, por lo tanto, que nada puede atribuirse a los pastores, en cuanto a la marcha de la iglesia, que no afecte igualmente a los ancianos.<\/p>\n<p>De consiguiente, se deja sentir la necesidad de que las iglesias sean muy escrupulosas y ejerzan un cuidado especial en la elecci\u00f3n de sus ancianos gobernantes (sobre todo en \u00e9poca tan dif\u00edcil como la presente), como asimismo de que los ancianos sean hombres bien capacitados para el desempe\u00f1o de su delicada tarea, no s\u00f3lo por su conocimiento, sino, y muy especialmente, por una vida y experiencia profundamente cristianas. De aqu\u00ed, en fin, la necesidad de publicar un tratado como el presente.<\/p>\n<p>Antes de entrar de lleno a la consideraci\u00f3n del anciano, ser\u00e1 provechoso hacer un poco de historia acerca de este t\u00edtulo y sus funciones, luego hacer tambi\u00e9n un breve examen del sistema presbiteriano, con lo cual se podr\u00e1 definir m\u00e1s claramente, el lugar que ocupa el anciano en la iglesia, como asimismo sus deberes, responsabilidad y funciones.<\/p>\n<h3>CAPITULO I<\/h3>\n<h4>Historia de la organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica primitiva respecto al anciano y forma de gobierno presbiteriano actual.<\/h4>\n<p>La constituci\u00f3n de la iglesia primitiva, como dice J. F. Hurst, se debi\u00f3 en gran parte a la direcci\u00f3n divina, estando esa organizaci\u00f3n en bosquejo y no en una forma definitiva. Al aparecer la iglesia en el mundo, encontramos en ella un orden de ministros muy especial y de un car\u00e1cter transitorio: el apostolado, que dej\u00f3 de existir tan pronto como cumpli\u00f3 su misi\u00f3n, con el fallecimiento del ap\u00f3stol Juan. Este orden sirvi\u00f3 de base para el establecimiento de ministros permanentes, a saber, el obispo o presb\u00edtero, o sea: obispo y anciano, y el di\u00e1cono.<\/p>\n<p>La obra especial de los ap\u00f3stoles fue la de difundir el evangelio verbal y escrituralmente, ya sea por las palabras de Jes\u00fas, quien les ense\u00f1\u00f3, o por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, y establecer y organizar las primeras iglesias. As\u00ed es que leemos en Hechos 14:23 que Pablo \u201chabi\u00e9ndoles constituido ancianos en cada una de las iglesias y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Se\u00f1or en el cual hab\u00edan cre\u00eddo\u201d. Observamos tambi\u00e9n que estos ancianos ocupaban un lugar muy importante al lado de los ap\u00f3stoles, deliberando con ellos en todos los asuntos delicados de la obra (Hechos 11:30; 15:2, 22; 16:4). Finalmente, notamos que eran los ministros de las iglesias (Hechos 20:17-28) y que eran responsables de la buena o mala marcha de la obra donde actuaban. Estas relaciones de los ancianos con los ap\u00f3stoles y las iglesias que entonces exist\u00edan son hoy las mismas, del anciano con la iglesia y los pastores, salvo que los pastores no son ap\u00f3stoles, sino tan solo ancianos juntamente con los gobernantes.<\/p>\n<p>En la iglesia primitiva los obispos o ancianos eran los ministros de m\u00e1s alto rango despu\u00e9s de los ap\u00f3stoles. La palabra obispo, que viene del griego ep\u00edscopos, significa: \u201cinspector, presidente, explorador, observador, especulador\u201d, o sea, en una palabra, un superintendente oficial. Se aplicaba a los gobernadores o presidentes de ciudades y provincias. Era, pues, conocido de los griegos el t\u00edtulo de obispo, como importando cierta superintendencia en el orden civil. De modo que, al organizarse las iglesias en las ciudades paganas se dio al pastor en jefe o superintendente el t\u00edtulo de obispo, que importaba el mismo car\u00e1cter que en el orden civil. En las iglesias de origen judaico no fue usado este t\u00e9rmino, sino que, como es natural, copiaron el modelo de la sinagoga en que el m\u00e1s anciano era el jefe, conocido con el t\u00edtulo de anciano o presb\u00edtero, adoptando este t\u00edtulo que les era m\u00e1s familiar para designar a los ministros que dirig\u00edan la obra.<\/p>\n<p>De lo expuesto se desprende que ambos t\u00edtulos designaban un mismo orden o jerarqu\u00eda. Esto se prueba f\u00e1cilmente, porque en ninguna parte de las Escrituras se mencionan los obispos y ancianos como si fuesen dos clases distintas de ministros. En cambio, ambos t\u00edtulos se aplican a las mismas personas (V\u00e9ase Hechos 20:17-28; Tito 1:5-7).<\/p>\n<p>En cuanto a la instituci\u00f3n de este oficio o ministerio en la iglesia, nada consta de una manera clara, fuera de que Pablo constituy\u00f3 ancianos en las iglesias que \u00e9l hab\u00eda fundado durante sus viajes misioneros. Sin embargo, se cree que es tan antiguo como la constituci\u00f3n de la primera iglesia organizada en Jerusalem, puesto que nace de la necesidad que existe en todo cuerpo organizado de tener al frente uno o m\u00e1s que le dirijan y gobiernen. Antes de que Pablo comenzara sus viajes misioneros, ya son mencionados los ancianos como directores de las iglesias (Hechos 11:30). Siguiendo la pr\u00e1ctica que nos revela la elecci\u00f3n de los siete di\u00e1conos en Hechos 6:3-6, parece que los ancianos u obispos eran elegidos colectivamente por los miembros de la congregaci\u00f3n y consagrados u ordenados para el ministerio por la imposici\u00f3n de las manos de los ap\u00f3stoles y dem\u00e1s ancianos, llamados el Presbiterio (1a. Tim. 4:14).<\/p>\n<p>A pesar del t\u00edtulo general de anciano dado a este ministerio en Stgo. 5:14; y 1a. Ped. 5:1-3, es f\u00e1cil observar que no todos los ancianos desempe\u00f1aban las mismas tareas, sino que, por el contrario, cada cual ten\u00eda su don especial, que le era conferido por el Esp\u00edritu Santo. As\u00ed observamos en 1a. Cor. 12:28 que \u201ca unos puso Dios en la Iglesia, primeramente ap\u00f3stoles, luego profetas, lo tercero doctores, luego facultades, luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, g\u00e9neros de lenguas\u201d. No todos, pues, ejerc\u00edan el mismo don, contribuyendo as\u00ed a la edificaci\u00f3n de todo el cuerpo, como se indica en 1a. Cor. 12:7-11; Rom. 12:4-8; 1a. Ped. 4:10, 11; Efesios 4:11-13. De aqu\u00ed, por tanto, la necesidad de que los ancianos sean hombres de una vida profundamente cristiana y consagrada al Esp\u00edritu Santo, a fin de que el poder de nuestro Se\u00f1or sea manifestado en la iglesia, no faltando ning\u00fan don.<\/p>\n<p>Cuando m\u00e1s tarde, bajo las influencias del mundo, se male\u00f3 la iglesia, se dio el t\u00edtulo de obispo a un orden superior de ministros, considerando como inferiores a los presb\u00edteros o ancianos, pero al venir la Reforma, las iglesias reformadas adoptaron varios sistemas de gobierno.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Forma de Gobierno de la Iglesia Presbiteriana, en los cap\u00edtulos III y V, leemos acerca de los oficiales o ministros de la iglesia lo siguiente:<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo III. Oficiales de la Iglesia.<\/p>\n<p>I. Nuestro bendito Salvador, en primer lugar, reuni\u00f3 su iglesia entresac\u00e1ndola de naciones diferentes (Salmo 2:8; Apoc. 7:9), reuni\u00e9ndola en un cuerpo (1a. Cor. 10:17; Ef. 4:16; Col 1:8), por la misi\u00f3n de hombres dotados con muchos dones de milagros, los cuales han cesado hace mucho tiempo (Mat.10:1,8).<\/p>\n<p>II. Los oficiales ordinarios y perpetuos en la Iglesia son los obispos o pastores (1a. Tim 3:1; Ef. 4:11,12), los representantes del pueblo llamados com\u00fanmente ancianos gobernantes (1a. Tim. 5:17) y los di\u00e1conos (Fil. 1:1).<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo V. Ancianos Gobernantes.<\/p>\n<p>Los ancianos gobernantes son propiamente los representantes del pueblo de la iglesia, escogidos por \u00e9ste con el fin de que ejerzan el gobierno y la disciplina en uni\u00f3n de los pastores o ministros (1a. Tim. 5:17; Rom. 12:7, 8; Hechos 15:23). Este oficio, seg\u00fan lo entiende la mayor parte de las iglesias protestantes reformadas, es el que se designa en las Escrituras con el t\u00edtulo de gobernaciones y de aquellos que gobiernan bien, pero no trabajan en palabra y doctrina (1a. Cor. 12:28; 1a. Tim. 5:17; Rom. 12:7, 8; Hechos 15:23).<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo IV de la Forma de Gobierno, que no hemos citado y que se refiere a los obispos y pastores, est\u00e1 encabezado como sigue: \u201cEl oficio pastoral es el primero en la iglesia, tanto por su dignidad como por su utilidad\u201d.<\/p>\n<p>Pero, como no coloca a \u00e9stos sobre los ancianos gobernantes, en lo que se refiere al gobierno de la iglesia, antes, por el contrario, asocia con ellos a los ancianos gobernantes, permaneciendo fiel al esp\u00edritu de las Escrituras, resulta de all\u00ed que la responsabilidad de la obra recae tanto sobre los unos como sobre los otros, poni\u00e9ndose as\u00ed de relieve la importancia que reviste el oficio de anciano gobernante y la necesidad de que tanto \u00e9l como el pastor sean hombres de una vida profundamente cristiana y saturada de aquella sabidur\u00eda divina que emana de las Santas Escrituras.<\/p>\n<h3>CAPITULO II.<\/h3>\n<h4>Un breve examen del presbiterianismo.<\/h4>\n<p>Ahora hemos llegado al momento en que debemos examinar en s\u00edntesis el presbiterianismo.<\/p>\n<p>Fuera del erastianismo, que ense\u00f1a que la iglesia es solamente una de las formas del Estado, y del cuaquerismo, que no reconoce organizaci\u00f3n alguna externa de la iglesia, quedan cuatro teor\u00edas radicalmente diferentes respecto del gobierno de la misma:<\/p>\n<p>1. La primera teor\u00eda es la del papismo, que da por sentado que Cristo, los ap\u00f3stoles y los creyentes, constituyeron la iglesia estando a\u00fan nuestro Se\u00f1or en la tierra, con el designio de que esta organizaci\u00f3n fuese perpetua. Despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, Pedro fue hecho su vicario y tom\u00f3 su lugar como cabeza visible de la santa iglesia. La primac\u00eda de Pedro, como obispo universal, ha continuado en sus sucesores, que son los obispos de Roma, y el apostolado se ha perpetuado en la orden de los prelados. As\u00ed como en la iglesia primitiva ninguno pod\u00eda ser ap\u00f3stol sin someterse a Cristo, tampoco ahora ninguno puede ser prelado sin someterse al papa. Y as\u00ed como en aquel tiempo ninguno pod\u00eda ser cristiano sin estar sujeto a Cristo y a sus ap\u00f3stoles, igualmente ahora, ninguno puede serlo sin estar sujeto a la voluntad del papa y a la de sus prelados. Esta es la teor\u00eda de la Iglesia Cat\u00f3lica Romana: Un vicario de Cristo, un cuerpo perpetuo de ap\u00f3stoles y el pueblo sujeto a su gobierno infalible.<\/p>\n<p>2. La teor\u00eda episcopal presume la perpetuidad del apostolado en el ejercicio del poder gubernativo inherente a la iglesia, que por tanto se compone de todas aquellas personas que profesan la religi\u00f3n verdadera y son gobernados por los obispos apost\u00f3licos. Esta es la teor\u00eda de la Iglesia Anglicana. La otra rama de la Iglesia establecida en Inglaterra, o sea la \u201cBaja Iglesia\u201d, ense\u00f1a simplemente que al principio hab\u00eda tres \u00f3rdenes en el ministerio y que las debe haber igualmente ahora, pero no afirma que aquel modo de organizaci\u00f3n sea esencial.<\/p>\n<p>3. La teor\u00eda de los independientes y de los congregacionalistas incluye dos principios: el primero es el de que el poder gubernativo y ejecutivo de la Iglesia reside en la congregaci\u00f3n y el segundo, el de que la organizaci\u00f3n de la iglesia est\u00e1 completa en cada asamblea que se re\u00fana para dar culto a Dios, la cual es independiente de todas las dem\u00e1s congregaciones.<\/p>\n<p>4. La cuarta teor\u00eda es la del presbiterianismo, en el cual la idea predominante es la teor\u00eda de la soberan\u00eda divina. Basados en este gran principio, hay tres proposiciones principales que los presbiterianos niegan y declaran err\u00f3neas, a saber:<\/p>\n<p>(a) Que todo poder eclesi\u00e1stico reside en el clero;<\/p>\n<p>(b) Que el apostolado es perpetuo; y<\/p>\n<p>(c) Que cada congregaci\u00f3n es independiente de todas las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En otros t\u00e9rminos se afirma positivamente las siguientes proposiciones:<\/p>\n<p>(a) Que el pueblo tiene derecho a tomar parte en el gobierno de la iglesia;<\/p>\n<p>(b) Que los ministros que se ocupan en el ministerio de la Palabra y de la doctrina son los funcionanarios m\u00e1s elevados y permanentes de la iglesia y que todos \u00e9stos pertenecen a una misma orden; y<\/p>\n<p>(c) Que la iglesia exterior y visible es, o debe ser, una en el sentido de que cualquier parte menor est\u00e1 sujeta a una mayor y la mayor, a la iglesia entera. Para ser presbiteriano, pues, no basta admitir uno o dos de estos principios positivos, sino que es preciso creer los tres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora vamos a detenernos a considerar cada uno de estos principios:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. El primer principio trata del poder y de los derechos del pueblo.<\/p>\n<p>Por lo que toca a la naturaleza del poder de la Iglesia, jam\u00e1s debemos perder de vista el gran principio de la soberan\u00eda divina, recordando siempre que la Iglesia es una teocracia. Jesucristo es la cabeza. De \u00e9l se deriva todo poder. Su palabra es nuestra constituci\u00f3n escrita. Por lo tanto, todo poder eclesi\u00e1stico es propiamente ministerial y administrativo. Todas las cosas deben hacerse seg\u00fan las direcciones de Cristo. Sin embargo, la iglesia es una sociedad que se gobierna a s\u00ed misma mediante sus funcionarios, sus leyes y, por consiguiente, su propio gobierno administrativo. Su poder se extiende:<\/p>\n<p>(a) A puntos de doctrina: ella tiene el derecho de hacer una manifestaci\u00f3n p\u00fablica de las verdades que cree y que deben ser aceptadas por todos los que entran en su comuni\u00f3n. Es decir, el de hacer sus credos o confesiones de fe como su testimonio en pro de la verdad y su protesta en contra del error; como asimismo el de elegir y destituir sus oficiales y ministros;<\/p>\n<p>(b) A la facultad de establecer reglas para la celebraci\u00f3n de su culto p\u00fablico;<\/p>\n<p>(c) A la facultad de establecer leyes para su propio gobierno; y, finalmente,<\/p>\n<p>(d) A la facultad de recibir miembros y de excluir a los que sean indignos de su comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora bien \u00bfD\u00f3nde reside este poder? No pertenece exclusivamente al clero como lo afirman los episcopales y los romanistas, en cuyo caso el pueblo est\u00e1 obligado a una obediencia ciega en todo los puntos de fe y de pr\u00e1ctica. En cambio este poder reside en la Iglesia misma, esto es, en sus ministros y miembros conjuntamente (v\u00e9ase \u201cDerechos y deberes de la Congregaci\u00f3n\u201d P\u00e1g. 315, de Roberts Manual for Ruling Elders). Siendo as\u00ed, el pueblo tiene derecho de tomar parte en la decisi\u00f3n de todas las cuestiones relativas a la doctrina, culto, orden y disciplina.<\/p>\n<p>Pero este gran principio presbiteriano no es tan s\u00f3lo un principio de libertad, sino tambi\u00e9n de orden.<\/p>\n<p>1\u00b0.- Porque este poder del pueblo tiene que estar sujeto a la autoridad infalible de la Palabra de Dios; y<br \/>\n2\u00b0.- Porque el ejercicio de este poder est\u00e1 en manos de funcionarios debidamente constituidos. El presbiterianismo no disuelve los v\u00ednculos de la autoridad ni tampoco convierte la Iglesia en una turba. Aunque libre de la autoridad autocr\u00e1tica de la jerarqu\u00eda, la Iglesia permanece siempre bajo la ley de Cristo. Est\u00e1 limitada en el ejercicio de su poder por la Palabra de Dios, ante la cual se doblega la raz\u00f3n, el coraz\u00f3n y la conciencia. Cesamos solamente de ser siervos de los hombres, para poderlo ser de Dios. Somos elevados a una esfera m\u00e1s alta en donde la libertad est\u00e1 en perfecta consonancia con la sujeci\u00f3n m\u00e1s absoluta.<\/p>\n<p>Los reformadores, como instrumentos en las manos de Dios para libertar a la Iglesia de la esclavitud de los prelados, no la constituyeron en una multitud desordenada, en que cada cual se impon\u00eda leyes a s\u00ed mismo, quedando libre de creer y hacer todo cuanto quisiera. Siempre que la Iglesia ejerce su autoridad, en lo que toca a la doctrina y a la disciplina, debe obrar conforme a la ley de Dios, seg\u00fan est\u00e1 escrita en la Biblia y mediante sus funcionarios leg\u00edtimos. La iglesia no es una democracia en que la voz popular lo determina todo. \u201cDios no es Dios de disensi\u00f3n, sino de paz (orden), como en todas las iglesias de los santos\u201d (1a. Cor. 14:33). La doctrina de que la autoridad eclesi\u00e1stica reside en la Iglesia misma no es inconsecuente con la de que aquel poder debe estar en manos de funcionarios divinamente establecidos, para que lo ejerzan conforme a la ley. Por lo dicho, se ve como el principio de libertad est\u00e1 en perfecta armon\u00eda con el del orden en el sistema presbiteriano. Por esta raz\u00f3n nuestra Confesi\u00f3n de Fe dice: \u201cEl Se\u00f1or Jes\u00fas, como Rey y cabeza de su iglesia, ha establecido en ella su gobierno, regido por funcionarios eclesi\u00e1sticos distintos de los magistrados civiles\u201d (Confesi\u00f3n de Fe &#8211; Cap\u00edtulo XXX).<\/p>\n<p>En el acto de elegir ancianos para gobernar en la Iglesia, damos por entendido que los ancianos gobernantes son representantes del pueblo. Son elegidos por \u00e9l a fin de que obren en su nombre al gobernar la iglesia. Por consiguiente, las funciones de estos ancianos determinan el poder del pueblo; porque un representante es elegido para hacer en nombre de otros lo que \u00e9stos tienen el derecho de hacer personalmente, o, en otras palabras, para ejercer el poder que radicalmente es inherente a aquellos por quienes obra. Por ejemplo, los miembros del Congreso s\u00f3lo pueden ejercer aquellos poderes que son inherentes al pueblo. Por tanto, los poderes que nuestros ancianos asumen son los que pertenecen a los miembros particulares de la Iglesia<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son estos poderes de los ancianos?<\/p>\n<p>1\u00b0.- Respecto de doctrina y de ense\u00f1anza evang\u00e9lica, los ancianos tienen el mismo derecho que los pastores en la formaci\u00f3n y adopci\u00f3n de todos los s\u00edmbolos de fe. Seg\u00fan el presbiterianismo, los ministros por su sola autoridad y sin el consentimiento del pueblo no tiene facultad de hacer y establecer un credo para toda la iglesia;<br \/>\n2\u00b0.- Lo mismo ocurre en cuanto al ritual o directorio del culto p\u00fablico;<br \/>\n3\u00b0.- As\u00ed tambi\u00e9n en cuanto a la formaci\u00f3n de la constituci\u00f3n de la iglesia y su disciplina;<br \/>\n4\u00b0.- Finalmente, en el ejercicio del poder llamado \u201cde las llaves\u201d, por el cual se admite a alguien a la comuni\u00f3n de la iglesia o se excluye de ella.<\/p>\n<p>Cuando se fund\u00f3 la iglesia, los ap\u00f3stoles reconocieron y sancionaron de todos los modos concebibles el derecho sustancial del pueblo de participar en el gobierno de la iglesia. Esto se deja ver fehacientemente en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas, en Hechos 1:21- 23, 26.<\/p>\n<p>Este poder perteneciente al pueblo fue absorbido poco a poco por el clero en el transcurso de los siglos. El poder de esta absorci\u00f3n creci\u00f3 a medida que la Iglesia se fue corrompiendo hasta que por fin la jerarqu\u00eda asumi\u00f3 toda la potestad.<\/p>\n<h4>Primer Gran Principio del Presbiterianismo<\/h4>\n<p>El primer gran principio del presbiterianismo es, pues, afirmar de nuevo la doctrina primitiva de que el poder eclesi\u00e1stico pertenece a toda la Iglesia; que aquel poder se ejerce mediante funcionarios leg\u00edtimos y, por tanto, que el nombramiento de ancianos gobernantes como representantes del pueblo no es una mera conveniencia, sino un elemento esencial de nuestro sistema, que nace de la naturaleza misma de la Iglesia y se apoya en la autoridad de Cristo.<\/p>\n<h4>El Segundo Gran Principio del Presbiterianismo<\/h4>\n<p>El segundo gran principio del presbiterianismo es que los pastores que ministran en la palabra y la doctrina son los funcionarios m\u00e1s elevados y permanentes de la Iglesia. A este respecto haremos las siguientes observaciones:<\/p>\n<p>1\u00b0.- El ministerio no es meramente un trabajo, sino un cargo. Un cargo es un deber desempe\u00f1ado por una persona nombrada para ello, envuelve ciertas prerrogativas que exigen se tenga reconocimiento y sumisi\u00f3n a la persona nombrada. No todas las personas dotadas de las cualidades requeridas para la obra del ministerio pueden apropiarse este cargo, para ello es preciso que sean regularmente nombradas. Para probar esto, basta hacer menci\u00f3n:<\/p>\n<p>(a) De los t\u00edtulos dados a los ministros en las Escrituras, que indican una posici\u00f3n oficial;<\/p>\n<p>(b) Del mandato expreso ordenando que se nombren para el cargo solamente personas que, despu\u00e9s de un debido examen, se hallen competentes; y<\/p>\n<p>(c) De la autoridad oficial que se les atribuye en las Escrituras y del mandato de que esta autoridad reciba su debido acatamiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2\u00b0.- El cargo del ministerio es de nombramiento divino, no s\u00f3lo en el sentido en que los poderes civiles son ordenados por Dios, sino en el de que los ministros derivan su autoridad de Cristo y no del pueblo. Cristo no s\u00f3lo ha ordenado que deba haber estos funcionarios en la Iglesia, se\u00f1alando sus deberes y prerrogativas, sino que les da las dotaciones necesarias y llama a los as\u00ed dotados, revisti\u00e9ndolos de su autoridad oficial por este llamamiento. En este caso, el deber de la Iglesia no es el de conferir el cargo, sino el de juzgar si el candidato ha sido llamado por Dios y, si est\u00e1 satisfecha sobre este punto, expresar su juicio de una manera p\u00fablica y solemne conforme al modo prescrito en las Escrituras.<\/p>\n<p>Que los ministros derivan su autoridad de Cristo, se comprende y demuestra por lo que sigue:<\/p>\n<p>(a) Resulta del car\u00e1cter teocr\u00e1tico de la Iglesia;<\/p>\n<p>(b) Resulta de la relaci\u00f3n que Cristo, su Se\u00f1or, tiene para con la Iglesia; representantantes del pueblo, no pudiendo ya obrar solo en asuntos de gobierno y disciplina.<\/p>\n<p>(c) Por el hecho de que las Escrituras dicen expresamente que Cristo dio \u201cunos ap\u00f3stoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores para la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo\u201d (Ef. 4:11,12). Cristo y no el pueblo constituy\u00f3 o nombr\u00f3 a los ap\u00f3stoles, a los profetas, a los evangelistas, a los pastores y maestros;<\/p>\n<p>(d) Por el hecho de que el ap\u00f3stol Pablo exhorta a los ministros de Efeso, dici\u00e9ndoles: \u201cMirad por vosotros y por todo el reba\u00f1o en que el Esp\u00edritu Santo os ha puesto por obispos\u201d (Hechos 20:28). Y a Archipo le dice: \u201cMira que cumplas el ministerio que has recibido del Se\u00f1or\u201d (Col. 4:17);<\/p>\n<p>(e) Por el hecho de que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, en el cual habita por su Esp\u00edritu, dando a cada miembro sus dones, calificaciones y cargos seg\u00fan su propia voluntad (1a. Cor. 12:11, 18,27,28).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3\u00b0.- En cuanto a los poderes de los ministros:<\/p>\n<p>(a) Ellos tienen a su cargo la predicaci\u00f3n de la Palabra y la administraci\u00f3n de los sacramentos. Son los \u00f3rganos de que se vale la Iglesia en la ejecuci\u00f3n de la gran comisi\u00f3n de hacer disc\u00edpulos en todas las naciones;<\/p>\n<p>(b) Son los que gobiernan en la casa de Dios;<\/p>\n<p>(c) Est\u00e1n investidos del poder de las llaves, guardando la entrada a la comuni\u00f3n de la Iglesia. Cuando el ministro se encuentra aislado, aunque est\u00e9 solo, tiene que ejercer sus funciones, ocup\u00e1ndose en recoger y organizar las iglesias; pero una vez organizadas, se asocia con otros ministros y con los representantantes del pueblo, no pudiendo ya obrar solo en asuntos de gobierno y disciplina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4\u00b0.- Se infiere que los ministros son los funcionarios m\u00e1s elevados y permanentes de la Iglesia del hecho que no hay funciones permanentes m\u00e1s altas atribuidas al ministerio cristiano en el Nuevo Testamento que las relativas a los ellos (v\u00e9ase 1a. Cor. 12:28; 14:5). Si \u00e9stos tienen a su cargo la predicaci\u00f3n del evangelio, la extensi\u00f3n, continuaci\u00f3n y pureza de la Iglesia; si son maestros y gobernantes investidos de poderes episcopales, no se necesita m\u00e1s para probar su car\u00e1cter elevado y permanente.<\/p>\n<h4><\/h4>\n<h4>El Tercer Gran Principio del Presbiterianismo<\/h4>\n<p>El tercer gran principio del presbiterianismo es que la Iglesia es una, en el sentido de que las partes menores est\u00e1n sujetas a las mayores y las mayores al cuerpo entero de la Iglesia. Y como ella se gobierna por sus tribunales compuestos de presb\u00edteros y ancianos, se sigue de all\u00ed que cada tribunal inferior est\u00e1 sujeto a los superiores, debiendo acatar sus decretos.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed resulta que, aunque cada iglesia particular tiene derecho de manejar sus propios negocios y de administrar su propia disciplina, no puede ser independiente e irresponsable en el ejercicio de este derecho.<\/p>\n<p>Se puede ver que esta es una doctrina b\u00edblica:<\/p>\n<p>1\u00b0.- Por la naturaleza de la Iglesia. La Iglesia es una, es un cuerpo, una familia, un redil. Es una, porque est\u00e1 penetrada por un Esp\u00edritu (1a. Cor. 12:13). Esta morada del Esp\u00edritu en el cristiano, que alcanza a todos los miembros del cuerpo de Cristo, produce no s\u00f3lo aquella uni\u00f3n interior que se manifiesta en la simpat\u00eda y cari\u00f1o, en la unidad de fe y amor, sino tambi\u00e9n en la uni\u00f3n y comuni\u00f3n externas. De manera que una iglesia independiente es un absurdo, tanto como lo es suponer un cristiano independiente o un dedo vivo separado del cuerpo o una rama con savia y separada del tronco. Si la Iglesia es un cuerpo vivo, unido a la misma cabeza, gobernado por las mismas leyes e iluminado por el mismo Esp\u00edritu, es imposible que una parte sea independiente de todas las dem\u00e1s;<\/p>\n<p>2\u00b0.- Las mismas razones que exigen que el creyente se someta a sus hermanos en cualquiera iglesia particular, exigen tambi\u00e9n su sujeci\u00f3n a todos sus hermanos en el Se\u00f1or. El fundamento de esta obligaci\u00f3n no es precisamente el convenio que hizo con la iglesia al ser recibido como miembro de ella, ni el pacto celebrado entre varios creyentes, que s\u00f3lo liga a los que entran en \u00e9l. No, el poder de la Iglesia es de origen muchos m\u00e1s alto que el simple consentimiento de los gobernados. La iglesia es una sociedad divinamente constituida, que deriva su poder de Cristo. Los que se reciben como miembros de ella tienen que ser admitidos a una sociedad ya existente que goza de ciertas prerrogativas y privilegios de que podr\u00e1 participar, pero sin modificarlos por eso en manera alguna. Por lo tanto, es imposible limitar la obediencia del cristiano a la congregaci\u00f3n particular de la cual es miembro o hacer que determinada congregaci\u00f3n se independice de todas las dem\u00e1s sin destruir completamente la naturaleza de la Iglesia y desgajar los miembros vivos del cuerpo de Cristo. Si se hiciera semejante tentativa y se lograse el \u00e9xito, las iglesias separadas tendr\u00edan que morir, como muere el miembro que se separa del cuerpo;<\/p>\n<p>3\u00b0.- Durante la \u00e9poca apost\u00f3lica la Iglesia no se compon\u00eda de congregaciones independientes y separadas, sino que era un cuerpo, cuyos miembros consist\u00edan de las iglesias particulares, sujet\u00e1ndose cada una a todas las dem\u00e1s o a una autoridad que se extend\u00eda sobre todas.<br \/>\nEsto se echa de ver por el concilio de Jerusalem y sus decretos (Hechos 15:22-29; 16:4).<\/p>\n<p>Es evidente, pues, que la Iglesia es una en el sentido de que la minor\u00eda debe estar sujeta a la mayor\u00eda y \u00e9sta al todo:<\/p>\n<p>(a) Por su naturaleza: porque es un reino, una familia, un cuerpo, que tiene una cabeza, una fe y una constituci\u00f3n escrita y que es movida por un Esp\u00edritu;<br \/>\n(b) Por el mandato de Cristo relativo a que obedezcamos a nuestros hermanos, no porque viven cerca de nosotros, ni porque hayamos pactado obedecerles, sino porque son nuestros hermanos, templos y \u00f3rganos del Esp\u00edritu Santo;<br \/>\n(c) Por el hecho de que durante el siglo apost\u00f3lico las iglesias no fueron cuerpos independientes, sino sujetos a un tribunal com\u00fan en todo asunto de doctrina, orden y disciplina;<br \/>\n(d) Porque toda la historia de la Iglesia prueba que esta uni\u00f3n y sujeci\u00f3n mutua es el estado normal de la iglesia hacia el cual se esfuerza por una ley interna de su existencia. Si es necesario que un cristiano est\u00e9 sujeto a otros cristianos, no lo es menos que una iglesia lo est\u00e9 a las otras, por las mismas razones, en el mismo esp\u00edritu y en la misma extensi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>NOTA 1. <\/strong>El contenido de este cap\u00edtulo no es original, sino un extracto de la obrita titulada: \u201c\u00bfQue es el presbiterianismo?\u201d, por el Dr. Charles Hodge.<\/p>\n<p><strong>NOTA 2.<\/strong> Conforme al sistema presbiteriano, ninguna iglesia particular presbiteriana puede tomar acuerdos relacionados con el gobierno, la disciplina o la doctrina a no ser que sea por sus tribunales, que son:<br \/>\n(a) El Consistorio;<br \/>\n(b) El Presbiterio;<br \/>\n(c) El S\u00ednodo; y<br \/>\n(d) La Asamblea General.<\/p>\n<p>Pero como las congregaciones particulares celebran sus sesiones conocidas con el nombre de Asamblea Congregacional, cuyas actas se insertan en las del Consistorio y a fin de evitar falsas interpretaciones respecto a los poderes de estas Asambleas Congregacionales, indicaremos en este lugar los derechos y los deberes de la congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>1\u00b0.- Derechos de la Congregaci\u00f3n:<\/strong><\/p>\n<p>1. Tener Asambleas Congregacionales, para tomar acuerdos sobre negocios de la iglesia, cuando es citada por el Consistorio para este fin;<\/p>\n<p>2. Pedir al Consistorio cite a Asamblea Congregacional para llamar un pastor, cuyo llamamiento no puede ser hecho por el Consistorio, siendo este tribunal incompetente en este caso (Forma de Gob., cap. XV, sec. 1);<\/p>\n<p>3. Elegir oficiales, tales como pastores, ancianos gobernantes y di\u00e1conos (Forma de Gob., cap. I, sec. 6; cap. XIII, sec 2; cap. XV, sec. 4);<\/p>\n<p>4. Indicar su deseo de cambiar de oficiales (Forma de Gob., cap. XIII, sec. 6 y 7; cap. XVII);<\/p>\n<p>5. Cambiar la manera de elegir ancianos y di\u00e1conos (Forma de Gob., cap. XIII, sec. 8);<\/p>\n<p>6. Rehusar o dar su asentimiento a la instalaci\u00f3n de un pastor, despu\u00e9s de haber sido llamado (Forma de Gob., cap. XV, sec. 13);<\/p>\n<p>7. Manifestar al Presbiterio por medio de su representante las razones por qu\u00e9 dicho tribunal no debe aceptar la renuncia de un pastor instalado (Forma de Gob., cap. XVII);<\/p>\n<p>8. Indicar su deseo de unirse con otra iglesia organizada o separarse en dos iglesias (Forma de Gob., cap. X, sec. 8);<\/p>\n<p>9. Adoptar reglamentos para sus procedimientos, siempre que est\u00e9n de acuerdo y encuadrados dentro de la Constituci\u00f3n (Forma de Gob., cap. XV, sec. 4); y<\/p>\n<p>10.- Recordar al Presbiterio alg\u00fan asunto en que este tribunal debe pronunciarse.<\/p>\n<p><strong>2\u00b0.- Deberes de la Congregaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>1.- Sumisi\u00f3n a las leyes de Cristo (Forma de Gob., cap. II, sec. 2);<\/p>\n<p>2. Sumisi\u00f3n a la Forma de Gobierno (Forma de Gob., cap. II, sec. 4);<\/p>\n<p>3. Obediencia a sus oficiales (Forma de Gob., cap. XIII, sec. 4, p\u00e1rrafo 5; cap. XV, sec. 13);<\/p>\n<p>4. Sostener el culto y ordenanzas de la iglesia (Forma de Gob., cap. VII);<\/p>\n<p>5. Cooperar con las otras iglesias del Presbiterio en la propagaci\u00f3n del evangelio (Forma de Gob., cap. X, sec. 1);<\/p>\n<p>6. Promover la predicaci\u00f3n del evangelio en todo el mundo mediante sus ofrendas (Directorio del culto p\u00fablico, cap. VI, sec 1);<\/p>\n<p>7. Proveer los medios para cumplir con las obligaciones financieras contra\u00eddas con su pastor y el Presbiterio (Forma de Gob., cap. XV, sec. 6 y 13).<\/p>\n<p>III.- Segundo gran principio: Los pastores que ministran en la palabra y la doctrina son los funcionarios m\u00e1s elevados y permanentes:<\/p>\n<p>1.- El ministerio no es un mero trabajo, sino un cargo;<br \/>\n2.- El cargo del ministerio es conferido por nombramiento divino;<br \/>\n3.- La iglesia s\u00f3lo debe juzgar si el candidato es elegido de Cristo;<br \/>\n4.- El ministerio es el medio por el cual se propaga la Iglesia;<\/p>\n<h3>CAPITULO III.<\/h3>\n<h4>Los principios de que debe compenetrarse el anciano.<\/h4>\n<p>Resumiendo lo dicho en el cap\u00edtulo anterior tenemos este bosquejo del sistema presbiteriano:<\/p>\n<p><strong>I. Premisa fundamental:<\/strong> Cristo como soberano gobierna su Iglesia mediante su Vicario, el Esp\u00edritu Santo;<\/p>\n<p><strong>II. Primer gran principio<\/strong>: El pueblo tiene derecho a tomar parte en el gobierno de la Iglesia;<\/p>\n<p>1.- Los ministros no puede suprimir leg\u00edtimamente este derecho;<\/p>\n<p>2.- Esta libertad y derecho del pueblo es ordenado estando sujeto:<\/p>\n<p>(a) A la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras;<br \/>\n(b) A un gobierno constituido de ministros o pastores y ancianos gobernantes;<\/p>\n<p>3.Los ancianos son los representantes del pueblo, elegidos por \u00e9ste para gobernar en compa\u00f1\u00eda de los ministros, en el nombre de Cristo;<\/p>\n<p>4.El gobierno de los ancianos abarca todos los asuntos de doctrina, de disciplina y de gobierno;<\/p>\n<p><strong>III.- Segundo gran principio:<\/strong> Los pastores que ministran en la palabra y la doctrina son los funcionarios m\u00e1s elevados y permanentes:<\/p>\n<p>1.- El ministerio no es un mero trabajo, sino un cargo;<\/p>\n<p>2.- El cargo del ministerio es conferido por nombramiento divino;<\/p>\n<p>3.- La iglesia s\u00f3lo debe juzgar si el candidato es elegido de Cristo;<\/p>\n<p>4.- El ministerio es el medio por el cual se propaga la Iglesia;<\/p>\n<p><strong>IV.- Tercer gran principio:<\/strong> La Iglesia es una, en el sentido de que las partes menores est\u00e1n sujetas a las mayores y \u00e9stas al todo:<\/p>\n<p>1. Una iglesia local no puede considerarse independiente de las dem\u00e1s, sino que les est\u00e1 sujeta;<br \/>\n2. Cada tribunal debe acatar los acuerdos y decretos de los superiores.<\/p>\n<p>En este sencillo bosquejo del sistema presbiteriano se hallan los principios que deben fijarse en la mente y coraz\u00f3n del anciano gobernante a fin de que sirvan de gu\u00eda al ejercer sus funciones, poni\u00e9ndole a cubierto de equivocaciones perjudiciales a la obra y haciendo que en sus actividades sea digno, sabio y eficaz. Hagamos las aplicaciones de estos principios:<\/p>\n<p>I. Bajo la premisa fundamental, consciente el anciano gobernante de la soberan\u00eda divina, est\u00e1 obligado a pensar y saber:<\/p>\n<p>1. Que \u00e9l no tiene se\u00f1or\u00edo sobre las heredades del Se\u00f1or, sino que est\u00e1 colocado en su puesto como un mayordomo, para que tenga cuidado de la familia del Se\u00f1or, comport\u00e1ndose en todo como un dechado de la grey y teniendo presente que tarde o temprano vendr\u00e1 el momento en que tendr\u00e1 que rendir cuentas de su mayordom\u00eda (Mat. 24:45-51; 25:1446; 1a. Ped. 5:1-5);<\/p>\n<p>2. Que su vida tiene que ser limpia de injusticias, ofensas y pecado. Sin este requisito no podr\u00eda servir en lo m\u00e1s m\u00ednimo a su Se\u00f1or, por la sencilla raz\u00f3n de que no hay comuni\u00f3n entre la luz y las tinieblas, la justicia y la injusticia (2a. Cor. 6:14-16). Cualquier pecado le apartar\u00e1 de Cristo y sin una comuni\u00f3n \u00edntima y estrecha con su Se\u00f1or, no puede llevar fruto (Juan 15:1-8). Si su vida no es limpia, puede constituir un grave estorbo a la obra (Josu\u00e9 7:1-26);<\/p>\n<p>3. Que le es muy necesario conocer la mente de Cristo a fin de cumplir su ministerio, para lo cual necesita llevar una vida altamente espiritual, porque el hombre carnal no entiende las cosas que son del Esp\u00edritu, ni las puede comprender (1a. Cor. 2:12-3:3). Si el anciano gobernante no es hombre de vida espiritual \u00bfC\u00f3mo, pues, podr\u00e1 gobernar en el nombre del Se\u00f1or a quien no conoce y cuya voluntad le permanece oculta? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 gobernar en las cosas espirituales siendo \u00e9l carnal? En este caso su gobierno seria propio y no bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, resultando indudablemente en un fracaso;<\/p>\n<p>4. Que ocupa un puesto sola y exclusivamente para cumplir la voluntad de su Se\u00f1or y no la suya propia, por cuya raz\u00f3n ha de preguntarse constantemente: \u201c\u00bfSoy realmente un instrumento por el cual el Se\u00f1or est\u00e1 gobernando esta congregaci\u00f3n? Como mayordomo que soy de \u00e9l sobre su pueblo \u00bfEstoy cumpliendo su voluntad y sus designios?\u201d<\/p>\n<p>Si se toman en cuenta las flaquezas inherentes al ser humano, la fuerza con que suele imponerse el \u201cyo\u201d aun sobre las mayores responsabilidades y las continuas y astutas maquinaciones del diablo para destruir la obra (1a. Ped. 5:7,8; 1a. Cor. 5:1-5 con 2a.Cor. 2:1-11), es f\u00e1cil comprender cu\u00e1n f\u00e1cilmente pueden errar los ancianos gobernantes y los presb\u00edteros en el ejercicio de su ministerio, cediendo a la tentaci\u00f3n de hacer prevalecer su propia opini\u00f3n y olvid\u00e1ndose de la voluntad del Se\u00f1or manifestada en las Sagradas Escrituras. \u00a1Con cu\u00e1nta raz\u00f3n ha de hacerse estas preguntas el anciano! Seguramente que jam\u00e1s se las har\u00e1 con bastante frecuencia. Por lo tanto, insistiremos enf\u00e1ticamente que con gran denuedo fije de una manera permanente esta idea fundamental en su mente y coraz\u00f3n. Que estas preguntas y otras por el estilo lleguen a ser la salvaguardia que le retengan dentro del c\u00edrculo de su verdadera comisi\u00f3n y mayordom\u00eda.<\/p>\n<p>II. El tener presente que el pueblo tiene parte en el gobierno de la iglesia servir\u00e1 de acicate al anciano gobernante:<\/p>\n<p>1.Para que siempre haga valer los derechos del pueblo que representa en todos los acuerdos de los tribunales donde tiene que actuar, ocupando un lugar junto a los ministros. Esta idea jam\u00e1s permitir\u00e1 que se repita el ultraje que el clero cat\u00f3lico romano ha hecho al pueblo de Dios asumiendo la tiran\u00eda sobre \u00e9l. En este caso, el anciano es el atalaya del pueblo que representa y cuyos derechos defiende;<\/p>\n<p>2.Para que se d\u00e9 cuenta que su voto es de suma necesidad e importancia, ya sea en el Consistorio que gobierna la congregaci\u00f3n local que representa o en los tribunales superiores.<\/p>\n<p>Esto le obliga:<\/p>\n<p>(a) A visitar a los miembros de su congregaci\u00f3n, a fin de conocerlos de cerca y de que su voto en cuesti\u00f3n de disciplina est\u00e9 bien fundado y no sea limitado a meras suposiciones;<\/p>\n<p>(b) A consultar y escudri\u00f1ar las Sagradas Escrituras, a fin de que su voto en los asuntos de doctrina no venga a carecer de fundamento y sea una nulidad.<\/p>\n<p>La falta de conocimiento en ambos casos lo convertir\u00e1 en un verdadero ciego gu\u00eda de ciegos. Un anciano que no conoce ni su congregaci\u00f3n ni su Biblia no puede ser un buen gobernante, de consiguiente est\u00e1 incapacitado para defender los intereses espirituales de su congregaci\u00f3n;<\/p>\n<p>3. Para que tenga presente que es un representante del pueblo en los distintos tribunales donde lleva la voz de la congregaci\u00f3n, pero en ninguna manera un se\u00f1or de sus electores. Es cierto que \u00e9l es un jefe de la congregaci\u00f3n y que juntamente con los dem\u00e1s ancianos y el pastor, la gobierna y juzga ci\u00f1\u00e9ndose a las reglas prescritas en la Palabra de Dios y la Constituci\u00f3n, pero tiene que recordar que esta posici\u00f3n la ocupa porque el pueblo ha depositado su confianza en \u00e9l y le ha llevado all\u00ed por su voto. Por tanto, si ocupa el puesto tan s\u00f3lo como un honor, si bajo los impulsos de malas tendencias olvida su verdadera misi\u00f3n o si su actuaci\u00f3n en aquel puesto no es satisfactoria y no edifica al pueblo, \u00e9ste puede pronunciarse tambi\u00e9n en el sentido de deponerle del oficio.<\/p>\n<p>Al efecto, nos dice la Constituci\u00f3n: \u201cLos oficios de anciano gobernante y de di\u00e1conos son perpetuos y no pueden renunciarse. Ninguna persona ser\u00e1 quitada de uno de estos oficios sino por deposici\u00f3n. Sin embargo, un anciano o di\u00e1cono por la edad o por la debilidad puede llegar a ser incapaz de cumplir los deberes de su oficio o bien, puede suceder que sin pesar sobre \u00e9l un cargo fundado de herej\u00eda o inmoralidad, no sea ya aceptado en su car\u00e1cter oficial por la mayor\u00eda de la congregaci\u00f3n a la cual pertenece. En cualquiera de estos dos casos como sucede frecuentemente con los ministros, puede dejar de ser un anciano o di\u00e1cono activo.<\/p>\n<p>Cuando alg\u00fan anciano o di\u00e1cono, por cualquiera de estas causas o por alguna otra que no sea un delito ya no pueda servir para la edificaci\u00f3n de la iglesia, el Consistorio tomar\u00e1 el asunto en consideraci\u00f3n y asentar\u00e1 en sus actas los hechos juntamente con las razones que hubo para ello, siempre que esto se haga con el consentimiento de los individuos, a no ser que sea por orden del Presbiterio\u201d (Forma de Gob., cap. XIII, sec. VI y VII).<\/p>\n<p><strong>NOTA.<\/strong> Como suele suceder que un anciano presenta su renuncia, se ha preguntado m\u00e1s de una vez: \u00bfA qui\u00e9n debe presentar su renuncia un anciano? Y como la tendencia de muchos es creer que por cuanto la Asamblea Congregacional elige, debe tambi\u00e9n recibir las renuncias, insertaremos en este lugar la respuesta: Seg\u00fan acuerdo de la Asamblea General reunida en 1883, la renuncia de un anciano debe presentarse al Consistorio y se har\u00e1 efectiva en cuanto sea aceptada por dicho tribunal. La raz\u00f3n de ello es que la Asamblea Congregacional, que tiene derecho de elegir oficiales, no puede aceptar renuncias por cuanto delega en sus representantes la autoridad para gobernarla, como ya se ha explicado m\u00e1s arriba. De manera que, la \u00fanica autoridad local competente para recibir y aceptar renuncias de ancianos y di\u00e1conos es el Consistorio y no la Asamblea Congregacional.<\/p>\n<p>III.- En cuanto al segundo principio, a saber: que los ministros son los funcionarios m\u00e1s elevados y permanentes, el anciano tendr\u00e1 presente:<\/p>\n<p>1. Que \u00e9l no es un patr\u00f3n del pastor. Ocurre a veces, especialmente en las iglesias de sost\u00e9n propio, que sus ancianos, acostumbrados a pagar el honorario del pastor, se forman el concepto de que \u00e9ste es un empleado que as\u00ed como se ocupa en predicar, podr\u00eda igualmente ocuparse en otra cosa para ganarse la vida, y pierden de vista aquel gemido: \u201c\u00a1Ay de m\u00ed, si no anunciare el evangelio!\u201d (1a. Cor. 9:16) y asumen para con \u00e9l relaciones meramente comerciales. La realidad es muy distinta a esta falsa relaci\u00f3n: el anciano debe y est\u00e1 obligado a saber que el pastor no desempe\u00f1a un mero trabajo, sino un cargo que le ha sido conferido por llamamiento y nombramiento divino.<\/p>\n<p>Basta un solo hecho para demostrar esta realidad: el pastor preside a los ancianos en el Consistorio y ning\u00fan empleado preside a sus patrones, tal cosa ser\u00eda un absurdo. Por tanto, el anciano debe reconocer en su pastor a una autoridad con la cual \u00e9l mismo est\u00e1 asociado para gobernar juntamente como hermano en Cristo.<\/p>\n<p>2. Que si el pastor ha recibido un llamamiento y nombramiento de parte del Se\u00f1or y ha sido enviado a esa congregaci\u00f3n como el instrumento mediante el cual ella va a crecer y propagarse, debe acatar sus ense\u00f1anzas y obedecerle, a no ser que estas ense\u00f1anzas no sean fundadas en la Palabra de Dios. Debe tenerle en mucha estima y procurar que la iglesia haga lo mismo, a fin de que su obra resulte eficaz (Heb. 13:17; 1a. Tes. 5:12,13). Debe asimismo ser decididamente su consejero y cooperador, aportando todo el concurso que le sea posible, teniendo presente que no ha sido nombrado tan s\u00f3lo para ocupar un puesto en el Consistorio y dictar \u00f3rdenes o votar en alg\u00fan proceso, sino tambi\u00e9n y muy especialmente para hacer su parte en la obra de visitaci\u00f3n de los miembros de la congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una cuesti\u00f3n digna de la mayor consideraci\u00f3n aqu\u00ed, es aquella que se refiere al sost\u00e9n del ministerio. Es costumbre al hacerse un llamamiento, indicar el monto de la asignaci\u00f3n que se le dar\u00e1 al pastor llamado, a fin de que pueda dedicar sin preocupaci\u00f3n todo su tiempo a la obra (Forma de Gob., cap. XV, sec. 6). (Se usa la palabra asignaci\u00f3n aqu\u00ed, porque la verdad es que ning\u00fan pastor percibe un sueldo u honorario, sino una asignaci\u00f3n, por cuanto desempe\u00f1a un cargo, no siendo correcto considerarle como empleado, seg\u00fan ya hemos podido ver). Pues bien \u00bfQui\u00e9nes deben pensar en el sost\u00e9n del ministerio? \u00bfC\u00f3mo y hasta qu\u00e9 punto debe ser sostenido? En cuanto a la primera cuesti\u00f3n, es claro que no ser\u00e1 provechoso ni para los ministros ni para las iglesias, que aquellos est\u00e9n obligados a hablar sobre su propio sost\u00e9n, lo cual da origen a malas interpretaciones y a dificultades bochornosas. Aqu\u00ed los ancianos deben salir al frente, deben cooperar con los di\u00e1conos y otros miembros de la congregaci\u00f3n, no permitiendo jam\u00e1s que el pastor se vea en la necesidad de llamar la atenci\u00f3n sobre d\u00e9ficit o asignaciones tan estrechas que no le permitan vivir sin serias preocupaciones. Por supuesto, esto no excluye al pastor del deber de instruir y predicar sobre el deber de contribuir a la obra. Al contrario, si el pastor recibe una asignaci\u00f3n justa que le permita vivir sin preocupaciones respecto de sus necesidades, podr\u00e1 ense\u00f1ar a la congregaci\u00f3n con mayor fuerza y libertad. Es digno de notarse que la pureza y la libertad con que un ministro habla y ense\u00f1a a su congregaci\u00f3n respecto a finanzas est\u00e1n en proporci\u00f3n inversa a sus propios problemas financieros.<\/p>\n<p>En cuanto a la segunda cuesti\u00f3n, nos limitaremos a se\u00f1alar:<\/p>\n<p>(a) La regla establecida por el Se\u00f1or y recordada por el ap\u00f3stol Pablo en 1a. Cor. 9:3-14 que termina con esta expresi\u00f3n: \u201cAs\u00ed orden\u00f3 el Se\u00f1or a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio\u201d (v\u00e9ase G\u00e1l. 6:6); y<br \/>\n(b) La medida de esta asignaci\u00f3n, indicada en forma inequ\u00edvoca en las Sagradas Escrituras (1a. Tim. 5:17,18). El sentido de la palabra honra, en esta \u00faltima cita, se comprende claramente por el vers\u00edculo 18 y por Hechos 28:10.<\/p>\n<p>IV.- Finalmente, el tercer principio, servir\u00e1 de freno al anciano, sabiendo que la iglesia local no es m\u00e1s que un miembro de la Iglesia en general. Por lo cual, ning\u00fan acuerdo puede tomar mediante sus ancianos que est\u00e9 en pugna con el total de la Iglesia. Le ense\u00f1a que \u00e9l mismo est\u00e1 sujeto a sus hermanos, quienes tienen el deber de ejercer fiscalizaci\u00f3n sobre \u00e9l. Que los tribunales superiores pueden censurar las extralimitaciones o negligencias del Consistorio de que \u00e9l forma parte.<\/p>\n<p>A este respecto leemos en el Libro de disciplina Cap. IX,<\/p>\n<p>Sec. 72: \u201cTodos los procedimientos de la iglesia ser\u00e1n notificados al Consistorio y revisados por \u00e9ste, quien despu\u00e9s los incorporar\u00e1 por su orden en sus actas. Todo tribunal superior al Consistorio revisar\u00e1 a lo menos una vez al a\u00f1o las actas de los procedimientos del tribunal inmediatamente inferior y si \u00e9ste dejase de mandar sus actas para este prop\u00f3sito, el superior le exigir\u00e1 que las presente, ya inmediatamente o en alg\u00fan tiempo se\u00f1alado, conforme a las circunstancias\u201d.<br \/>\n73.- \u201cEn esta revisi\u00f3n el tribunal examinar\u00e1 primero si los procedimientos han sido escritos debidamente; segundo, si han sido regulares y constitucionales; y tercero, si han sido sabios y para la edificaci\u00f3n de la iglesia\u201d.<br \/>\n74.- \u201cA los miembros de un tribunal cuyas actas se est\u00e9n revisando no se les permitir\u00e1 votar cuando se trate de ellas\u201d.<br \/>\n75.- \u201cEn muchos casos el tribunal superior puede cumplir su cometido con poner solamente en sus actas y en las que revisa la censura que juzgue conveniente. Pero si los procedimientos irregulares fueren hallados muy deshonrosos y perjudiciales, se le exigir\u00e1 al tribunal inferior que los revise y corrija o revoque, noticiando en su tiempo se\u00f1alado el cumplimiento de la orden, advirti\u00e9ndose que ninguna decisi\u00f3n judicial ser\u00e1 revocada a menos que haya sido llevada en apelaci\u00f3n o queja\u201d.<br \/>\n76.- \u201cSi un tribunal, en alg\u00fan tiempo, tiene noticias de procedimientos irregulares de un tribunal inferior, el primero lo citar\u00e1 para que comparezca, en tiempo y lugar se\u00f1alado para que presente sus actas y manifieste lo que ha hecho sobre el asunto en cuesti\u00f3n, despu\u00e9s de lo cual, si el cargo es comprobado, todo el asunto ser\u00e1 terminado por el tribunal superior o ser\u00e1 remitido al inferior con instrucciones especiales para su arreglo\u201d.<br \/>\nArt\u00edculo 76 a.- \u201cEn caso de apelaci\u00f3n o queja a un tribunal superior, ninguna de las partes circular\u00e1 o har\u00e1 circular entre los miembros de dicho tribunal argumento alguno o explicaci\u00f3n de su causa, escrita o impresa, antes de la resoluci\u00f3n de la comisi\u00f3n judicial u otro tribunal que considere el caso, salvo a petici\u00f3n u orden de dicha comisi\u00f3n o tribunal\u201d.<br \/>\n77.- \u201cLos tribunales algunas veces pueden descuidar el cumplimiento de su deber, descuidando opiniones her\u00e9ticas o permitiendo que malas pr\u00e1cticas se generalicen o que los que cometen ofensas de un car\u00e1cter grave escapen de su juicio o bien omitiendo en sus actas alguna parte de sus procedimientos o no consign\u00e1ndolos de la manera debida. Entonces, si en alg\u00fan tiempo un tribunal superior tuviere noticia cierta de que tales descuidos, omisiones o irregularidades se han cometido por un tribunal inferior, puede exigirle a \u00e9ste que presente sus actas y proceder\u00e1 a examinar y decidir toda la materia, de una manera tan completa como si la debida acta hubiese sido hecha o bien citar\u00e1 al inferior y proceder\u00e1 como se acaba de decir en la secci\u00f3n N\u00b0 76.\u201d<\/p>\n<p><strong>NOTA<\/strong>: Los art\u00edculos que acabamos de citar se encuentran bajo las secciones 71 &#8211; 76 en la antigua edici\u00f3n; en la cual no se halla el art\u00edculo 76a.<\/p>\n<p>En cuanto a su propia persona, no est\u00e1 dem\u00e1s recordar la parte final de la secci\u00f3n 7 del cap\u00edtulo XIII de la Forma de Gobierno ya citado.<\/p>\n<p>Otra consecuencia de este principio es que los acuerdos y decisiones tomados por los tribunales superiores, que forman la mayor\u00eda o la totalidad, como en el caso de la Asamblea General, deben ser acatados y obedecidos con fidelidad. Ello evitar\u00e1 que los ancianos de una congregaci\u00f3n tengan puntos de vista mezquinos, oblig\u00e1ndolos a tenerlos m\u00e1s amplios y a pensar en el bienestar general de la iglesia.<\/p>\n<h3>CAPITULO IV.<\/h3>\n<h4>La elecci\u00f3n de ancianos gobernantes.<\/h4>\n<p>La elecci\u00f3n de ancianos reviste caracteres de suma importancia y delicadeza. La discusi\u00f3n de esta materia ser\u00e1 de una utilidad incalculable y servir\u00e1 de gu\u00eda tanto a los ancianos que ya est\u00e1n en funciones en el sentido de que desplieguen todas sus influencias a fin de que la elecci\u00f3n de los nuevos se haga en forma digna y provechosa (1a. Cor. 14:40), como tambi\u00e9n a la congregaci\u00f3n al efectuar el acto de la elecci\u00f3n e iniciar a los candidatos electos en su nuevo oficio.<\/p>\n<p>Consideramos este asunto bajo los siguientes aspectos:<\/p>\n<p><strong>I. Reglas constitucionales de la elecci\u00f3n.<\/strong> El mecanismo de laelecci\u00f3n es muy sencillo, helo aqu\u00ed:<\/p>\n<p>1. \u201cToda congregaci\u00f3n elegir\u00e1 personas para el oficio de anciano gobernante seg\u00fan el modo m\u00e1s aprobado y el uso de esa congregaci\u00f3n (1a. Cor. 14:40), pero en todo caso las personas elegidas ser\u00e1n miembros varones en plena comuni\u00f3n de la iglesia donde van a ejercer su oficio\u201d (Forma de Gob., cap. XIII, sec. 2).<br \/>\n2. \u00bfQui\u00e9nes pueden votar en la elecci\u00f3n? Seg\u00fan acuerdo de la Asamblea General de 1897: \u201cS\u00f3lo los comulgantes en buenas relaciones con la iglesia tienen derecho a votar en la elecci\u00f3n de ancianos gobernantes o di\u00e1conos, pero si no ha sido suspendido de la comuni\u00f3n por un acto del Consistorio, a\u00fan cuando este tribunal piense tomar una resoluci\u00f3n, no se le podr\u00e1 impedir votar a ninguna persona\u201d.<br \/>\n3. Una vez que una persona ha sido ordenada para el oficio, queda en \u00e9l perpetuamente, aun cuando haya terminado su per\u00edodo de actividad. En tal caso s\u00f3lo deja de ser activo; con todo, puede leg\u00edtimamente ser nombrado para representar a su congregaci\u00f3n ante tribunales superiores. En caso de ser reelegido para un nuevo per\u00edodo, no se le volver\u00e1 a ordenar, sino que s\u00f3lo ser\u00e1 reinstalado para continuar su actividad en el oficio (Forma de Gob., cap. XIII, sec. 8).<\/p>\n<p>Como se ve, hasta aqu\u00ed no tenemos m\u00e1s que un mero mecanismo para la elecci\u00f3n, pero ahora vamos a considerar puntos de vital importancia, puntos tan delicados que merecen toda nuestra atenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>II. El momento de la elecci\u00f3n es un momento muy cr\u00edtico.<\/strong> En toda la vida de una congregaci\u00f3n no hay un momento m\u00e1s cr\u00edtico que aquel en que elige sus ancianos gobernantes y t\u00e9ngase bien presente que lo es en alto grado no tan s\u00f3lo para la congregaci\u00f3n particular, sino tambi\u00e9n para la Iglesia en general. Si una equivocaci\u00f3n en la elecci\u00f3n de un di\u00e1cono, cuyo campo de acci\u00f3n es sumamente limitado en comparaci\u00f3n con el del anciano, puede acarrear muchos males a la obra \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s en el caso de un anciano, cuya esfera de acci\u00f3n es tan grande y de tanta importancia? En verdad, la elecci\u00f3n de un solo anciano puede iniciar per\u00edodos important\u00edsimos en la marcha de la obra, provocando grandes cambios favorables o nocivos.<\/p>\n<p>Una mala elecci\u00f3n puede ser comienzo de un movimiento de disgregaci\u00f3n y decadencia tales que se necesitan a\u00f1os y a\u00fan d\u00e9cadas de grandes esfuerzos para que la congregaci\u00f3n logre reponerse de las fuerzas perdidas por el ministerio defectuoso de un solo anciano \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s si hay varios elegidos en la misma condici\u00f3n! Un simple error en este momento cr\u00edtico puede ser el origen de una serie de dificultades de las cuales jam\u00e1s se pueda reponer la congregaci\u00f3n y que a la larga determinen la disoluci\u00f3n de la iglesia local. Si con ojo penetrante pudi\u00e9semos determinar exactamente las causas de la disoluci\u00f3n de muchas iglesias, no ser\u00eda raro descubrir el origen de ello en este momento cr\u00edtico, tal vez en la casi totalidad de los casos.<\/p>\n<p>El caso m\u00e1s benigno de los males que resultan de una equivocaci\u00f3n en la elecci\u00f3n de un anciano es en mayor o menor grado, pero inevitablemente, cierto estancamiento de la obra motivada por una infinidad de causas secundarias resultantes, tales como fricci\u00f3n entre uno y otro anciano o con el pastor o entre grupos de ancianos, etc., etc.<\/p>\n<p>Desgraciadamente todos estos males no son imaginarios, sino una realidad desconcertante. Pero, como no hay estancamiento que no signifique retroceso, tenemos como consecuencia l\u00f3gica y final la decadencia material y espiritual de la obra con su correspondiente s\u00e9quito de desprestigio y desorganizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como ejemplo, citaremos el caso de una elecci\u00f3n equivocada. En una de nuestras iglesias que se hallaba en un per\u00edodo de franca prosperidad se eligi\u00f3 malamente a un anciano y fue ordenado. Alguien sab\u00eda que esta elecci\u00f3n significar\u00eda un golpe para esa iglesia y lo manifest\u00f3 a su pastor, aunque casi nadie se daba cuenta del error. Cuando parec\u00eda que todo marchaba bien, aparecieron a la superficie las dificultades provocadas por el mal car\u00e1cter y la ineptitud de dicho anciano y poco m\u00e1s de dos a\u00f1os despu\u00e9s de su elecci\u00f3n la iglesia sufri\u00f3 una divisi\u00f3n fraccion\u00e1ndose bajo la influencia de ese hombre \u00a1Cu\u00e1nto estancamiento y retroceso vino en poco tiempo, destruyendo el trabajo paciente de varios a\u00f1os!<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas almas perdidas y que nunca se recuperar\u00e1n para el Salvador de ellas! Toda esa p\u00e9rdida fue originada en un instante, en ese momento cr\u00edtico en que la iglesia eleg\u00eda ese hombre como anciano y pensar que si esa congregaci\u00f3n hubiera pensado un poco en lo que estaba haciendo se habr\u00eda evitado esta p\u00e9rdida \u00a1Cu\u00e1n sabio es el consejo de Pablo a Timoteo: \u201cNo impongas de ligero las manos a ninguno\u201d (1a. Tim. 5:22)!<\/p>\n<p>Entonces, como venimos diciendo, la elecci\u00f3n de un anciano es un momento cr\u00edtico que puede significar ya un gran progreso, ya un gran retroceso, para la iglesia particular y la obra en general. Por tanto, si queremos evitar hasta donde nos sea posible estos males, es absolutamente imprescindible que todo votante se d\u00e9 cabal cuenta de la importancia y significaci\u00f3n de su voto y que mire m\u00e1s all\u00e1 del acto que va a realizar, dejando a un lado toda simpat\u00eda y predilecci\u00f3n personales, como asimismo todo apasionamiento.<\/p>\n<p>Se puede decir que cada vez que una congregaci\u00f3n elige oficiales, mayormente cuando se trata de ancianos, recrudece la lucha entre dos tendencias antag\u00f3nicas que pugnan por destruirse: el Esp\u00edritu y la carne; la luz y las tinieblas. Tal vez, en general, los votantes no se dan cuenta de este hecho, pero no por eso deja de ser menos cierto: Hay alguien muy interesado en que fracase la obra de Cristo, Satan\u00e1s, quien pone en juego toda su astucia y sus agentes para lograr el \u00e9xito en su infernal intento. Las armas de combate favoritas de que hecha mano en este momento cr\u00edtico son los apasionamientos, los caprichos, las simpat\u00edas personales, la falta de caridad, la envidia, la ignorancia, la politiquer\u00eda y cosas semejantes. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que es en este momento cr\u00edtico cuando de un modo muy especial debemos aplicarnos las palabras del ap\u00f3stol Pablo a los efesios: \u201cMirad, pues, c\u00f3mo and\u00e9is avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo, porque los d\u00edas son malos. Por tanto, no se\u00e1is imprudentes, sino entendidos de cu\u00e1l sea la voluntad del Se\u00f1or&#8230; Vest\u00edos de toda la armadura de Dios, para que pod\u00e1is estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra se\u00f1ores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que pod\u00e1is resistir en el d\u00eda malo y estar firmes, habiendo acabado todo\u201d (Ef. 5:15-17; 6:11-13).<\/p>\n<p>Bajo las maquinaciones de Satan\u00e1s puede ser que la persona elegida sea muy digna y sin crimen, pero sin aptitudes para desempe\u00f1ar las funciones tan delicadas del oficio. En este caso, el resultado no ser\u00e1 mucho mejor que cuando resulta elegido un individuo sin car\u00e1cter. Por un lado, queda excluida la persona m\u00e1s apta para el oficio, cuya actividad podr\u00eda significar un gran progreso, dejando el lugar a otra que nada har\u00e1, bajo cuyo per\u00edodo, tal vez, quedar\u00e1 todo como cuando asumi\u00f3 el cargo. Entonces decimos que la obra va bien, que marcha regularmente, que no hay dificultades serias que afrontar, pero \u00bfQui\u00e9n puede calcular los progresos, las ganancias, en n\u00famero, en poder, en prestigio, que habr\u00eda obtenido si el otro hubiese sido elegido y no \u00e9ste?<\/p>\n<p>No ha habido p\u00e9rdidas aparentes, pero \u00bfQui\u00e9n puede decir que no las hay? No ha habido p\u00e9rdidas, pero \u00bfCu\u00e1nto se ha dejado de progresar? Adem\u00e1s \u00bfQu\u00e9 resultado bueno se puede esperar de la persona elegida en este caso, por muy buenas que sean sus intenciones, si es llevada a un ministerio al cual no la ha llamado el Esp\u00edritu Santo y que por lo mismo no puede cumplir? Seguramente que su inacci\u00f3n no ser\u00e1 tan perniciosa como la acci\u00f3n de una persona de mal car\u00e1cter y este es el caso m\u00e1s frecuente, pero de todos modos significa un obst\u00e1culo que en mayor o menor escala neutraliza los esfuerzos del pastor y de los dem\u00e1s ancianos. El que escribe estas l\u00edneas iba viajando cierto d\u00eda de Valpara\u00edso a Santiago. Al salir el tren de la estaci\u00f3n de Llay-Llay fue avanzando lentamente despu\u00e9s de haberse detenido largo rato. As\u00ed avanzando a trechos y deteni\u00e9ndose, lleg\u00f3 hasta la entrada de uno de los t\u00faneles que se hallan entre Llay-Llay y Montenegro, donde se detuvo hasta cerca de las ocho de la noche. No hab\u00eda all\u00ed ning\u00fan enemigo intencionado que amenazara, si el tren intentaba pasar, pero en la boca opuesta del t\u00fanel hab\u00eda un derrumbe; no amenazaba, no avanzaba, ni retroced\u00eda; all\u00ed estaba el pe\u00f1asco, inerte, inm\u00f3vil; he ah\u00ed un obst\u00e1culo que deten\u00eda la marcha del tren. Este estaba en excelentes condiciones, provisto de su potente locomotora el\u00e9ctrica, capaz de salvar veloz las distancias, pero todo estaba detenido a causa de ese pe\u00f1asco inm\u00f3vil, sufriendo todos nosotros el atraso con el consiguiente disgusto. Pues bien, la presencia de un anciano como el que nos ocupa en un Consistorio act\u00faa exactamente como un pe\u00f1asco inm\u00f3vil sobre una v\u00eda f\u00e9rrea, obstaculizando la marcha y el progreso de la obra, cu\u00e1nto m\u00e1s si hay varios de la misma \u00edndole. De consiguiente:<\/p>\n<p><strong>III.- La elecci\u00f3n debe hacerse con sumo cuidado.<\/strong> La naturaleza de este momento y del acto que se va a llevar a cabo debe determinar la delicadeza y las precauciones correspondientes. Es, por tanto, un deber de los ancianos, sin considerar el del pastor, el de prevenir a la congregaci\u00f3n contra las maquinaciones de Satan\u00e1s o de cualquier error.<\/p>\n<p>Antes de proceder a la elecci\u00f3n debe haber un estudio muy prolijo y concienzudo acerca de los candidatos. Debe prestarse particular atenci\u00f3n a las cualidades personales. La cualidad esencial y de absoluta necesidad es una vida y experiencia profundamente cristianas. Si se diese el caso de que en una congregaci\u00f3n grande no hubiese m\u00e1s que un solo var\u00f3n con esta cualidad, ser\u00eda mejor que su Consistorio constara de ese solo hombre como anciano, antes que cinco o seis que tuviesen muchos dotes intelectuales, sin esta cualidad esencial. El candidato podr\u00e1 tener a su favor muchas cualidades deseables, pero si carece de esta esencial, no podr\u00e1 contar con la aprobaci\u00f3n divina. En este caso, lo m\u00e1s factible ser\u00e1 que en vez de usar sus aptitudes secundarias en beneficio de la iglesia las use en su detrimento. De todas maneras, aun cuando no se vean otras cualidades de orden secundario en los primeros, ser\u00e1n preferibles a los segundos, que carecen de esta cualidad primordial. Seguramente, si no hay otros, que el Esp\u00edritu Santo los usar\u00e1 despertando en ellos alg\u00fan don, que redundar\u00e1 en la edificaci\u00f3n de la iglesia, pues, con frecuencia ocurre en estos casos que bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo se desarrollan en ellos aptitudes que ni siquiera sospechaba el mismo candidato. Es que estaban all\u00ed en estado latente, esperando tan s\u00f3lo la oportunidad para manifestarse. Por lo que toca a otras cualidades, deben buscarse seg\u00fan las diversas necesidades de la congregaci\u00f3n. En 1a. Cor. 12:28 se encuentra una lista de cualidades. A fin de formar un concepto cabal acerca de lo que venimos exponiendo, aconsejamos leer con esp\u00edritu de oraci\u00f3n el contexto del pasaje citado: 1a. Cor. 12:29-13:13.<\/p>\n<p>En cuanto al cuidado en la elecci\u00f3n, una de nuestras iglesias acostumbra anunciar hasta con un mes de anticipaci\u00f3n la fecha en que se va a reunir la iglesia en asamblea congregacional para elegir ancianos; en este lapso de tiempo los miembros presentan por escrito el nombre de su candidato, juntamente con el del proponente, al Consistorio, quien estudia detenidamente las cualidades personales del candidato y en caso de hallar defectos serios en su vida y car\u00e1cter, da los pasos necesarios con el proponente a fin de que retire su candidato. En el caso de que sea aceptable, inscribe su nombre en la lista de candidatos, que se coloca en un lugar visible, para que la congregaci\u00f3n se imponga de ella. Dicha lista permanece expuesta al p\u00fablico hasta el d\u00eda de la elecci\u00f3n, no acept\u00e1ndose ning\u00fan candidato a \u00faltima hora. Creemos que este procedimiento es bastante juicioso y no tememos recomendarlo a otras iglesias. Con todo, no est\u00e1 dem\u00e1s prevenir que al estudiar el car\u00e1cter de los candidatos, el Consistorio debe proceder con mucha delicadeza, tino, imparcialidad, amor y esp\u00edritu de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, es indispensable que antes de la elecci\u00f3n se d\u00e9 tiempo al candidato para que se entere de la Constituci\u00f3n de nuestra iglesia, si antes no la conoc\u00eda y que estudie este folleto, a fin de que no acepte con ligereza algo que no conoce. No est\u00e1 dem\u00e1s hacer presente aqu\u00ed que ning\u00fan ministro debe proceder a ordenar o instalar oficiales que no conocen la Constituci\u00f3n o no tienen capacidad suficiente para comprenderla, porque es rid\u00edculo, especialmente trat\u00e1ndose de ancianos, ordenar una persona para gobernar algo que no conoce ni entiende como hacerlo. Recordaremos a este respecto el consejo que Pablo dio al joven Timoteo: \u201cNo impongas de ligero las manos a ninguno\u201d (1a. Tim. 5:22).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, al llegar el momento de la elecci\u00f3n ser\u00e1 muy atinado y provechoso que alguien hable acerca de las necesidades m\u00e1s sentidas en la congregaci\u00f3n y relacionadas con el oficio de anciano respecto a sus actividades o que se d\u00e9 lugar a que la iglesia exponga sus aspiraciones y apreciaciones. Esto indicar\u00e1 de una manera bien definida las actividades que habr\u00e1 de desempe\u00f1ar el anciano elegido, le har\u00e1 comprender que su ministerio no se va a limitar tan s\u00f3lo a tomar un asiento en el Consistorio con el \u00fanico fin de emitir opiniones y dar su voto, dictando \u00f3rdenes. Sabr\u00e1 con ello que su ministerio requiere trabajo y actividad de su parte, como asimismo mucha abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>IV.- El gran factor de una elecci\u00f3n acertada.<\/strong> A pesar de todo lo dicho y por m\u00e1s cuidado que se tenga en la elecci\u00f3n, siempre estamos expuestos a equivocarnos, porque las maquinaciones de Satan\u00e1s son tan sutiles, que apenas las percibimos, estando bien listos para ello. Hay un solo factor que puede eliminar infaliblemente las equivocaciones, es la presencia y voto del Esp\u00edritu Santo, nada menos que eso. Si la congregaci\u00f3n carece de El o vive en condiciones que le apagan o contristan (v\u00e9ase 1a. Tes. 5:19; Ef. 4:30; 2a. Tim. 1:1), es evidente que no se manifestar\u00e1 en la elecci\u00f3n y el candidato elegido podr\u00e1 resultar un mal. De aqu\u00ed, por tanto, la imperiosa necesidad de que toda elecci\u00f3n sea preparada con esp\u00edritu de oraci\u00f3n. Debe haber una verdadera concentraci\u00f3n en la oraci\u00f3n. En nuestra \u00e9poca tan dif\u00edcil y de tantas decepciones, debemos volver a la pr\u00e1ctica primitiva, preparando la elecci\u00f3n con oraci\u00f3n y ayuno. El acto que se va a realizar es tan delicado y tan importante para la obra que no merece menos. Vale la pena observar c\u00f3mo la iglesia primitiva practicaba la oraci\u00f3n en estos casos; n\u00f3tese al efecto c\u00f3mo, en circunstancias que los profetas de la iglesia de Antioqu\u00eda estaban \u201cministrando pues \u00e9stos al Se\u00f1or y ayunando, dijo el Esp\u00edritu Santo: apartadme a Bernab\u00e9 y a Saulo para la obra para la cual los he llamado. Entonces habiendo ayunado y orado y puesto las manos encima de ellos, despidi\u00e9ronlos\u201d (Hechos 13:2,3). Como se ve, esa iglesia hab\u00eda honrado al Esp\u00edritu Santo y el Esp\u00edritu Santo a su vez la honr\u00f3 a ella, convirti\u00e9ndola en la cuna de las misiones, dot\u00e1ndola adem\u00e1s con el m\u00e1s brillante de los misioneros. No es menos digno de notarse c\u00f3mo Pablo, volviendo por las iglesias que hab\u00eda fundado, les constituy\u00f3 en cada una de ellas ancianos, despu\u00e9s de haber orado y ayunado (Hechos 14:23).<\/p>\n<p><strong>NOTA: <\/strong>En versiones espa\u00f1olas este pasaje parece tener el sentido de que la oraci\u00f3n y el ayuno fueron despu\u00e9s de constituir ancianos, pero no ocurre as\u00ed en otras versiones, como por ejemplo, la de Ostervald, donde se lee textualmente: \u201cY despu\u00e9s de haber orado y ayunado, les constituyeron ancianos\u201d.<\/p>\n<p>Vemos, pues, que la iglesia primitiva rindi\u00f3 honor al Esp\u00edritu Santo, dej\u00e1ndose manifestar su voluntad. Este hecho es muy notable en la carta que el Concilio de Jerusalem envi\u00f3 a la iglesia de Antioqu\u00eda, en que se expresa como sigue: \u201cQue ha parecido bien al Esp\u00edritu Santo y a nosotros\u201d (Hechos 15:28) \u00bfPueden decir otro tanto nuestras iglesias? Despu\u00e9s de efectuada una elecci\u00f3n \u00bfSe puede afirmar que ha parecido bien al Esp\u00edritu Santo y a nosotros elegir tal persona para el oficio de anciano? \u00bfEs posible afirmar que el Esp\u00edritu Santo haya dicho: \u201capartadme a tal persona para el oficio para el cual le he llamado\u201d? Nada menos que esto es necesario, si queremos vernos libres de equivocaciones dolorosas. Esto es perfectamente posible con tal de que la iglesia viva muy cerca de Dios y cada miembro ejerza sinceramente la piedad y el esp\u00edritu de oraci\u00f3n, dedic\u00e1ndose al servicio de Dios conforme lo indica el ap\u00f3stol Pablo en Rom. 6:11-13.<\/p>\n<p>Tal vez la iglesia primitiva aprendi\u00f3 esta lecci\u00f3n en los d\u00edas antes de Pentecost\u00e9s con la equivocaci\u00f3n que hicieron los ciento veinte en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas, para tomar el puesto de Judas. Examinemos este caso y s\u00edrvanos de lecci\u00f3n provechosa: Se halla narrado en Hechos 1. Se nos dice all\u00ed que antes que descendiese el Esp\u00edritu Santo, Pedro propuso a los disc\u00edpulos que de los ciento veinte presentes se eligiese a uno que reemplazase a Judas. Luego se\u00f1alaron a dos: a Jos\u00e9, llamado Barsabas, y a Mat\u00edas. En seguida oraron al Se\u00f1or, para que eligiese entre los dos y echada suerte, \u00e9sta cay\u00f3 sobre Mat\u00edas, el cual fue contado desde ntonces entre los once ap\u00f3stoles. Pues bien, si no hubieran se\u00f1alado a los dos antes de orar y echar suerte sobre ellos \u00bfA cu\u00e1l de los dos habr\u00eda escogido el Se\u00f1or? Seguramente a ninguno de ellos, ni a\u00fan entre los ciento veinte, porque su plan era otro, sus ojos estaban puestos en Saulo de Tarso. En verdad, el acto de se\u00f1alar a dos era encerrar al Se\u00f1or en un c\u00edrculo muy estrecho y forzar su voluntad, subordin\u00e1ndola al parecer de los reunidos. Dem\u00e1s est\u00e1 decir que el Se\u00f1or no se presta a semejantes juegos. Inevitablemente la suerte ten\u00eda que caer sobre uno de los dos, pero de ninguna manera pod\u00eda significar la voluntad del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Si observamos m\u00e1s de cerca este asunto es f\u00e1cil darse cuenta de que Mat\u00edas no fue elegido por el Se\u00f1or. He aqu\u00ed la demostraci\u00f3n:<\/p>\n<p>1. No se le ve figurar en el resto de los Hechos;<\/p>\n<p>2. No hay duda alguna de que Pablo fue escogido de Cristo para ser ap\u00f3stol y por tanto reemplazante de Judas (1a. Tim. 1:1; Col. 1:1; G\u00e1l. 1:1; 1a. Cor. 1:1); y<\/p>\n<p>3. Hasta el fin del Nuevo Testamento s\u00f3lo se mencionan doce ap\u00f3stoles. Por ejemplo, en Apoc. 21:14 se alude a ellos en esta forma: \u201cLos doce nombres de los doce ap\u00f3stoles\u201d.<\/p>\n<p>Si Mat\u00edas fue realmente elegido de Cristo y m\u00e1s tarde lo fue tambi\u00e9n Pablo, ya no se pod\u00eda decir \u201clos doce\u201d, sino los trece ap\u00f3stoles, sin embargo, el Esp\u00edritu Santo s\u00f3lo cuenta doce. Eso es bien claro, ya que el pasaje citado dice: \u201cLos\u201d, usando el art\u00edculo definido, por lo cual se ve que el Esp\u00edritu de Dios cont\u00f3 s\u00f3lo doce y no trece, excluy\u00e9ndose, por tanto, a Mat\u00edas. No dudo de que no faltar\u00e1 quien objete este argumento, diciendo que no se puede probar que el Esp\u00edritu Santo haya inspirado el Apocalipsis palabra por palabra. Pero ni a\u00fan as\u00ed se desvanece este argumento, d\u00e1ndole por el contrario mayor fuerza, puesto que en tal caso la expresi\u00f3n \u201clos\u201d empleada por Juan indicar\u00eda que los mismos ap\u00f3stoles reconocieron haberse equivocado en la elecci\u00f3n de Mat\u00edas, ya que todos reconoc\u00edan a Pablo como ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>Entre los ancianos gobernantes de nuestras iglesias \u00bfCu\u00e1ntos son elegidos con el voto del Esp\u00edritu Santo? Si el Se\u00f1or se pronunciase como en el caso de Mat\u00edas \u00bfCu\u00e1ntos ancianos quedar\u00edan excluidos del oficio? He aqu\u00ed un asunto digno de ser meditado seria y concienzudamente. Por tanto, insistimos con todo el \u00e9nfasis que podemos en que una elecci\u00f3n de anciano gobernante quedar\u00e1 libre de toda equivocaci\u00f3n s\u00f3lo cuando en ella haya participado el Esp\u00edritu Santo con su presencia y su voto. En caso contrario, habr\u00e1 m\u00e1s probabilidad de fracaso y el anciano elegido ser\u00e1 in\u00fatil para los fines que se eligi\u00f3 y acaso, peor a\u00fan, su ministerio podr\u00e1 resultar pernicioso para \u00e9l mismo y para la obra.<\/p>\n<h3>CAPITULO V<\/h3>\n<h4>Los votos del anciano gobernante<\/h4>\n<p>Cuando una persona es elegida para el oficio de anciano gobernante, no pasa inmediatamente a desempe\u00f1ar las funciones del oficio, sino que primero ha de ser ordenado para el oficio e instalado luego para su desempe\u00f1o, pero esta ordenaci\u00f3n e instalaci\u00f3n no se efect\u00faan sin que antes responda afirmativamente a las cinco preguntas que vamos a transcribir, copi\u00e1ndolas de la Constituci\u00f3n. Esos son los votos, compromisos que contrae el candidato elegido al aceptar el oficio. Junto con la transcripci\u00f3n haremos algunas observaciones sobre cada uno de ellos:<\/p>\n<p>1.\u00bf Cre\u00e9is que las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, la \u00fanica regla infalible de fe y pr\u00e1ctica?<\/p>\n<p>Seg\u00fan este voto, el anciano se compromete y se obliga tanto a obedecer todo cuanto le ense\u00f1an las Escrituras, como asimismo a aconsejarlo as\u00ed a aquellos a quienes va a gobernar y representar. El incumplimiento de este voto significar\u00eda caer en la inconsecuencia y m\u00e1s a\u00fan, resultar\u00eda ser un impostor.<\/p>\n<p>2. \u00bfRecib\u00eds y adopt\u00e1is sinceramente la confesi\u00f3n de fe de esta iglesia como que contiene el sistema de doctrina ense\u00f1ada en las Escrituras?<\/p>\n<p>3.\u00a0 \u00bfAprob\u00e1is el gobierno y disciplina de la Iglesia Presbiteriana?<\/p>\n<p>El anciano no debe ni puede hacer estos dos votos respondiendo afirmativamente sin conocer la confesi\u00f3n de fe y la Constituci\u00f3n de la Iglesia. Si as\u00ed lo hace ser\u00e1 imprudencia, temeridad, e incalificable ligereza de su parte, por cuanto aprobar\u00eda aquello que no conoce.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, la mayor parte de los ancianos cometen este absurdo, haciendo estos votos sin conocer la confesi\u00f3n de fe y la Constituci\u00f3n de la Iglesia, ni siquiera las estudian o las leen despu\u00e9s. Siendo esto as\u00ed, \u00bfQu\u00e9 bien podr\u00e1 aportar su ministerio? Si este ministerio comienza con un acto de ligereza de esta \u00edndole \u00bfQu\u00e9 se puede esperar de todo el resto? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 apreciar y juzgar una herej\u00eda, si no conoce el credo por el cual va a velar? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 cooperar en mantener el orden, la paz y la pureza de la iglesia, si no conoce ni su Constituci\u00f3n ni su disciplina ni su credo o confesi\u00f3n de fe? \u00bfNos extra\u00f1a si la obra no crece o avanza, ante semejantes inconsecuencias y bajo el gobierno de hombres tan ligeros? Si muchos de nuestros ancianos gobernantes se hubiesen dado cuenta de lo que estaban haciendo al responder \u201cS\u00ed, apruebo\u201d \u00bfHabr\u00edan aceptado el cargo? Pero si no se dieron cuenta de lo que hicieron en su primer acto \u00bfSe podr\u00e1 esperar que sepan lo que har\u00e1n en los dem\u00e1s actos y al intentar cumplir las delicadas funciones de su sagrado ministerio? Un anciano gobernante que no conoce la Constituci\u00f3n y el credo de la iglesia \u00bfQu\u00e9 va a gobernar? \u00a1Es inconcebible! Y por desgracia es un hecho demasiado frecuente. Todo candidato debiera ser examinado por el Consistorio sobre el contenido de la confesi\u00f3n de fe, la Forma de Gobierno, la Disciplina y el Directorio para el culto p\u00fablico, antes de ser admitido siquiera como tal.<\/p>\n<p>4. \u00bfAcept\u00e1is el oficio de anciano gobernante de \u00e9sta congregaci\u00f3n y promet\u00e9is desempe\u00f1ar fielmente todos los deberes que le corresponden?<\/p>\n<p>Aqu\u00ed el anciano se compromete a cumplir varios deberes y no s\u00f3lo uno como cree la generalidad de nuestros ancianos. N\u00f3tese bien esto: \u201ctodos los deberes\u201d \u00bfQu\u00e9 deberes son \u00e9stos? He aqu\u00ed algunos, por v\u00eda de ejemplo:<\/p>\n<p>(a) El gobierno de la Iglesia y la disciplina (Forma de Gob., cap. V);<\/p>\n<p>(b) Velar porque se cumplan las ordenanzas de la iglesia (Forma de Gob., cap. VII);<\/p>\n<p>(c) Visitar a los miembros que descuidan las ordenanzas de la iglesia. \u00bfCu\u00e1nto se ganar\u00eda si cada miembro se preocupara de esto? Por ejemplo, el pastor visita un miembro que descuida las ordenanzas, le aconseja, lee las Escrituras y ora con \u00e9l y por \u00e9l; a veces consigue un mejoramiento, pero muchas veces, no. \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda el resultado si aquel miembro, a m\u00e1s de las visitas del pastor, recibiese la de los ancianos? \u00bfNo reforzar\u00eda esto enormemente la obra del pastor? He aqu\u00ed un deber que no debe descuidar ning\u00fan anciano;<\/p>\n<p>(d) Velar por el orden y reverencia en el culto p\u00fablico. (Directorio para el culto de Dios, cap. II) \u00bfQu\u00e9 hacen los ancianos durante las reuniones de la congregaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Es ciert\u00edsimo que no ser\u00e1 posible estancamiento alguno de la obra, si los ancianos gobernantes toman a pecho sus deberes, para cumplirlos con fidelidad. La obra no avanza, \u00bfQu\u00e9 hacen los ancianos? \u00bfLes preocupa seriamente los problemas de la obra? \u00bfEst\u00e1n en sus puestos cumpliendo el deber? \u201c\u00bfTodos los deberes?\u201d Mejores d\u00edas esperan a la obra cuando todos los ancianos sean id\u00f3neos. Bien poco puede hacer el pastor sin la cooperaci\u00f3n decidida, franca, entusiasta y fiel de los ancianos.<\/p>\n<p>5. \u00bfPromet\u00e9is estudiar para mantener la paz, unidad y pureza de la iglesia?<\/p>\n<p>Seg\u00fan este \u00faltimo voto, el anciano ha de preocuparse concienzudamente de tres fases de la obra, a saber: de la unidad, de la paz y de la pureza.<br \/>\nEntonces, hace voto por ser un pacificador, de vivir santamente y en comuni\u00f3n \u00edntima con sus hermanos. Es realmente indigno de un anciano procurar aplicar la disciplina tan s\u00f3lo para excluir de la comuni\u00f3n a alg\u00fan miembro, esto es, en otras palabras, para tener la unidad. Es igualmente indigno que sea de un car\u00e1cter altivo o pronto a enfadarse por cualquier insignificancia. Lo ser\u00e1 tambi\u00e9n si su vida no es pura y digna de absoluta confianza. Si en su vida hay tales defectos que le impidan estimular y promover la paz, la pureza y la unidad de la iglesia, es mejor para \u00e9sta, como tambi\u00e9n para \u00e9l, que cuanto antes renuncie a su cargo. No. La vida del anciano, sus actos y sus intenciones, al aplicar la disciplina, sus actividades y esfuerzos como obrero del Se\u00f1or y todo su ser, como una propiedad de Cristo (1a. Cor. 6:19,20), deben tender hacia estas tres fases: la paz, la unidad y la pureza de la iglesia que representa y gobierna, procurando d\u00eda a d\u00eda que su actuar lleve el sello de la aprobaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Quiera nuestro Dios que estas l\u00edneas sirvan para despertar la lealtad de nuestros ancianos a sus votos, como asimismo un vivo inter\u00e9s en el progreso de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<h3>CAPITULO VI<\/h3>\n<h4>Las responsabilidades del anciano gobernante<\/h4>\n<p>El t\u00edtulo mismo de \u201canciano gobernante\u201d define claramente sus funciones, deberes y responsabilidades: Primero, es \u201canciano\u201d, esta idea, copiada de la sinagoga de los jud\u00edos, indica el m\u00e1s experimentado de la congregaci\u00f3n, por tanto aquel a quien se le va a consultar o pedir consejos; desde luego debe tener m\u00e1s experiencia que el resto de los miembros de la iglesia y su vida debe ser la mejor. Es tambi\u00e9n \u201cgobernante\u201d. Designa esto a quien la iglesia ha delegado su autoridad para gobernarla. Adem\u00e1s, la consideraci\u00f3n del cap\u00edtulo IX del Libro de Disciplina, secci\u00f3n 1, p\u00e1rrafo 72, bajo el t\u00edtulo \u201cAutorizaci\u00f3n o revisi\u00f3n general\u201d, en que dice: \u201cTodos los procedimientos de la iglesia ser\u00e1n notificados al Consistorio y revisados por \u00e9ste\u201d, pone muy en claro sus funciones y grandes responsabilidades que, por lo tanto, pesan sobre los ancianos que en compa\u00f1\u00eda del ministro lo componen, responsabilidades que vamos a delinear:<\/p>\n<p>1. Como el anciano gobernante est\u00e1 asociado con el ministro, con quien ejerce juntamente el gobierno y la disciplina de la iglesia, es natural que debe ser su compa\u00f1ero y confidente, debe orar por \u00e9l y con \u00e9l. En el desempe\u00f1o de su deber, puede suceder que el pastor caiga en alg\u00fan error o equivocaci\u00f3n, puesto que no es infalible; tambi\u00e9n algunos detalles podr\u00edan escap\u00e1rsele, pasando desapercibidos, especialmente cuando reci\u00e9n se hace cargo de una congregaci\u00f3n. En tales casos, el anciano que ha notado el detalle o que prev\u00e9 la equivocaci\u00f3n debe estar listo para orientar al pastor, quien debe encontrar un confidente y consejero seguro y fiel en cada anciano. Por otra parte, el anciano debe estar capacitado para considerar y apreciar en su justo valor las observaciones del pastor, como asimismo sus puntos de vista, pero no por esto debe descansar en la opini\u00f3n de \u00e9ste para formar su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Ambos lados han de considerarse, a fin de aquilatar las opiniones y llegar a las decisiones m\u00e1s sabias y provechosas para el pueblo de Dios. Un simple falso concepto de s\u00ed mismo y de sus funciones por parte del anciano podr\u00eda modificar y hasta anular esta importante relaci\u00f3n con el pastor acarreando como consecuencia el trastorno y retroceso de la obra.<\/p>\n<p>Por ejemplo: cuando la iglesia paga el sost\u00e9n de su pastor, es muy f\u00e1cil que los ancianos lleguen a caer en el error de considerar al pastor como un empleado con meras relaciones comerciales, olvid\u00e1ndose de que el ministro ejerce un cargo. Es imposible calcular las consecuencias de este solo hecho, aqu\u00ed nos concretaremos a manifestar que lejos de ser provechosas, ser\u00e1n muy perjudiciales a la obra.<\/p>\n<p>2. El anciano es responsable de la recepci\u00f3n de miembros. La falta de mayor progreso de la obra encuentra una de sus principales causas en este cap\u00edtulo. Si se examina los registros de miembros comulgantes, se notar\u00e1 que m\u00e1s o menos un 35%, termino medio, es borrado de la lista por actos disciplinarios. Es f\u00e1cil darse cuenta de que este elevado porcentaje significa forzosamente un estancamiento de la obra, ya que envuelve un incalculable n\u00famero de decepciones, desalientos, esc\u00e1ndalos y desprestigios causados por la vida inconsecuente de semejantes miembros. \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 capaz de calcular en su justo valor el alcance de estas p\u00e9rdidas? Es f\u00e1cil comprender que este elevado porcentaje puede ser considerablemente disminuido, si se tiene un escrupuloso cuidado en la recepci\u00f3n de miembros. \u00bfQui\u00e9n velar\u00e1 en este sentido, sino el anciano? Por tanto, este ha de ser muy celoso al dar su voto para recibir una persona a la comuni\u00f3n de la iglesia, que se desentienda de los n\u00fameros prefijados como blancos propuestos por comisiones y que considere no tanto los conocimiento mec\u00e1nicos y superficiales del candidato, adquiridos en la clase de catec\u00famenos, como, y muy especialmente, su experiencia y vida cristiana, su consagraci\u00f3n a Cristo, su abnegaci\u00f3n y fidelidad, su piedad y buen testimonio de la iglesia en su favor, en una palabra, el anciano no debe contentarse con creer que el candidato es una buena persona, sino que a ciencia cierta debe saber: si es un asistente regular a los cultos; si contribuye seg\u00fan sus recursos y con desprendimiento al sost\u00e9n de la iglesia; si es un verdadero convertido; si lee con cari\u00f1o las Escrituras y ora diariamente; si procura traer a otros a Cristo y se esfuerza por conseguirlo; si su vida es digna del evangelio que profesa de palabra, etc., etc.<\/p>\n<p>3. El anciano debe tener mucho cuidado de la congregaci\u00f3n en que el Esp\u00edritu Santo le ha puesto por obispo, estando listo para corregir con amor y mansedumbre las faltas de sus hermanos, para exhortar y animarles en el desaliento, para consolarles. Para ello, tiene necesariamente que conocer la congregaci\u00f3n, visitando a sus miembros.<\/p>\n<p>Debe estar listo para prevenir y rechazar cualquier error de doctrina o pecado que pretenda introducirse en la congregaci\u00f3n, ya por personas extra\u00f1as o de los adherentes o miembros y a\u00fan por el pastor mismo (v\u00e9ase Hechos 20:17-28; G\u00e1l. 1:8,9). En todo este cuidado ha de dominarle el triple anhelo de conservar la paz, la unidad y la pureza de la iglesia.<\/p>\n<p>4. Una responsabilidad muy grande y seria recae sobre el anciano cuando se sienta a deliberar en el Consistorio. No puede despreciar su propio parecer ni considerarse \u00e9l mismo de poco valor, votando como un aut\u00f3mata, pero tampoco debe ser voluntarioso y obstinado, rechazando la opini\u00f3n de la mayor\u00eda, lo cual es anti-presbiteriano. Su opini\u00f3n es de absoluta necesidad en cada caso, la ha de emitir con entera independencia y franqueza, saturadas de amor fraternal y de fe. Jam\u00e1s debe usar evasivas, acomodos obscuros y subterr\u00e1neos o esa politiquer\u00eda vil y malsana, que tanto da\u00f1a y pervierte a los gobiernos del mundo. Sus proposiciones y votos en los actos disciplinarios siempre ser\u00e1n emitidos con sinceridad y franqueza absolutas y con firmeza en contra de la herej\u00eda o pecado, pero nunca desprovistos de caridad, de mansedumbre y de simpat\u00eda para con el ofensor, ni tampoco los emitir\u00e1 con el mero objeto de separar y alejar al ofensor, sino para corregir, para curar y suprimir la ofensa salvando, si es posible, al ofensor.<\/p>\n<p>Daremos fin a este cap\u00edtulo, insinuando al anciano haga suyo este pensamiento: Debo saber que no soy un se\u00f1or en la casa y familia de mi Dios, sino un mayordomo y que tarde o temprano tendr\u00e9 que presentarme ante el tribunal de Cristo, para rendir cuentas de mi mayordom\u00eda respecto a todos mis actos, funciones, pensamientos, m\u00e9todos y votos (l\u00e9ase Rom. 14:10,11; Ecc. 12:13,14).<\/p>\n<h3>CAPITULO VII<\/h3>\n<h4>Lo que la Biblia ense\u00f1a respecto al anciano gobernante<\/h4>\n<p>Basta leer el ep\u00edgrafe de este cap\u00edtulo para comprender inmediatamente la trascendental importancia de su contenido. Aqu\u00ed habla el Se\u00f1or, no el hombre. Dej\u00e9mosle hablar y pensemos en lo que nos dice:<\/p>\n<p>1. \u201cPalabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena cosa desea\u201d (1a. Tim. 3:1).<\/p>\n<p>\u00bfEs l\u00edcito aspirar a este sagrado oficio? S\u00ed, lo es. Pero en todo caso, es necesario que el aspirante se examine a s\u00ed mismo cuidadosamente y averig\u00fce seria y sinceramente:<\/p>\n<p>(a) Si re\u00fane en s\u00ed mismo las condiciones estipuladas en la Palabra de Dios y que mostraremos m\u00e1s adelante;<\/p>\n<p>(b) Si esta aspiraci\u00f3n suya viene de una profunda convicci\u00f3n de que ser\u00e1 \u00fatil en el oficio, nacida del deseo de servir a Cristo y del sentimiento de necesidad de este servicio o si es una aspiraci\u00f3n vaga, hija del mero capricho o de un inflado sentimiento de orgullo y superioridad sobre los dem\u00e1s. Todo aspirante debe aplicarse rigurosamente este pensamiento del ap\u00f3stol Juan: \u201cNo cre\u00e1is a todo esp\u00edritu, sino probad los esp\u00edritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo\u201d (1a. Juan 4:1).<\/p>\n<p>Si esta aspiraci\u00f3n viene de Dios, del ardiente anhelo de servir y ser \u00fatil en la obra de Cristo, el aspirante no puede contentarse con tener la mera aspiraci\u00f3n, sino que esta misma debe ser el motivo para que desde luego estudie y se prepare para ser un anciano id\u00f3neo en caso de llegar a serlo. En tales circunstancias, esa aspiraci\u00f3n puede ser la primera indicaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo a fin de que la persona se prepare y est\u00e9 lista para el momento oportuno.<\/p>\n<p>2. \u201cNo un ne\u00f3fito, porque infl\u00e1ndose no caiga en juicio del diablo\u201d (1a. Tim. 3:6).<\/p>\n<p>Para desempe\u00f1ar tan alto y honroso cargo conviene que el anciano no sea un ne\u00f3fito, esto es, un reci\u00e9n convertido.<\/p>\n<p>Habr\u00eda sido muy dif\u00edcil excluir de los oficios a los reci\u00e9n convertidos, al fundarse las primeras iglesias. Pero las congregaciones que aqu\u00ed tiene en vista Pablo ya ten\u00edan varios a\u00f1os de existencia y \u00e9l quer\u00eda que los primeros ancianos, que hab\u00edan sido instruidos por los ap\u00f3stoles, al fallecer, fuesen reemplazados por hombres probados y que las congregaciones que se formaban recibiesen conductores semejantes. \u00a1Qu\u00e9 sabidur\u00eda en este consejo! Esta prescripci\u00f3n apost\u00f3lica es particularmente indispensable en los tiempos actuales.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n dec\u00eda Calvino: \u201cLos nuevos convertidos deben ser alejados del episcopado, por tener muchos de ellos un ardor temerario y ser hinchados de una loca confianza en s\u00ed mismos, como si pudiesen volar sobre las nubes. Debe dej\u00e1rseles hasta que hayan descendido de la altura de su esp\u00edritu\u201d.<\/p>\n<p>3. \u201cEs menester que el obispo sea retenedor de la fiel palabra que es conforme a la doctrina; para que tambi\u00e9n pueda exhortar con sana doctrina y convencer a los que contradijeren. Porque hay a\u00fan muchos contumaces, habladores de vanidades y enga\u00f1adores de las almas&#8230; A los cuales es preciso tapar la boca\u201d (Tito 1:7,9-11).<\/p>\n<p>El anciano debe tener la suficiente capacidad de retener en s\u00ed \u201cla fiel palabra de Dios\u201d a fin de que pueda:<\/p>\n<p>(a) Apreciar debidamente el error y la herej\u00eda cuando se introducen en la iglesia;<\/p>\n<p>(b) Tapar la boca de los contradictores y contumaces con verdadera ciencia y sabidur\u00eda de Dios, convenci\u00e9ndoles del error; y<\/p>\n<p>(c) Exhortar en la sana doctrina a los creyentes. Esto exige del anciano la debida instrucci\u00f3n y el talento de comunicarla a otros.<\/p>\n<p>4.\u201cConviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer&#8230; Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeci\u00f3n con toda honestidad, porque el que no sabe gobernar su casa \u00bfC\u00f3mo cuidar\u00e1 de la iglesia de Dios?\u201d (1a. Tim. 3:2,4,5). \u201cPorque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios, marido de una mujer, que tenga hijos fieles, que no est\u00e9n acusados de disoluci\u00f3n, o contumaces\u201d (Tito 1:7,6).<\/p>\n<p>Este precepto es de alta importancia. La primera idea va dirigida contra la poligamia, admitida entre los paganos y hasta en algunos jud\u00edos de aquella \u00e9poca. Condena tambi\u00e9n el divorcio seguido de un segundo matrimonio, viviendo a\u00fan la repudiada y, en general, todas las relaciones ileg\u00edtimas (v\u00e9ase Mat. 5:27-32). La segunda est\u00e1 relacionada con el hogar: este debe ser gobernado con acierto, teniendo los hijos en sujeci\u00f3n, con toda honestidad. A menudo es m\u00e1s f\u00e1cil a un pastor o a un anciano gobernar una iglesia que su propia casa, donde la vista diaria de sus propios defectos sorprende a los que le rodean y los escandaliza aminor\u00e1ndose su influencia. De aqu\u00ed que el que gobierna bien su casa lo har\u00e1 mejor en la iglesia; su casa es una buena prueba. Aqu\u00ed se puede aplicar el precepto de Jes\u00fas: \u201cEl que es fiel en lo muy poco, tambi\u00e9n en lo m\u00e1s es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, tambi\u00e9n en lo m\u00e1s es injusto\u201d (Lucas 16:10). En este caso la aparente fidelidad en los deberes de la iglesia m\u00e1s viene de un celo carnal y del deseo de agradar a los hombres que del amor a Dios y a nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Ocurre tambi\u00e9n con frecuencia que debido a dar todos sus cuidados, su tiempo y sus fuerzas a las cosas de afuera, se descuida las de dentro y se destruye as\u00ed con una mano el bien que se quiere hacer con la otra.<\/p>\n<p>5.\u201cTambi\u00e9n conviene que tenga buen testimonio de los extra\u00f1os, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo\u201d (1a. Tim. 3:7).<\/p>\n<p>El anciano debe gozar de buena fama, de un testimonio favorable de los de afuera o sea de los extra\u00f1os a la iglesia. Al ver su vida y comportamiento deben estar obligados a ello, de lo contrario el oprobio de su comportamiento recaer\u00eda sobre su ministerio, sobre el evangelio y sobre el pueblo de Dios y ser\u00eda para \u00e9l mismo en muchas fases un lazo del diablo que podr\u00eda acarrear su ruina moral. Pero, si necesita el buen testimonio de los extra\u00f1os, mayormente lo necesita de los de dentro (v\u00e9ase Hechos 6:3).<\/p>\n<p>6.\u00a0 El esp\u00edritu dominante en el anciano fiel:<\/p>\n<p>\u201cRuego a los ancianos que est\u00e1n entre vosotros, yo anciano tambi\u00e9n con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy tambi\u00e9n participante de la gloria que ha de ser revelada: Apacentad la grey de Dios que est\u00e1 entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un \u00e1nimo pronto; y no como teniendo se\u00f1or\u00edo sobre las heredades del Se\u00f1or, sino siendo dechados de la grey. Y cuando apareciere el Pr\u00edncipe de los pastores, vosotros recibir\u00e9is la corona incorruptible de gloria\u201d (1a. Pedro 5:1-4).<\/p>\n<p>7.\u00a0 C\u00f3mo ha de velar el anciano sobre la grey:<\/p>\n<p>\u201cY enviando desde Mileto a Efeso, (Pablo) hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Y cuando vinieron a \u00e9l, les dijo: Mirad por vosotros y por todo el reba\u00f1o en que el Esp\u00edritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Se\u00f1or, la cual gan\u00f3 por su sangre. Porque yo s\u00e9 que despu\u00e9s de mi partida entrar\u00e1n en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonar\u00e1n el ganado. Y de vosotros mismos se levantar\u00e1n hombres que hablen cosas perversas, para llevar disc\u00edpulos tras s\u00ed. Por tanto, velad, acord\u00e1ndoos que por tres a\u00f1os, de noche y de d\u00eda, no he cesado de amonestar con l\u00e1grimas a cada uno\u201d(Hech. 20:17,18,28-31).<\/p>\n<p>Seg\u00fan este trozo observamos lo siguiente:<\/p>\n<p>(a)El anciano debe velar por s\u00ed mismo, que su vida siempre sea pura;<\/p>\n<p>b) Debe velar, para que no entre el ego\u00edsmo en su coraz\u00f3n y venga as\u00ed a destruir la iglesia que Cristo gan\u00f3 con su sangre, procurando atraer disc\u00edpulos tras s\u00ed mediante el enga\u00f1o, esto es procurando dividir la iglesia, con esp\u00edritu de caudillaje;<\/p>\n<p>(c) Debe velar pensando que Satan\u00e1s puede introducir encubiertamente sus agentes de destrucci\u00f3n en el seno de la iglesia y estar pronto a repeler el peligro;<\/p>\n<p>(d) Debe velar pensando en que cada alma ha costado la sangre preciosa de Cristo y muchos desvelos y oraci\u00f3n por parte de los pastores, para que llegase a ser salva y que con cualquier desliz suyo pueda arruinar en un momento una obra tan costosa; y<\/p>\n<p>(e) Debe velar pensando siempre que \u00e9l es tan s\u00f3lo un mayordomo de la casa de Dios, colocado all\u00ed para que vele por ella y, por tanto, vendr\u00e1 el d\u00eda en que tendr\u00e1 que dar cuentas de su ayordom\u00eda.<\/p>\n<p>8.- La ley del anciano.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de las recomendaciones que ya hemos citado y comentado brevemente, en 1a. Tim. 3:1-7 y Tito 1:6-9 encontramos una serie de recomendaciones formuladas unas un sentido negativo y positivo otras.<\/p>\n<p>Las agruparemos seg\u00fan el sentido en que est\u00e1n formuladas, sin comentario alguno, pero rogando encarecidamente que cada anciano las medite con esp\u00edritu de oraci\u00f3n, pues son un c\u00f3digo de vida y comportamiento. En este c\u00f3digo encontramos:<\/p>\n<p>(a) Lo que no debe ser el anciano. Aqu\u00ed tenemos un s\u00e9ptuplo:<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser amador del vino.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser codicioso de torpes ganancias.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser heridor.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser litigioso.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser soberbio.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser iracundo.<\/p>\n<p>&#8211; No debe ser ne\u00f3fito.<\/p>\n<p>(b) Lo que debe ser el anciano. Este es su dec\u00e1logo:<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser sol\u00edcito.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser templado.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser compuesto.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser hospedador.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser justo.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser santo.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser continente.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser amador de lo bueno.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser retenedor de la fiel palabra.<\/p>\n<p>&#8211; Debe ser apto para ense\u00f1ar.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n l\u00f3gica de todo esto es que debe <strong>ser irreprensible.<\/strong><\/p>\n<p>No daremos fin a este cap\u00edtulo sin unas palabras a las congregaciones. Esta es que un anciano fiel, que gobierna bien, es digno acreedor a la honra de la iglesia. He aqu\u00ed lo que dice el Se\u00f1or:<\/p>\n<p><em>\u201cLos ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y ense\u00f1ar\u201d (1a. Tim. 5:17).<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a9 Iglesia Smirna. 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